Todo cambia, nada permanece imperturbable, y como muestra este blog, que a partir de ya cuenta con más autores
jueves, 8 de abril de 2010
Decepción
lunes, 5 de abril de 2010
El puente del Arco Iris
Acabo de leer una bonita historia en la página web de la Apap de Alcalá, que quisiera compartir con tod@s vosotr@s. He colgado aquí las fotos de dos de mis tres (actualmente cuatro) buenos amigos. El primero es Eric, fallecido recientemente; y la segunda es Chispi (Murió al poquito de irme de casa de mis padres) Faltan Bobi (no tengo fotos en formato digital de él, pero fue mi primer perro) y Hamlet (que no ha muerto, no os asustéis, de hecho acaba de llegar a casa y ya es oficial su adopción). A tod@s les he querido con locura, más incluso que a algun@s familiares. Por ell@s y para ell@s va esta historia/fantasía que me encantaría que fuese cierta.lunes, 29 de marzo de 2010
Tarde de estío
Definitivamente, el verano va llegando; y con él, el calor, ese insoportable calor que está en todas partes, que te quita las fuerzas y las ganas de hacer nada. “Tengo hambre” piensas, pero a la vez, el sofoco estival te quita las ganas de ponerte a cocinar. “¡Qué lata!” Exclamas en voz alta; y sin menos ganas que esfuerzo, te diriges a la cocina, para ver qué hay en la nevera.No tardas en reparar en una bandejita de fresas, que se te antojan bastante apetitosas. Te encantan las fresas; ese color rojo como el de los rubíes tan tentador, ese sabor entre dulce y ácido que dejan en tu lengua, el frescor que invade tu boca y ese tacto áspero que roza tus labios cada vez que te comes una. Tu interior desea abalanzarse sobre ellas, pero sabes que es algo que hay que disfrutar lentamente, para poder prolongar el placer que te produce el poder degustarlas en esta calurosa tarde.
Tras dar buena cuenta del placentero sabor de la fruta, decides combatir el calor en la intimidad de tu hogar; por lo que decides bajar las persianas, para poder quedar a salvo de miradas indiscretas por un lado, y poder esconderte de los inmisericordes rayos solares. La luz se filtra por entre las rejillas de la persiana, dándote la luminosidad suficiente para que no te tropieces con nada. La ropa va cayendo al suelo y deslizándose, liberando tu cuerpo de una capa que sumaba temperatura al calor reinante. Libre de la opresión que te abrigaba, decides ir a la ducha, para que las frescas gotas de agua recorran tu piel. “¡Esto es otra cosa!” Exclamas aliviada, mientras el agua refresca tu cuerpo, cayendo en cascada a lo largo de tu piel, recorriendo cada poro de esta, y llenándote de nueva vitalidad.
Decides secarte, y ponerte esa prenda que tanto te gustó y te compraste la semana pasada. Es fresca, y se adapta a tu anatomía como un guante, pero sin agobiar ni dar calor. “Son realmente bonitas” piensas, a la vez que lamentas que nadie pueda apreciar su belleza. El blanco inmaculado que se ha posado en tu intimidad te transmite pureza. La suavidad y delicadeza de su tacto, te hace sentir como si no llevases nada, como si fuera una segunda piel.
Te dejas caer sobre la cama, no sin antes haber abierto un poco la ventana. La luz ya no se filtra tan intensamente por las rendijas, por lo que deduces que ha empezado a anochecer. No te apetece encender la lámpara, por lo que decides encender una vela, pues las velas siempre te han ayudado a sentirte más relajada.
Una brisa fresca empieza a filtrarse por las rendijas de la persiana, y observas cómo juega con la llama de la vela, dibujando formas prácticamente imposibles. La brisa empieza a acariciar tu piel, enfriando aún más el mapa de tu cuerpo, aún fresco por el agua de la ducha. Por un instante, un escalofrío recorre tu espalda, y sientes que incluso se te erizan los pelos de la nuca. Te vas sintiendo cada vez más relajada; y antes de que te des cuenta, te has quedado dormida viendo las caprichosas formas que la brisa le ha dado a la llama de la vela, como un alfarero juega con la arcilla en su torno.
