miércoles, 16 de marzo de 2011

¿Tú qué buscas?


Inicio esta nueva etiqueta "Catequesis" Para compartir recursos. Varios de mis amig@s también son educadores en la fe, y me gustaría poder hacerles llegar estos pequeños esbozos que hago semanalmente con ayuda de mis compis Irene y David.
En concreto con esta, inicio con un texto de Anthony de Mello que a más de un@ le traerá recuerdos y le ayudará a reflexionar.

“Usted perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme.

-Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado.”
-”El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”.
-¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

Se acercó al maestro, vestido con ropas sannyasi, y hablando en la lengua de los sannyasi: “He estado buscando a Dios durante años; Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres”

“¿Y lo has encontrado?”, le preguntó el maestro.

“Sería un engreido y un estúpido si respondiera que sí. No, no lo he encontrado, ¿y tú?”

¿Qué podía responderle el maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oirse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que aún no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Solo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo.

Y tú....

¿Donde buscas a Dios? ¿Por qué le buscas? ¿Qué herramientas usas para buscarle? ¿Puedes decir que le has encontrado?


lunes, 21 de febrero de 2011

La Sirena Varada

Era una noche cualquiera en cubierta. Esa noche me había tocado hacer la guardia por si pudiéramos ser abordados por piratas con la oscuridad como cómplice.
Noche fría, oscura y solitaria, con la luna llena como única compañera a la que contarle mis confidencias y secretos. Hacía mucho que únicamente confiaba en ella y su silenciosa escucha, pues había demostrado ser más discreta y de fiar que mis propios compañeros de tripulación, o aquellas personas que decían ser mis amigos. Palpé en los bolsillos de mi chaqueta, buscando mi viejo paquete de "Ducados", sólo para recordar que hacía ya dos años que había dejado de fumar.
Definitivamente la vida en alta mar me estaba volviendo loco: Buscar en los bolsillos un paquete de tabaco cuando ya se ha dejado de fumar, hablar sólo y en voz alta a un pedazo de roca suspendido en el cielo por que no confías en nadie... eso no podía ser nada bueno. Entonces lo oí.
Era un sonido que al principio no reconocí, y que poco después pensé que era producto de mi imaginación. "Me estaré volviendo majara del todo" Pensé, pero el sonido iba haciéndose cada vez más nítido y persistente; sea lo que fuese, estábamos acercándonos. El sonido era un lamento de mujer como nunca antes lo había oído. No se trataba de unos simples gemidos lastimeros o un llanto vulgar y corriente; era una voz dulce, suave y melodiosa que no llegaba únicamente a los oídos, si no que se abría paso hasta el corazón, transmitiéndote su pena y dolor. Bastaron un par de minutos escuchando aquel sonido para sentirme contagiado de su congoja y dolor.


Escudriñé con mis ojos en la oscuridad, buscando el origen de aquella voz; temía que alguna mujer hubiera caído de algún barco de pasajeros, y estuviese en sus últimos esfuerzos, luchando agónicamente por no ahogarse.
No tardé en vislumbrarla a pesar de que la noche era bastante cerrada, y sin apenas estrellas en el cielo; pero a unos cien metros la pude distinguir; y vive Dios que era la criatura más hermosa que jamás habían visto mis ojos. Sus cabellos dorados competían en fulgor con el sol de la mañana cuando sale en el horizonte y sus rayos se reflejan en las aguas, unos hermosos ojos de color aguamarina me observaban suplicantes, con la esperanza de poder ser salvada. Sus labios, de un color rubí intenso, se movían en una mueca suplicante, que dejaba escapar aquel sonido que hipnotizaba; ese sonido que me envolvía, me rodeaba, y me invadía de fuera hacia adentro y viceversa, no dejando un rincón de mi cuerpo sin recorrer, e inundándome con su angustia.
El barco se aproximaba cada vez más, con el consiguiente riesgo de que fuese atraída hacia las hélices, suponiendo esto un trágico final para aquella muchacha de belleza indescriptible y voz tan incomparable y embriagadora. Detuve las máquinas y, como nos encontrábamos cerca de la costa, eché el ancla, inmovilizando el barco, mientras me dirigía a uno de los botes salvavidas para poder rescatar a la pobre chica.


