miércoles, 5 de mayo de 2010

El leñador honrado (2)

En una pobre choza, situada en el centro de un bosque, vivía un leñador con su esposa y sus hijos. El leñador cortaba la leña desde el amanecer hasta el anochecer. Así podía mantener a su familia.

Un día trabajaba cerca del río y su hacha se cayó al río, al fondo. El leñador no sabía nadar así no podía sacarlo del fondo. Empezaba llorar por su tristeza. Un poco después se movió el ramaje de la orilla. El leñador oyó una dulce voz que decía:

- ?Qué te pasa, buen hombre? ? Por qué te afliges tanto?

- !Ay de mí! - contestó el leñador. He perdido mi hacha, que era la mitad de mi vida. Sin ella mi familia morirá de hambre.

Mientras así hablaba el leñador, apareció una mujer vestida de blanco. Era la ninfa de las aguas. Apenas concluyó de hablar el leñador, el hada desapareció entre las aguas y emergió trayendo entre sus manos un hacha de oro.

- ?Es esta tu hacha?-le preguntó.

El leñador movió tristemente la cabeza y dijo:

- No es esa mi hacha.

Kép

El hada desapareció de nuevo, volvió con una hacha de plata.

- ?Es esta el hacha?

- No, tampoco es esa -contestó el leñador.

Otra vez desapareció la ninfa y trajo presto una vieja hacha de acero.

- ! Esa es ! -gritó el leñador alegremente.

La ninfa añadió:

- Esa el hacha con que ganas el pan para tu familia. Pero porque me dijiste la verdad , te las doy las otras hachas también.

El leñador dio las gracias, y colocó las hachas en su saco. Por el camino se encontraron con su vecino. Ese hombre era muy codicioso, y no le gustaba trabajar. Al saber lo que había pasado, corrió buscar un hacha vieja.

Kép

Después fue al río a probar suerte. Al llegar a la orilla tiró el hacha al río, y empezó a llorar. No tardó venir la ninfa y le preguntó el motivo de su tristeza.

- He perdido mi hacha en el río - dijo llorando.

La ninfa se sumergió en las aguas y reapareció con un hacha de oro.

- ?Es esta tu hacha?- le preguntó.

- !Sí! -gritó él estirando la mano para cogerla.

Kép

- Te equivocas - dijo el hada - , esta es la mía. La tuya está en el fondo. Si quieresrecuperarla, zambúllete como yo.

Y el hada desapareció entre las aguas del río.


Este es el cuento tal y como lo conozco. Agradecer a la página http://www.halasieva.eoldal.hu/cikkek/mesek-spanyol-nyelven/el--le__209_ador--honrado, por publicarlo

El leñador honrado

En un verde y silencioso bosque a orillas de un río espumoso y chispeante, vivía un pobre leñador que trabajaba con empeño para mantener a su familia. Todos los días se internaba en el bosque con su fuerte y filosa hacha al hombro. Siempre silbaba felizmente durante la marcha, pues pensaba que mientras tuviera su hacha y su salud podría ganar lo suficiente para comprar todo el pan que necesitara su familia.

Un día estaba cortando un gran roble a orillas del río. Las astillas volaban a cada golpe, y la vibración de hacha resonaba tan claramente en el bosque que se hubiera dicho que había una docena de leñadores trabajando.

Finalmente el leñador decidió descansar un rato. Apoyó el hacha en el árbol y se dispuso a sentarse, pero tropezó con una raíz vieja y nudosa, y el hacha se le resbaló. Rodó cuesta abajo y cayó al río.

El pobre leñador miró la corriente, tratando de ver el fondo, pero estaba muy profundo. El río rodaba alegremente sobre el tesoro perdido.

-¿Qué haré? exclamó el leñador-. ¡He perdido mi hacha! ¿Ahora cómo alimentaré a mis hijos?

En cuanto dijo estas palabras, surgió del lago una bella dama. Era el hada del río, y subió a la superficie cuando oyó esa triste voz.

-¿Qué te apena? preguntó amablemente. El leñador le contó su problema, y de inmediato ella se sumergió y al rato reapareció con una hacha de plata.

-¿Es ésta el hacha que perdiste? preguntó.

En leñador pensó en todas las cosas valiosas que podría comprar a sus hijos con esa plata. Pero el hacha no era suya, así que meneó la cabeza y respondió:

-Mi hacha era solo de acero.

El hada dejó el hacha de plata en la orilla y se sumergió de nuevo. Al rato emergió y mostró al leñador otra hacha.

-¿Ésta será la tuya? preguntó.

El leñador la miró.

-¡Oh, no! Ésta es de oro. Vale mucho más que la mía.

El hada dejó el hacha de oro en la orilla. Una vez más se hundió y emergió. Esta vez traía el hacha perdida.

-¡Ésa es la mía! exclamó el leñador-. ¡Ésa es mi vieja hacha, sin duda!

-Es tuya repuso el hada del río-, y también estas dos. Estos son regalos del río, porque has dicho la verdad.