En brazos de Morfeo, lejanos y olvidados han quedado los gritos del jefe, los agobios de las tareas y los comentarios maliciosos de las compañeras; y tu respiración relajada y acompasada, me indican que has quedado plácidamente dormida.
¿Y quién soy yo que he sido testigo de todo esto? Simplemente un pajarito que te ve salir todos los días del trabajo, y busca cobijo en el tejadillo que hay encima de la ventana de tu habitación.
Buenas noches
jueves, 25 de marzo de 2010
Química
lunes, 15 de marzo de 2010
Animales exóticos, ¿amigos exóticos?
Me llama la atención cómo de un tiempo a esta parte, la gente está cogiendo por costumbre el tener por mascotas ciertos animales que suelen ser poco habituales como mascotas. Recuerdo que en los años de mi infancia, el debate era siempre el mismo: Perros contra gatos; y los orgullosos poseedores de unos y otros, esgrimían los argumentos en defensa de sus mascotas. "El perro fue el primer amigo del hombre" "El perro es muy fiel y dócil; le pisas el rabo sin querer, y sólo se queja, jamás se te revolverá como hace el gato" "Eso es por que el perro es tonto" "El gato es independiente, no se deja sobetear ni acosar tanto como el perro" "El perro me hace compañía, y es una buen guardián de la casa" "El gato es muy limpio y no hace falta sacarlo como al perro" "El gato puede que no necesite sacarle, pero te llena todo de arañazos" "Y el perro suelta pelo" "¿Y el gato no?" Sin darnos cuenta, las cualidades que se veían en nuestras mascotas, eran las que por lo general, buscábamos en la gente de nuestro entorno: pareja, amigos... etc... Era el eterno debate en el que en realidad no ganaba nadie, pero cada cual se sentía ganador y orgulloso de su amigo con el que compartía vivienda, y al que cuidaba. Si el perro le daba por culear a alguien, salía automáticamente la respuesta "Es que es el instinto, ¡pobrecito! está con el celo" Si el gato se metía en la pecera y no dejaba ni las espinas de los peces de colores, o le daba por pasearse por entre los caros jarrones regalo de la familia "es que está en su naturaleza de explorador: no puedes ponerle límites a la naturaleza"...
jueves, 11 de marzo de 2010
Quédate
Sé que no puedo pedirte que te quedes un rato más a mi lado. Que aunque quisieras complacerme, ella te está esperando, y ya es muy tarde. Es egoísta por mi parte, y más sabiendo que ella llegó a tu vida antes, y te dio el calor que necesitabas y buscabas. Márchate; yo no soy quien para retenerte. Márchate al calor de tu hogar, al calor de tu cama conyugal, al calor legítimo de sus brazos. Márchate con una fría despedida, con un gélido y fugaz beso en los labios, para que no me ilusione con ideas que nunca se llevarán a cabo; con hechos que jamás sucederán, y que sólo suceden en mis sueños. Márchate con frialdad, mientras mi interior aún permanece caliente con las ascuas aún calientes de la hoguera que ardió hace unos instantes en mi lecho.