Había cargado en el bote algo de ropa de abrigo, pues seguramente estaría helada, y me dirigí al rescate. Según me fui acercando empecé a ver que la muchacha estaba desnuda de cintura para arriba. "La pobre debe estar helada" Me sorprendí a mi mismo pensando; y es que la desnudez de su cuerpo, dejaba ver una hermosa anatomía que concordaba con la belleza de su rostro. Era un cuerpo realmente bello que invitaba a tenerlo cerca y no dejarlo ir jamás; un cuerpo, cuya sola visión embriagaba, hipnotizaba y atraía de igual manera que lo hacía su voz; y aún así, mi sentido del cuidar del prójimo, mis sentimientos de caridad, pesaban más que mis instintos masculinos propios de alguien que llevaba en alta mar meses sin haber visto una mujer en todo aquel tiempo.
Sin embargo, según me fui acercando, dos sentimientos sustituyeron al de caridad, y a los instintos de posesión carnal ante la vista de un cuerpo desnudo.
El primero fue de incredulidad; pues al irme acercando, pude distinguir que bajo su cintura, en el lugar donde debieran haberse encontrado unas piernas, lo que había era una inmensa cola de pescado, con unas escamas plateadas que reflejaban perfectamente la luz de la luna llena.
"No puede ser" Me repetía para mis adentros "Te has vuelto completamente loco de tanto estar en alta mar alejado de las mujeres, y sin confiar en nadie; demasiado tiempo charlando sólo con el pedrusco ese que cuelga del cielo; las sirenas no existen" intentaba razonar conmigo mismo.
Pero mis ojos desmentían lo que mi mente se negaba a aceptar. Aquel ser era una sirena, y y no había consumido ni una gota de alcohol, ni estaba tomando medicamento alguno; estaba durmiendo un número decente de horas, y estaba totalmente hidratado, por lo que no había motivo alguno para sufrir ningún tipo de alucinación.
El segundo sentimiento fue de terror: Recordaba perfectamente lo que decían las viejas leyendas sobre dichos seres. Las sirenas consideraban que el reino de los mares les pertenecían, y que los hombres que nos aventurábamos en alta mar eramos invasores. Por ese motivo, habían desarrollado un arma bastante mortífera para defender sus dominios: Sabedoras de que los marinos pasábamos varios meses alejados de cualquier contacto femenino, usaban sus cantos, la calidez embriagadora de su voz para poder atraernos hacia zonas rocosas donde ellas se encontraban, para que nuestros barcos se hicieran trizas con las rocas y así morir ahogados. Si alguno sobrevivía, ellas mismas se encargaban de sumergirnos en las profundidades del mar, y hacernos servir de alimento para los tiburones.