Y esa noche el leñador regresó a casa con las tres hachas al hombro, silbando felizmente al pensar en todas las cosas buenas que podría comprar para su familia.


Este cuento lo leí de pequeño hace bastante; aunque es otra versión. La que yo conozco, el hada le da únicamente el hacha de oro, y el leñador contento marcha hacia su casa, cuando se encuentra con otro leñador; el cual, al ver el hacha de oro, le pregunta por la procedencia de esta. El honrado leñador le cuenta la historia, y tras despedirse, se marcha contento hacia su casa.
El segundo leñador, se dirige hacia el río entonces, y arroja su hacha a las aguas, comenzando a gimotear después, y fingiendo ante el hada que su hacha se había caído.
El hada se sumerge en las aguas, y saca el hacha de plata y la del primer leñador; al preguntarle si es alguna de esas, el leñador lo niega, diciendo que la suya es de oro. Viendo el hada la codicia y el intento de engaño del leñador, decide dejarle sin hacha en castigo.

sábado, 1 de mayo de 2010

El principito y el pequeño lagarto

El Principito se dirigió después al planeta conocido por el nombre de Babia. Hacía tiempo que quería visitarlo, pues lo había oído nombrar mucho a los hombres, sobre todo cuando estos acusaban a sus semejantes de estar allí cuando en realidad estaban ante ellos.
No era un planeta demasiado grande, y lo primero que llamó la atención al principito fue un remolque que estaba aparcado en medio de ninguna parte; como si estuviese puesto ahí al azar. Empezó a acercarse al pequeño remolque, cuando la puerta se abrió despacio. Tímidamente, una cabeza de reptil asomó por la puerta. No era un dragón ni una serpiente; si no un pequeño lagarto, el cual, al ver al principito, exclamó:
-¡Ah! Eres un niño. Por un momento pensé que eras un humano mayor
- ¿Qué eres?
- Pues como puedes ver, soy un lagarto.
El lagarto salió del remolque, y se fue al centro; al centro de ninguna parte en su planeta, que era donde estaba el principito situado. Este pudo ver, a la luz del sol, que la piel del lagarto no era del color verde habitual en su especie, si no de un amarillo algo llamativo.
- Tu piel no es de color verde
Dijo el principito extrañado, pues era la primera vez que veía un lagarto de color amarillo.
- No, no lo es.
Respondió el lagarto dibujando una sonrisa en su cara
- Es de un color... distinto
- Distinto, diferente, raro, extraño.... lo he oído más de una vez. ¿Pero sabes qué? Eso es lo que me hace especial y me diferencia del resto de los lagartos. Si fuera verde, sería un lagarto más... ¿No crees?
El principito se quedó pensando. El lagarto tenía muchísima razón: no todos los días se podía ver un lagarto de color amarillo; y este además, parecía bastante amistoso.
- Tú tampoco eres alguien común- Continuó el lagarto. - Los niños humanos suelen perseguir a los lagartos y arrancarles la cola sólo por diversión.
- ¿Y por qué hacen eso?
- No es justo estar tranquilamente calentándose al sol, y que vengan ellos corriendo con grandes risotadas hacia ti. Tú piensas que quieren ser tus amigos y jugar, pero lo único que buscan es el cogerte de la cola, para que cuando quieras escapar, esta se quede en sus dedos atrapada aún moviéndose. ¡Que aunque no lo parezca duele mucho, caray!
- ¿Y por qué hacen eso?- Volvió a preguntar el principito, el cual nunca renunciaba a una pregunta una vez que la había formulado.
- No lo sé- Dijo el lagarto encogiéndose de hombros. - Se lo habrán enseñado los hombres (que son niños ya mayores) para que se diviertan. Son muy crueles a veces: les gusta mucho romper cosas y hacer hogueras. Permiten que la hoguera queme toda la madera de los árboles, destruyéndoles sin pensar que ahí vivimos otros que no son ellos; pero eso les da igual; con el bosque arrasado pueden construir sus ciudades, que son bloques y bloques de piedra sin vida, donde viven amontonados.
- ¿Y vosotros no decís nada?
Al principito le daba rabia la situación de aquellos seres a los que los hombres dejaban sin hogar.
- ¿Nosotros? Para los hombres no somos nadie, ni actores, ni artistas, ni cantantes, cuyas voces son las únicas a las que parecen hacer caso. No a nosotros nos quieren lejos de veras. A decir verdad, el sentimiento es mutuo
- ¿Por qué?- Preguntó el principito con el gesto compungido por la pena
- Pues por que lo que parece que mejor se les da hacer, es fabricar cosas que destruyen, hieren y matan. Desde aquí, veo muchas de esas cosas y digo a qué distancia las quiero de mí. Petroleros que se estrellan ¡Lejos de veras!, bombas que no dejan dormir ¡Lejos de veras!, balas de fusil ¡Lejos de veras!
- ¡Qué triste parece el mundo de los hombres!- Dijo el principito
El lagarto se acercó más al principito, y le pareció ver en su rostro una expresión de desconsuelo; como parece que no le gustaba verle tan triste, le dijo
- De todos modos no hay que perder la esperanza. Yo mismo anoche me acosté imaginando cómo podría ser hacer un cambio... ya sabes, cambiar la realidad que bien conozco, y en vez de caminar, salir volando. Es decir, ¿por qué no permitirnos soñar? A veces yo mismo quiero correr donde sólo se puede andar, quiero cantar donde no se puede ni hablar, y subir por la escalera de bajar, o tal vez pasar toda la noche sin dormir, leyendo un libro en blanco que hable sobre mí.
- ¡Qué raro eres!- Dijo nuevamente el principito
- Ya... soy distinto, diferente, raro, extraño... ya te lo dije antes- Respondió el lagarto nuevamente guiñándole un ojo esta vez. - De todos modos, no te dejes desilusionar por lo que te he dicho. Si tienes curiosidad por ver a los hombres, tal vez deberías ir a su planeta a hacerles una visita.
- Está un poco lejos de aquí- Observó el principito. - ¿Cómo voy?
El lagarto le señaló un punto un poquito más allá de donde estaban hablando.
- Ahora que empieza a atardecer en este planeta de Babia, empieza a soplar algo de viento, cual puede llevarte. Ese punto de ahí es el puerto de este planeta, desde donde zarpan los vientos para ir a otros planetas. Date prisa antes de que se haga tarde en el puerto, y así puedas alzar el vuelo.
- ¡Muchas gracias!
- No hay de qué- Respondió el lagarto con una amplia sonrisa.- Dirígete allí y deja que te lleve el viento hoy a ver el mundo entero. Lo que yo quiero es que llegues a donde quieras hoy. Y recuerda, no te dejes influir por la visión que yo te he dado de los hombres, por que en el mundo entero siempre hay un rumbo nuevo donde mirar.
- Adiós- Dijo el principito
- Adiós- Respondió el lagarto, el cual se quedó ahí, en medio de ninguna parte, viéndole partir con el viento.