y no te acordarás de los momentos vividos. Me siento estúpida por hacerme ilusiones por algo que sé que jamás pasará de ser lo que es; una aventura. Ese fue nuestro pacto: Todo pasión, ningún sentimiento más de por medio; estaba claro desde el principio. Sólo relación física; nada de complicaciones sentimentales. Ya sé que no te alegrará saberlo, y que estoy "rompiendo el pacto", pero no lo puedo negar por más tiempo: Estos encuentros son para mí algo más que lo que han venido siendo; y sí, estoy estúpidamente enamorada de ti. No lo quería, no lo busqué, y sabes bien que estas cosas no se pueden controlar: o lo sientes, o no lo sientes; no hay medias tintas, no hay diferentes tonalidades de gris: hay blanco y negro, y nada más.miércoles, 3 de marzo de 2010
Julieta

domingo, 21 de febrero de 2010
Es como verme en un espejo
Es tan extraño, es como verme en un espejo. Me pregunto ¿qué diría la gente si supiera que yo nací en un tubo de ensayo? Es decir, aquí estoy, ante mi propio hermano gemelo, que a su vez es mi padre. Tengo todos sus recuerdos, sin haber pasado por las experiencias que dieron a luz dichos recuerdos. Toda su vida está grabada en el mapa genético de mi cuerpo; tengo su misma estatura, su mismo color de pelo, los ojos del mismo color, mismo tono de piel e incluso las cicatrices de esas heridas que jamás me hice, también están marcadas en el mismo sitio, en la misma zona exacta del cuerpo donde él las tiene. Es una sensación extraña; a todos los efectos soy él, pienso y reacciono como él, pero a su vez, no lo soy. No tengo un padre ni una madre que me hayan educado, con los que haya vivido, ni que me hayan dado su amor y afecto. Mis padres han sido los científicos que llevaron a cabo el proceso de reproducirle, un mapa genético cogido de unas células de mi “hermano-padre”, introducido en un espermatozoide hueco, el cual fue introducido a su vez en un óvulo hueco. Un vientre de alquiler al que se le pagó una buena suma por participar en el experimento, fue el que me nutrió y dio cobijo durante esos 9 meses que solemos estar los seres humanos en nuestro periodo embrionario. De ahí, a un tanque de maduración donde estuve durante los pocos años de mi “vida”, hasta que llegase a la misma edad que el original; después de eso, al tanque de animación suspendida, para poder mantenerme joven. ¿Mi destino? El más egoísta de todos: ser una fuente de órganos sanos, por si algún día a la persona original le pasase algo, y no hubiesen donantes compatibles.
¿Cómo llegué a liberarme? No lo hice yo, lo hicieron otros; unas personas que creían firmemente en los derechos humanos. “Pero ¿se te puede considerar un ser humano? ¡Eres un clon!” me dirás. Sí, soy un clon. Pero un clon es una copia exacta de un ser vivo; y de la misma manera que el clon de una planta, es otra planta, el resultado de clonar a un individuo de la especie humana, es otro ser humano. Por lo tanto, sí que soy un ser humano, no un pedazo de carne del que disponer. Soy un ser humano con sus fortalezas y debilidades; sus sentimientos, sus alegrías y sus penas; y aunque todos los recuerdos y experiencias que hay en mi cerebro, no me pertenecen en cierto modo, pues nunca los he llegado a “vivir”, son tan vívidos, tan felices y dolorosos como puedan ser los suyos; al fin y al cabo, yo soy él.
Duele, tener los recuerdos, sentimientos y experiencias de una vida que no tienes, que sabes que no es tuya; de llorar la muerte de unos abuelos que nunca tuviste, y con los que nunca compartiste nada, y aún así, sentir la desesperada pena de perderlos. Duele querer a una pareja que sabes que no es tuya, de recordar el suave roce de sus labios sobre los tuyos, a pesar de no haberlos besado jamás; de sentir cómo se me acelera el corazón cada vez que pienso en ella, sin que ella tenga conciencia de que ni tan siquiera existo, y sabiendo como sé que sus besos, sus caricias, su sonrisa y su prístina y profunda mirada azul, jamás serán para mí.
¿Sabes qué es lo que más me duele? El no poder enfadarme con él, pues no sabe de mi existencia. Fue idea de sus padres, al tener la idea egoísta de crearme. El (yo) es (soy) hijo único ¿sabes? A sus (mis) padres les va a ser imposible concebir de nuevo otro retoño, de ahí la idea de mi creación. Y aquí viene mi dilema ¿Cómo puedo odiar a mis padres, por los cuales siento el amor y cariño que él siente, sin haber experimentado el amor que él experimento? ¿O cómo puedo odiarle a él, si ni siquiera sabe que existo, que fui creado sin su conocimiento, que es de donde vengo? Es decir; ¿Cómo podría odiar a alguien que al fin y al cabo es yo mismo?
jueves, 18 de febrero de 2010
26 de Mayo de 1999, el día que volví a nacer
Pues sí; corría el año 1999 cuando tuve una experiencia de esas que te abren los ojos, y te hacen cambiar de forma de ser, de pensar...lunes, 15 de febrero de 2010
Nuevo proyecto
Espero que os guste el resultado