Estaba horrorizado; pues sabía lo que me esperaba, pero no podía resistirme a aquella dulce voz que me llamaba. Mi barca se iba acercando más y más. El horror iba dejando paso a la ira. Yo ni siquiera sabía de la existencia de dichos seres, no deseo poseer los mares, si no que trabajo en ellos, dejando atrás a mi familia y seres queridos con la única intención de buscarme el sustento; y aún así, aquel ser iba a matarme por una cuestión de territorialidad.
Intenté sacar fuerzas de donde no las había; el poder de su voz, que penetraba por mis oídos y circulaba por mis venas, me impulsaba a acercarme más y más. Estaba furioso: furioso con ella por querer acabar conmigo usando esas dotes entre seductoras, y apelantes a la caridad humana; y también estaba furioso conmigo mismo, por ser incapaz de resistirme a esa invitación a la muerte. De forma mecánica e involuntaria, seguía remando hacia ella, y, maldiciéndome una y otra vez, la odiaba en silencio, siendo incapaz de articular palabra alguna. Aún así, parece que la resistencia mental funcionaba, al menos en parte, pues el ritmo al que me acercaba a ella era bastante más lento que al principio.
Ella (¿o debería decir "aquella cosa"?) debió de notarlo, pues redobló sus esfuerzos y me sentí más triste y compadecido aún de ella. La furia hacia aquel ser y lo que me estaba haciendo, me hizo desear acabar con su vida tan pronto llegase hasta ella; y recordé el cuchillo que llevaba en el interior de mi chaqueta.
Fue cuando me acerqué que descubrí la sangre. Aquel ser de belleza física tan deslumbrante, estaba herido; profundos cortes surcaban su desnuda espalda, la piel de sus brazos, una mejilla de aquel rostro de muñeca, y en su cola de pez, pude ver que faltaban escamas.
Aquella sirena no quería atraerme a la muerte; era una petición genuina de ayuda. Se había enredado con unas algas, y la corriente la había atrapado entre aquellas rocas. La fuerza del oleaje empujándola contra sus afilados bordes, y la imposibilidad de moverse debido a lo enmarañado de las algas, la habían dejado en esa situación.
Me aproximé con cuidado a la zona, para no ser golpeado yo también, y eché un amarre para que la barca quedase inmovilizada; la sirena había dejado de cantar, el esfuerzo la había dejado extenuada. ¿Cuantas horas llevaría así? No lo sé, pero tenía la impresión de que nos quedaba poco tiempo, por lo que saqué el cuchillo, y empecé a cortar las algas que la inmovilizaban.
Me maldije a mí mismo por mi desconfianza; aquel hermoso ser estaba pidiendo ayuda, y yo estaba odiándola y pensando en acabar con su vida. Apremiado por su respiración cada vez más entrecortada, fui cortando con más prisa aún sus ataduras. Crucé un par de veces mi mirada con la suya y... nunca olvidaré lo que vi:
En aquellos ojos distinguí la súplica por ser liberada, el deseo de vivir y no querer acabar de aquella manera tan dolorosa su existencia; pude ver el apremio en su mirada, pues cada segundo era vital, cada resistencia de esas ataduras era tiempo en el que sus heridas permanecían abiertas y llenándose cada vez más de agua salada (y contaminada) lo cual le dolía y empeoraba su situación. En sus ojos se dibujaba el dolor de aquellas heridas causadas por el filo cortante de las rocas, y la desesperanza de quien sabe que es demasiado tarde.
Al final logré liberarla, justo cuando empezaba a desvanecerse; la monté en el bote, pues imaginaba que el olor de la sangre no tardaría en atraer a los tiburones; y en su estado, huir o defenderse era imposible.
Remé hacia el barco, pero ella me dijo en un casi imperceptible susurro: "Llévame a la orilla, quisiera poder tocar tierra firme por primera y última vez"
Lloré en silencio todo el trayecto hasta la orilla; mi desconfianza, mis prejuicios y mi miedo le habían costado la vida a aquel ser. Iba a ser testigo de primera mano de una muerte bastante desafortunada y triste que yo podía haber impedido. ¿Qué clase de ser humano era? Os lo diré: de los peores. Me odié sincera y profundamente según nos acercábamos a la orilla, por eso remé con más furia aún, pues deseaba que al menos estuviera viva aún cuando la depositase en la arena de la playa.
La barca encalló con el fondo a unos diez metros de la orilla, por lo que me puse en pie cargué con ella en brazos.
"¿Cual es tu nombre?" Preguntó con casi un hilo de voz. Me avergonzaba de mi actitud; no me atrevía a decirle mi nombre en voz alta, pues hasta de eso me avergonzaba; me daba asco hasta pronunciar mi nombre a aquel pobre ser al cual había contribuido a dejar morir. Miré hacia mi barco, y leí en voz alta el nombre que figuraba en la cubierta: "Neptuno"
Ella sonrió trabajosamente, estaba al límite de sus fuerzas. Tal vez lo hizo por la ironía que le suponía que un habitante de la superficie se llamase igual que su Dios y rey. "Has hecho lo que has podido, mi buen Neptuno de la superficie; aún siendo... de tierra firme...no has dudado... en ayudarme, y por eso... siempre te estaré... agra..de..ci..da" Noté el roce de sus labios en mi mejilla, y cómo la temperatura de estos pasó del cálido esperado al principio del beso, a un gélido tacto justo antes de despegarlos de mi rostro y que coincidió con nuestra llegada a la playa.
La deposité con toda la dulzura que me fue posible en la arena, mientras mis ojos no pudieron contener por más tiempo el torrente de lágrimas que pugnaba por salir. Me dejé caer sobre su abdomen, y en esa postura, con las rodillas hundidas en la arena, estuve llorando amargamente hasta el amanecer la muerte de aquel ser. Antes de que la aurora inundase por completo la tierra, envolví su cuerpo con una de las mantas que había en el bote, y me acerqué remando lentamente hacia mi barco, el "Neptuno". Nadie creería mi historia, y si mostrase su cuerpo para demostrar que no estoy loco, me la arrebatarían para que los científicos la estudiasen, pinchasen, cortasen y ultrajaran su cuerpo de mil y una formas que se me antojaban una violación pura y dura de aquel ser tan dulce. Con decisión y dolor, dejé caer el bulto al agua, devolviéndola a su hogar, el fondo del mar.
Cuando el resto de la tripulación despertó, me encontró empapado en cubierta, y con una botella de whisky vacía a mi lado. Aquello supuso mi expulsión del barco; y como las noticias corren rápido, nadie estaba dispuesto a contratarme para su tripulación.
Han pasado 20 años desde entonces, y no he vuelto ni a acercarme a la costa; aquello supondría el recordarla, y revivir mi terrible culpa. Mi jugada del whisky y la charada del marinero borracho en el turno de guardia me salió bien.
Sólo espero que ella, esté donde esté, sepa perdonar lo que hice aquella noche; aquel error e juicio que terminó por costarle la vida, y aquel último beso que deposité en sus labios ya fríos, a modo de despedida, justo antes de arrojarla de nuevo al mar.