Nota: He querido aquí rendir un homenaje a la obra de Saint-Exupéry y a la del grupo "Lagarto Amarillo". Se que mi torpe estilo puede distar mucho de la obra de ambos, así que pido perdón anticipadamente si este escrito ha causado decepción en algun@ de vosotr@s

viernes, 30 de abril de 2010

La silla vacía

La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre sabía que vendría a verlo.

[La silla con pipa de Vicent van Gogh]"Supongo que me estaba esperando", le dijo. "No, ¿quién es usted?", dijo el hombre. "Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted, cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo estaba viniendo a verlo"

"Oh sí, la silla", dijo el hombre enfermo, "¿Le importa cerrar la puerta?" El sacerdote sorprendido la cerró.

"Nunca le he dicho esto a nadie, pero... toda mi vida la he pasado sin saber como orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae, etc., pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y salió por el otro pues no tengo idea de cómo hacerlo. Entonces hace mucho tiempo abandoné por completo la oración. Esto ha sido así en mi hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: "José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas... te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente de ti, luego con fe miras a Jesús sentado delante de ti. No es algo alocado hacerlo pues Él nos dijo: "Yo estaré siempre con ustedes." Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora mismo"

"Así lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija pues me internaría de inmediato en la casa de los locos".

El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que había estado haciendo y que no cesara de hacerlo. Luego hizo una oración con él, le extendió una bendición, los santos óleos y se fue a su parroquia.

Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó:

-¿Falleció en paz?

-Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama, me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer compras una hora mas tarde, ya lo encontré muerto. Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré. ¿Que cree usted que pueda significar esto?"

El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió:

- "Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera".


jueves, 29 de abril de 2010

Las huellas en la arena

Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".

Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".


Este es otro de esos cuentos que escuché en mi adolescencia. Hay varias personas de mi entorno que suelen referirse a él cuando sienten que no pueden más

domingo, 25 de abril de 2010

Las personas son regalos

Las personas son regalos que la vida me ha dado.
Ya vienen envueltas, algunas en forma muy bella y otras de una manera menos atractiva.

Algunos han sido maltratados en el correo; otros llegan como "Entrega Especial";
Algunos llegan envueltos, otros cerrados con gran rigidez.

Pero la envoltura no es el regalo y es importante darse cuenta de esto.

Es muy fácil equivocarse en este sentido, juzgando el contenido por el estuche.

A veces el regalo se abre con facilidad; otras se necesita la ayuda de otras personas.

Tal vez es porque tiene miedo, quizá han sido heridas antes y no quieren ser lastimadas de nuevo.

Pudo ser que alguna vez se abrieron y luego se descartaron.
Quizá ahora se sienten más bien como "cosas" que como seres humanos.

Yo soy una persona. Como todas las demás personas también soy un regalo. Poseo una bondad que es sólo mía.

Y sin embargo, algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi envoltura.

Tal vez temo decepcionarme, quizá no confío en el que llevo dentro. Pudiera ser que en realidad nunca he aceptado el regalo que soy.

Cada encuentro y comunicación entre personas es un intercambio de regalos.

Mi regalo soy yo, tú eres tu regalo.

Somos obsequios de Dios de unos para otros.

Es difícil pensar en ocasiones que aquel que me ha lastimado es también un regalo de Dios, pero si vemos la ofensa como una envoltura maltratada y no nos quedamos con ella, seguramente encontraremos un hermoso regalo, pues de cada suceso Dios nos tiene una enseñanza para crecer en su amor, en nuestra fe...

Nosotros mismos podemos tener una envoltura tan maltratada por el tiempo y/o las circunstancias, pero lo que llevamos dentro siempre será hermoso, pues quien lo puso ahí es nuestro Creador, solo tendríamos que ver hacia adentro y estar listos para darnos... descubre en tu interior todos los dones con los que El Señor te conformó y sé el digno regalo para los que te necesitamos.

Autor desconocido


Este precioso texto, es uno de los que con más cariño conservo en la memoria. ¡Ojala y tod@s nos diésemos cuenta del valioso regalo que son los demás para nosotr@s

El pequeño Canguro


Nota: He querido con esta etiqueta que inauguro aquí con el nombre de "cuentos", el recuperar algunos que he tenido la suerte de poder leer o conocer. El siguiente, titulado "El pequeño canguro" lo oí allá por el año 1996, y me llegó bastante. ¿Cuantas mamás canguro hay por el mundo? Disfrutadlo

Un día el pequeño canguro sacó la cabeza por el agujero de la bolsa y dijo:
- Mamá, ¡qué grande que es el mundo! mamá, ¿puedo ir a ver cómo es?

- Ya te le enseñaré yo, no hace falta que salgas de la bolsa. Te podrías hacer daño, o encontrar malas compañías y exponerte a peligros innecesarios!.- dijo la mamá mientras acariciaba dulcemente su pelo suave - Yo soy una mamá responsable y decente.- El pequeño canguro suspiró, calló, y se quedó quieto dentro de la bolsa.

Pero el pequeño canguro crecía, se hacía grande, y cuando casi no cabía dentro de la bolsa, la mamá le ordenó:
- Te prohíbo que crezcas.- Y el pequeño canguro, que era muy obediente, paró de crecer en aquel mismo instante.

El pequeño canguro, desde la bolsa veía cosas y hacía preguntas a la mamá. Era un chico inteligente y todo lo encontraba interesante. Pero la mamá canguro estaba muy molesta porque no encontraba respuesta a las muchas preguntas que su hijo le hacía. Al final le dijo:
- Te prohíbo que hagas preguntas.- Y el pequeño canguro no preguntó nunca más.

Un día las cosas estuvieron a punto de arreglarse.El pequeño canguro, desde su lugar de observación, vio una cangurita preciosa.
- ¡Mamá!.- dijo - Me quiero casar con aquella cangurita

Una lágrima de dolor se resbaló por el ojo de la mamá canguro:
- ¡Ay!.- respondió la mama. - ¡Ya quieres abandonarme para irte con cualquiera! ¡Qué desagradecido que eres, con todo lo que he hecho por ti!. ¡Te prohíbo que te cases!.- Y el pequeño canguro no se casó.

Cuando la mamá cangura se murió vinieron a sacar al pequeño canguro de la bolsa de la difunta. Era un animal extraño. Su cuerpo era pequeño pero en cambio, tenía cara de viejo.

Cuando le dejaron en el suelo, todo su cuerpo se cubrió de un sudor muy frío
-¡Tengo miedo!- dijo - Por favor, ¿me pueden poner en el agujero de aquel árbol?

Y el pequeño canguro se pasó el resto de sus días mirando el mundo desde el árbol. De vez en cuando decía:
- Realmente, ¡qué grande es el mundo!
Lluís Folch i Soler (si no me han engañado, es el autor del cuento)

martes, 13 de abril de 2010

La casa de mi vida (1)