miércoles, 26 de enero de 2011

¿Filosofía de vida?

En más de una ocasión he oído eso de "quien no se quiere a sí mismo, difícilmente puede querer a los demás". Siendo más joven, en mi adolescencia, esa etapa en la que tod@s nos sentimos un poco "patit@s fe@s" me oponía ferozmente a esa afirmación, pues no me gustaba nada a mi mismo, y sin embargo, cuando me fijaba en una chica, no es que me gustase, ¡Es que me enamoraba directamente! ¿Lo triste? que me enamoraba a diario; ¿más triste aún? que me miraba al espejo, y despreciaba mi enorme y poco agraciado cuerpo, y me torturaba pensando que sería rechazado, y que se reirían de mi físico, me menospreciarían y jamás sería lo suficientemente bueno para nadie; que todas estaban a años luz de mi alcance. Y así pasé mis años de adolescencia; despreciando mi físico, y despreciándolas a ellas por un desprecio que muchas veces ni se producía por que mi inseguridad me impedía acercarme a nadie a intentarlo siquiera. Ya las prejuzgaba y me sentía rechazado de antemano, y eso me hacía despreciarlas por no saber reparar en un chico tan majo coo yo.
Como veis, se trataba de una espiral viciosa que me acababa sumiendo en unas pajas mentales para nada buenas; y eso acabó marcando esa etapa de mi vida, volviéndome cada vez más apático y tímido.
Afortunadamente, esos días pasaron, y a día de hoy, sí que estoy bastante de acuerdo con la afirmación con la que abría este post.
Hoy me miro al espejo, y veo a la persona que soy; con sus defectos y virtudes. Sí, estoy gordo, y no lo voy a negar, la miopía y el repelús que me da el tema de ponerme nada en el ojo me obligan a llevar gafas en lugar de lentillas; tengo una verruga en la nariz (herencia de mi madre), y el pelo comienza a escasear en la cabeza (herencia de mi padre). Además, el vitíligo tiñe mi cuerpo a parchones semi-albinos que debo proteger de la luz solar con mucho más mimo que el resto de mi piel, y me hace parecer una especie rara de dálmata bípedo. Pero también tengo un color agradable de pelo (rubio oscuro-castaño claro), un color de ojos que a más de una chica encandilan (entre verde y azul oscuro) enmarcados en unas gafas que dan un aire un tanto más interesante de lo que soy.
He aprendido a convivir con mis defectos (tanto físicos como psicológicos), pero sin dejar que estos me dominen, o me hagan sentir peor. No dejo que me marquen, ni me cohiban en mi relación con l@s demás. Simplemente están ahí y ya está, pero actúo como si no estuvieran, o como si fueran parte de mí, y procuro llevarlos con naturalidad. ¿Y sabéis qué? Haciendo eso, esos defectos acaban minimizándose, hasta el punto de prácticamente desaparecer-
¿A qué me lleva todo eso? Pues a aprender a querer más a quienes me rodean, a darme cuenta que todos tenemos defectos, o podemos equivocarnos. Te ayuda a comprender mejor a la gente, a no juzgarles demasiado duramente por sus errores, pues yo también los cometo, e incluso; como me dijo en su día un compi de curro, a encontrar la belleza dentro de la imperfección; esto es, a convertir ese pequeño defecto de la persona en una parte que la diferencia del resto, y que la hace identificable y única; como si fuera un rasgo distintivo que le hace especial.
De esta forma, se cumple también el cuento del patito feo; y de ahí, convertir la imperfección en motivo de alegría y seguridad en un@ mism@; convertir al patito feo que se encierra en cada un@ de nosotr@s, en un hermoso cisne.
Por ese motivo os digo: "Aprended a quereros un poco más, eso os ayudará a querer más a l@s demás, y os hará sentir más queridos y felices"
¿Qué me decís?

lunes, 24 de enero de 2011

Operación


Pues ya es una realidad: el próximo 14 de Febrero pasaré por quirófano para que me operen el hombro que tantos años lleva dándome guerra.
Cuando me vió el traumatólogo del Hospital de Alcalá, él ya me dijo que en la resonancia no se apreciaba daño alguno, pero que con mi historial, y dada mi edad, lo aconsejable era operarme. Lógicamente acepté, y como la lista de espera en Alcalá es de 7 meses, me ofrecieron derivarme a otro centro, donde la lista de espera es menor. De entre los centros disponibles, elegí el Hospital Santa Cristina, y en menos de una semana me llamaron para realizar el pre-operatorio. Tras toda una mañana perdida entre análisis, radiografías, entrevista con el anestesista y demás, la traumatóloga dijo que como no se apreciaban daños ni en la radiografía ni en la resonancia, que ella no veía tan claro la intervención.
Como protesté, me empezó a preguntar cuantos episodios llevaba, en qué años habían transcurrido y cómo habían sucedido. Debió de sorprenderle, por que me hizo desnudar de cintura para arriba y me hizo un reconocimiento... Dudó; veía cosas que no estaban bien, pero la resonancia decía que estaba todo correcto... Al final decidió darme cita a la semana siguiente con el especialista en hombro.
La semana pasada, fui a mi cita y tras una rápida explicación (una vez más) de mi caso, el doctor se puso a explorarme. Lo primero que apreció es que es cierto que entrenaba con pesas, y eso hacía difícil el ver que hay una lesión, pero enseguida encontró lo que buscaba, y fue cuando me dijo que efectivamente iba a ser intervenido el próximo 14 de Febrero.
La mala noticia es que estaré cuatro semanas con el brazo en cabestrillo sin podérseme permitir mucho movimiento, además que al tratarse de anestesia general, tendré que pasar la noche ingresado.
Las buenas noticias son que después de esas 4 semanas, tendré que pasar 2 meses de rehabilitación tras los cuales podré hacer mi vida normal al 100%: Podré trabajar sin miedo a lesionarme, volver a entrenar con pesas... como si nunca hubiera tenido esos problemas. Además la operación por lo visto va a ser muy sencillita:
Por lo que me dijo el médico, simplemente harán una pequeña incisión para introducir una cámara por la cual verán donde están los daños, los cuales se suponen que son unas cápsulas con líquido arropadas en la articulación que probablemente se hayan reventado. Una vez localizada la zona, inyectarán unas capsulas nuevas que evitarán que el hombro vuelva a salirse de su sitio, sin necesidad de hacer incisión alguna para implantarlas, y ya está.
Desde luego tengo cierto temor, supongo que a toda persona que le dicen que va a estar dormida, sin posibilidad de enterarse de lo que le están haciendo le pasa lo mismo; es como una sensación de indefensión, y de temor a que algo salga mal sin ni siquiera enterarte. Pero por otro lado, estoy esperanzado; por fin voy a curarme, por fin podré hacer una vida normal; podré volver a practicar ese deporte que tanto me gusta (y al que prácticamente me estaba volviendo adicto). ¡Hay tantas cosas que quiero hacer una vez esté recuperado! ¿La primera? En cuanto pueda, volver a dar un paseo en barca; hace años que no lo hago