¡Adelante, pasad!
Que no os desanime la puerta entornada. Espero que lo entendáis: siempre estoy dispuesto a recibir a la gente, y a l@s amig@s más aún; pero no la tengo abierta de par en par, por que como tod@ hij@ de vecin@, he pasado por malas experiencias, y no abro la puerta así como así por miedo, como a cualquier persona le pasaría.
Sí, el recibidor es grande y luminoso; ¡que no se diga que doy malos recibimientos! Me gusta ser un buen anfitrión, y si recibo a la gente, no me gusta que se lleven una mala primera impresión.
Ya llegamos al salón, es donde suelo pasar parte del día. Poneos cómod@s si así lo deseáis. Espero que el perro no os de mucho la lata; es bastante cariñoso, y como al dueño, le encanta recibir visitas. Espero que sepáis perdonar el desorden; pero rara vez paro quieto; y aunque os parezca raro, dentro del desorden me encuentro con bastante paz.
¿Queréis que os sirva algo? ¡Qué demonios! ¡Acompañadme a la cocina! Sí, también es bastante grande. Me encanta cocinar, y a veces, suele relajarme mucho. Lo que me da más pereza es ordenarla, pero lo que es cocinar... ¡podría pasarme horas haciéndolo! Ya no sólo por el placer de comerme lo que elaboro y poder así juzgar si el esfuerzo ha merecido la pena, si no también para poder agasajar a los invitados o huéspedes que reciba. ¿Queréis una cervecita? Ya... antes yo era contrario al consumo de alcohol o cualquier sustancia que pudiese alterar la personalidad o percepción del mundo que nos rodea... Afortunadamente, es algo que tengo totalmente controlado y ni siento dependencia por dichas sustancias (es decir, que me da igual consumirlas o no, y no siento ningún síndrome de abstinencia si estoy una temporada sin catarlas) y por otro, mi cuerpo necesitaría de grandes cantidades para que pudiesen hacerme el más mínimo efecto.
¿Queréis ver más de la casa? De acuerdo. Aquí tenéis el pasillo. Aunque es unidireccional, podéis observar que es un pelín sinuoso y con curvas. Suele pasar que la gente juzga como quien juzga un pasillo: Ve un pasillo y dice: "Es un pasillo sin más" pero no se para a ver su longitud, si el suelo es firme o no, si las paredes están empapeladas o tienen gotelet... ni siquiera se fijan si la dirección es totalmente recta o no. De la misma forma juzgan a su prójimo: Se hacen una idea general con cuatro rasgos (a veces incluso con sólo la primera impresión y se niegan a buscar y saber más) y ya etiquetan a la persona de forma plana y con estereotipos... ¡Qué cuadriculad@s de mente que llegan a ser algun@s! Pues mi pasillo es sinuoso y con curvas, con suelo firme de madera y paredes irregulares cuyos desniveles quedan ocultos por el gotelet puntiagudo. ¿Que por qué es puntiagudo? Para que la gente tenga cuidado al tocarlo. Al igual que la bienvenida la doy sin problemas, el entrar en el pasillo que da a las habitaciones ya es un poco más peliagudo: Requiere un nivel de confianza más íntimo; y ese gotelet puntiagudo es para protegeros. No es que tenga demasiado miedo a que me hagáis daño, si no que mi cabeza es un lugar complicado donde meterse y esta medida disuasoria es para que os hagáis una idea de donde os podéis llegar a meter. Si queréis dar marcha atrás, estáis a tiempo.
¿Seguís la visita? ¡Gracias! La primera parada es el baño: ese sitio donde limpiamos nuestros cuerpos y "aliviamos nuestras cargas" El alma también necesita aliviarse bastante a veces y limpiarse (¡parece mentira lo que se puede llegar a manchar un@!) Supongo que habréis reparado en el rollo de papel higiénico "king size" y que el champú y los jabones son de hierbas naturales. ¡Qué puedo decir! Soy de carne y hueso, como todo el mundo; y como tal, acumulo bastante mierda que hay que expulsar. ¿Lo de los jabones naturales? Para mí no hay nada que me traiga más paz que la hierba fresca y el olor a campo y naturaleza: disfruto del olor del romero, la hierbabuena, los pinos.... me hacen abstraerme y olvidarme de los agobios del día a día.
Continuemos: Esta habitación de aquí es la de los recuerdos agradables: L@s primer@s amig@s, las sonrisas, las risas, los juegos, la música, los momentos de silencios en los que se expresa todo... suelo pasar mucho rato aquí; me gusta atesorar esos momentos y revivirlos. Procuro etiquetarlos todos en orden cronológico, y si puede ser, con fecha exacta; pero a veces la memoria me juega malas pasadas y no puedo situarlos en el tiempo con exactitud.
¿Que si hay un cuarto con los recuerdos desagradables? ¡Por supuesto que sí! Pero no suelo visitarlo muy a menudo; creo que a nadie le gusta visitar este cuarto, así que mejor ni entramos ¿ok? Decepciones, pérdidas, lágrimas derramadas... ¿a quién le gusta eso? ¡Bueno! Tal vez algún día invitaré a Alex Ubago a visitarlo para que saque material para un nuevo disco... ¡Y le dejaré ahí encerrado! Seguro que la humanidad me lo agradecerá...
¿La siguiente habitación? Es la habitación de los "trocitos de vida" ¿Por qué la llamo así? Veréis, tengo una teoría: Cuando estableces una relación con alguien (ya sea de amistad o amorosa), o con una mascota (también te pasa con alguna canción, película o libro que te toca especialmente), proyectas parte de tí en esa persona o animal; y sientes que esa parte de tí, vive en el/ella (algo así como los horrocruxes en Harry Potter, pero en positivo). Entonces cuando ese ser muere, o desaparece de tu vida, sientes como si te desgarrasen; y es por que sientes que una parte de tí muere o se marcha con él/ella, y entonces sientes que has perdido ese fragmento de tu ser que has volcado en esa persona o animal. ¿Echas de menos a la persona (o animal) o a esa parte de tu alma que quedó en su interior? Quiero creer que a amb@s; si únicamente extrañas lo que has dado, serías un/a gran egoísta. ¿Qué hay pues en esta habitación? Amig@s que ya no están (bien por que murieron, bien por que el tiempo y la distancia nos separaron, bien por discusiones, peleas y rencores...) parejas que ya no lo son, mascotas muy queridas, familiares... Me produce un sabor agridulce venir a esta habitación; pues aunque sonrío al recordar y revivir los buenos momentos, me duele rememorar los momentos de despedida; y en esos momentos, es cuanto más añoro los tiempos en que se produjeron los buenos recuerdos...
Llegamos a mi habitación; mi espacio único y personal. Espero que no os moleste que me desnude; pero llegad@s a este punto, es una forma de simbolizar que no hay nada que ocultar... No, no es que haga frío, es que es pequeña, ahora pasemos a otro tema... (Sí, es pequeña por que no le doy ya tanta importancia a esos temas... ¡teníais que haberla visto en mi pubertad!). Ya veo que estáis observando las guitarras... me encanta tocar, aunque lo haga de pena; otro día tocaré, que hoy ya ha llovido bastante ;) . Sí, eso son dos estanterías repletas de libros y tebeos; y también hay álbumes de fotos con todos los recuerdos y "trocitos de vida"; todo esto es lo que me ha formado, esculpido y definido en la persona que soy hoy en día. Ahí en el rinconcito está el escritorio con el ordenador, pluma, bolígrafo, lápiz y papel; donde voy anotando ideas, y donde a veces las desarrollo y doy forma para escribir relatos, poesía o este blog mismo.
¿Aquella puerta del fondo camuflada por un póster y precintada? ¡Vaya! Confiaba que entre tanto desorden no os percataseis de su existencia. ¿Recordáis que decía que no tenía nada que ocultar? Lo reconozco; os mentí.
Ahí dentro hay algo que prefiero que no salga. ¿Cómo os lo explico?... ¿Cuantas veces me habéis visto perder los papeles, o enfadarme? Ya... lo imaginaba. Ahí dentro estoy yo mismo encerrado... o más bien parte de mí, u otro yo... Es la parte que se cabrea, que se enfurece, que pierde el control y clama por atacar a quien me ofende o hace daño; la que ruge sedienta de sangre y anhelante por derramarla. ¿Oís los golpes que da en la puerta queriendo salir? En este preciso instante esos golpes son débiles por que está más tranquilo; pero hay veces que ruge tan fuerte, y los golpes que da son tan ensordecedores, que tengo miedo de que derribe la puerta, y tengo que poner la música al más alto de los volúmenes. No se despierta sólo con violencia... es más bien una criatura puramente de instintos; pues también los estímulos más... ¡ejem! os los podéis imaginar, le sobresaltan. Sí, habéis acertado; es la parte más visceral y emocional de mí la que está ahí encerrada. ¿Por qué no la dejo salir? A estas alturas deberíais saber ya la respuesta: Por Miedo. Tengo miedo de dejarla salir, y que en un momento de furia ciega haga daño a la gente que quiero, o que haga cosas de las que más adelante me arrepienta. Por ese motivo suelo evitar emborracharme, pues en esos momentos la puerta se debilita, y las posibilidades de que salga, se multiplican. También me da miedo de que eso que está ahí dentro encerrado sea mi verdadero yo; y que cuando la gente le vea, me rechace... Por ese motivo le tengo bien encerradito; con dos vueltas de llave. ¿Que donde está la llave? Lo olvidé aposta para no caer en la tentación de abrir esa puerta... En el fondo sé donde está la llave, pero cuanto menos piense en ello, menos tentaciones tendré de abrirle a ese horror del que reniego...
¡Bueno! Me voy a ir vistiendo y os acompaño a la puerta; ya sabéis que sois bienvenid@s para volver cuando queráis (aunque sabiéndolo ya todo, me sorprendería mucho que lo hiciéseis...)

(1) "La casa de mi vida" Es una dinámica que nos pusieron las dominicas en Pría en el año 1996; en su día la rellené de una forma muy similar a como lo he hecho ahora, sólo que no lo desarrollé al 100% por no encontrar las palabras adecuadas para ello, ni el valor para hacerlo.

jueves, 8 de abril de 2010

Decepción

No sé ni cómo abordar este tema, ni como empezarlo sin que suene escabroso; pero supongo que al haber sido una situación complicada en sí. Es la historia de una de tantas decepciones que he tenido en los últimos años, y que ha dolido especialmente... tal vez contándolo aquí, pueda quitarme parte de esa sensación amarga que tengo ahora mismo por dentro. Sé que algun@s de los que tienen el mal vicio de leerme (¡Cómo se aburre la gente a veces ;)! ) se sentirán molest@s conmigo por no habérselo contado; pero creedme cuando os digo que consideré que era un caso de esos en los que cuanto menos se sepa, mejor. Mejor empiezo a contar ya...
Conocí a una muchacha este verano que de buenas a primeras, me dejó una muy buena impresión: Natural, simpática, amiga de sus amig@s, pendiente de l@s más pequeñ@s, y presentando unos signos de madurez poco propios para su edad. Congeniamos enseguida, y según íbamos cogiendo confianza y charlando, iba descubriendo en ella, pequeños trocitos de mí... era como echar un vistazo a lo que había sido mi adolescencia; reconociendo en su personalidad y forma de comportarse, rasgos de mi propia persona cuando tenía su edad; miraba con ternura y aprobación cuando tomaba una actitud y determinación de ayudar a l@s pequeñ@s, o cuando meditaba las cosas y se las tomaba en serio; a la vez que sufría con ella cuando se sentía incomprendida al ver las cosas desde una óptica distinta a las de l@s demás, y cómo esta gente que la rodeaba, la miraba muchas veces con extrañeza debido a ello, pues sabía exactamente cómo se sentía.
Esos últimos momentos la dejaban muy baja de ánimos. Yo conocía a la perfección dicha sensación, y qué pasa por tu cabeza en esos momentos; como también sabía que en esos momentos, lo que más se necesita es un oído amigo para poder desahogarse; así que en parte como educador, en parte viendo a mi yo adolescente pidiéndome ayuda a gritos a través de su situación, me brindé a intentar ayudarla.
No os creáis que me zambullí de cabeza en su vida, ni que me tiré en plan salvapatrias. Siempre he tenido la cabeza bastante fría; y como ya sabéis, siempre intento que la razón guíe la mayor parte de mis actos; y por lo tanto, siempre fui consciente de las siguientes cosas:
- En esos momentos yo era una figura adulta en la que confiaba; por lo que parte de lo que le dijese podía afectar a su forma de actuar, por lo que tenía que medir mucho mis palabras.
- A pesar de haber mostrado signos de madurez poco propios para su edad, seguía siendo una chica menor de edad y (aunque no le gustase que me refiriese a ella con dicha palabra) una niña al fin y al cabo.
- En la adolescencia, se tiende a buscar modelos de conducta fuera del hogar familiar, y este tipo de personas, suelen buscar a alguien con quien sientan afinidad y les preste atención.
Total que me propuse ser una especie de... ¿cómo decirlo? ¿Tutor? Demasiado grandilocuente para mi gusto, pero teniendo en cuenta mi forma de actuar, creo que es la palabra que mejor encajaría. Con sumo cuidado, sabiendo que en la adolescencia es cuando se forma gran parte de nuestro carácter y forma de ser, fui escuchándola cuando lo necesitaba, prestándole atención, dándole apoyo, intentando darle los consejos correctos desde mi experiencia de vida, y rezando por dentro por no estar equivocándome; intentaba ser una especie de roca a la que aferrarse cuando las mareas de las dudas amenazaban con arrastrarla al fondo de los mares de la incomprensión y la desesperación (¡qué pedante y presuntuoso me acaba de quedar esto!)
A veces, cuando me contaba el rechazo que llegaba a sufrir en el instituto por parte de la gente por ser como era, o cómo se burlaban de ella por ser la que cuida del resto de la gente, me dolía como si me lo estuviesen haciendo a mí. Cuando me decía que estaba cansada de ser la que siempre está pendiente y cuidando de l@s demás, y que luego era incapaz de encontrar apoyo y consuelo en la gente de su alrededor cuando ella estaba mal (no por que no hubiese gente dispuesta a ello; si no por que les veía incapaces de hacerlo), me sentía totalmente identificado, e intentaba buscarle las palabras correctas de ánimo que a mí más de una vez me hubiese gustado escuchar (Supongo que llegados a este punto, varias personas que conozco estarán mosqueadas conmigo al ver que eso es lo que pienso a veces de la gente que me rodea: No os estoy menospreciando, en serio; es que en esos momentos, me resulta muy difícil creer que alguien a quien yo he ayudado a levantarse, sea capaz de levantarme a mí... otra vez pecando de orgullo y presunción).
Creía, rezaba con todas mis fuerzas por que estuviese haciendo lo correcto; pero de repente, todo empezó a torcerse. Empezó por una ¿discusión? ¿malentendido? no lo sé, pero empezó con una confidencia que me hizo, en la cual se vertía una acusación bastante grave hacia una tercera persona; acusación la cual, me resultaba un poco difícil de creer; para luego rematar la conversación con un "de esto que no se entere nadie". Por experiencia sé que cuando alguien tiene una conversación de ese calibre contigo, y la inicia o remata con dicha frase, es que hay más de una laguna en la historia que no le interesa que sepa.
El caso es que de repente empezó a comportarse de una forma muy extraña, como si tuviese dos caras (o muchas más), y comencé a detectarle varias ocasiones en que a mí me decía unas cosas, y a otras personas otras muy distintas. ¿Por qué ese doble juego? No lo sé, pero la persona que empecé a descubrir, no tenía nada que ver con la que había conocido en el verano: Una persona que no le importaba mentir con tal de cubrirse las espaldas, que intentaba derivar las conversaciones hacia donde quería y poder montar trampas con ellas con tal de salir indemne... Me ví de repente en una espiral en la que no sabía muy bien cómo me había metido, y de la cual iba a ser tremendamente complicado salir.
Gracias a Dios, una persona que conocía a esta muchacha, y a la que no le cuadraban muchas de las cosas de las que iba diciendo, decidió hablar conmigo para intentar esclarecer lo que estaba ocurriendo; y a raíz de esa conversación, encontré una vía de escape a ese callejón sin salida en el que me encontraba. (Mil gracias de nuevo)
Ahora sé que muchas cosas que me dijo eran mentira: Su madre no tiene cáncer como pretendía hacerme creer, por ejemplo... y otras cosas que me dijo, empiezo a ponerlas en duda: No es que ese chico se quisiera acostar con ella, es que simplemente la rechazó un fin de semana; No es que sus padres le dejasen estar en el ordenador hasta tarde, es que ella no les hacía caso cuando le pedían que lo apagase... y así con varias cosas más.
No es la primera decepción que me llevo con la gente en mi vida; y probablemente, tampoco será la última. Pero me ha dolido especialmente por cómo me estuvo engañando, y cómo ha estado jugando con la gente que la rodea; gente que la quería y que estaba más que dispuesta a ayudarla. No tenía necesidad de mentirme; no iba a juzgarla mejor o peor por su forma de ser; y aún así, lo hizo. ¿Cómo? ¿Cómo volver a confiar en esa persona? Y de las (de momento) dos caras que me ha mostrado ¿Cual es la verdadera? ¿Cual es la que me tengo que creer de verdad?
Un amigo mío me ha dicho en alguna que otra ocasión que admiraba de mí mucho una virtud, que a la vez es una debilidad que yo tengo: y es que me gusta fijarme en el lado bueno de la gente, y que quiero creer que la gente es buen, a pesar de los distintos tropezones, desencuentros y desencantos que he tenido en la vida (sí, chato, me refiero a ti precisamente).
Pues bien, en momentos como este, de máxima decepción, yo también siento a veces que mi yo emocional se tambalea (aunque siempre luche por tenerlo encerradito y reprimido como tú dices), y me cuestiono si realmente merece la pena ser como soy; si no sería más fácil mandarlo todo a la mierda, y preocuparme sólo por mí mismo, y que a los demás les den un peine; que si ya tengo bastantes problemas yo como para ponerme a cargar con los del resto de la gente... Sí, me lo planteo y le doy mil vueltas a la cabeza.. incluso a veces, me he sentido con el propósito de actuar así: mirando sólo por lo mío y l@s demás que se apañen... Pero me conozco demasiado bien, y soy demasiado viejo para cambiar: por mucho que me haga un propósito firme al respecto de pasar de los demás e ir a mi bola, seguiré dejando lo que esté haciendo para ir a intentar levantar al que se ha caído, de escuchar a quien me lo pida y necesite aunque tenga la cabeza a punto de estallar de cosas, y cosillas por el estilo...
Si no lo hiciese, no sería yo ¿no?

lunes, 5 de abril de 2010

El puente del Arco Iris

Acabo de leer una bonita historia en la página web de la Apap de Alcalá, que quisiera compartir con tod@s vosotr@s. He colgado aquí las fotos de dos de mis tres (actualmente cuatro) buenos amigos. El primero es Eric, fallecido recientemente; y la segunda es Chispi (Murió al poquito de irme de casa de mis padres) Faltan Bobi (no tengo fotos en formato digital de él, pero fue mi primer perro) y Hamlet (que no ha muerto, no os asustéis, de hecho acaba de llegar a casa y ya es oficial su adopción). A tod@s les he querido con locura, más incluso que a algun@s familiares. Por ell@s y para ell@s va esta historia/fantasía que me encantaría que fuese cierta.


El puente del Arco Iris
Hay un puente que queda entre el Paraíso y la Tierra, y se llama Puente del Arco Iris.
Cuando un animal que ha sido especialmente amado por alguien aquí en la Tierra muere, entonces va al Puente del Arco Iris.
Allí hay valles y colinas para todos nuestros amigos especiales, para que ellos puedan correr y jugar juntos.Hay mucha comida, agua y sol, y nuestros amigos se encuentran cómodos y al abrigo.
Todos los animales que han estado enfermos o que eran ancianos, recuperan su salud y vigor; aquellos que fueron heridos o mutilados recuperan lo perdido y son fuertes nuevamente, tal como los recordamos en nuestros sueños de días y tiempos pasados.
Los animales están felices y contentos, excepto por una pequeña cosa: cada uno de ellos extraña a alguien muy especial, alguien a quien tuvo que dejar atrás.
Todos corren y juegan juntos, pero llega un día en que uno de ellos se detiene de repente y mira a la lejanía. Sus brillantes ojos se ponen atentos; su impaciente cuerpo se estremece y vibra.
De repente se aleja corriendo del grupo, volando sobre la verde hierba, moviendo sus patas cada vez más y más rápido.Tú has sido avistado, y cuando tú y tu amigo especial finalmente se encuentran, los dos se abrazan en un maravilloso reencuentro, para nunca separarse de nuevo. Una lluvia de besos cae sobre tu rostro; tus manos acarician nuevamente la cabeza amada, y puedes mirar nuevamente a los confiados ojos de tu mascota, tanto tiempo apartada de tu vida, pero nunca ausente de tu corazón.Entonces los dos cruzan el Puente del Arco Iris juntos...