martes, 11 de enero de 2011

El Secreto de las Verduras

He aquí la pequeña adaptación que hicimos para el festival parroquial de Navidad. Prometo grabarla con mejor calidad para que podáis entender lo que cantamos

lunes, 3 de enero de 2011

Mi horrocrux positivo

¿Qué es un horrocrux? Se preguntarán algunos. Pues es un artefacto ficticio donde se supone que un mago tenebroso esconde una parte de su alma al fragmentarla. ¿Y cómo se fragmenta el alma? Asesinando. Este objeto con su "espíritu maléfico" dentro puede afectar la conducta de la gente que pasa ratos prolongados con él encima o en contacto con su piel. Con este pequeño resumen queda explicado lo que es dicha palabreja, sacada de la obra de J.K. Rowling, "Harry Potter"; no obstante, en los siguientes enlaces (como ya sabéis, para acceder a ellos sólo hay que hacer click en las palabras de color distinto al resto del texto), os lo explican más detalladamente.
El caso es que un horrocrux, es donde se encierra el espíritu de alguien, por lo general con fines maléficos. Pero ¿sería posible algo así en positivo? Pudiera ser, y como en muchas ocasiones me ha sucedido, mi compi Irene me ha dado la pista con su pequeña y hermosa experiencia china, la cual podéis ver aquí (lo siento por los que no sepan inglés, pero si lo deseáis, puedo traducíroslo).
Pues bien, desde hace ya unos cuantos años, yo tengo uno de esos "Horrocruxes Positivos". Algun@s lo habréis visto colgando en mi cuello; es un pequeño símbolo del cual no suelo separarme. ¿Cómo llegó hasta allí? Veréis, mi madre y yo siempre hemos sentido cierta fascinación por las llamadas "ciencias ocultas", se puede decir que aunque no somos muy crédulos, sí que nos sentimos atraídos por esos temas, y nos ha gustado siempre saber algo sobre ello. El caso es que había en Torrejón una tienda dedicada a estas cosas, donde vi el amuleto que llevo a día de hoy en el cuello (y es igual al que ilustra este post). El dependiente nos dijo que era un amuleto de protección; que el portador estaría siempre protegido de maleficios y casi toda suerte de infortunios. ¿Requisitos? Debe ser regalado, jamás puedes comprarlo para ti mismo (por lo que mi madre me lo compró), nadie debe tocarlo jamás, pues ha de estar impregnado de tu esencia (por ese motivo me suelo sentir algo incómodo cuando la gente lo sujeta entre sus manos, pero jamás me veréis apartarme bruscamente o darle un manotazo a nadie) para así protegerte mejor; y para limpiarlo de negatividad, hay que frotarlo con ceniza de incienso (esto último no lo he hecho nunca)
La verdad, es que al principio tenía cierto escepticismo, pero ese mismo año me vi en varias situaciones en las cuales me salvé de irme al más allá de puro milagro, por lo que empecé a pensar que algo de cierto había en lo que me dijo el chico de la tienda. Preguntándole a una clienta habitual de mi curro que dice que es bruja y se dedica a la adivinación, me dijo que en efecto, se trata de un símbolo de protección y que en absoluto es negativo, si no todo lo contrario; incluso me llegó a decir que este mismo símbolo fue adoptado por los cristianos primitivos. Al ver que varias personas que suelen entender del tema coincidían en sus versiones, decidí desterrar posibles preocupaciones sobre la peligrosidad o no del amuleto en sí.
Años más tarde, mi madre tenía una racha un poquito más fastidiada, y aprovechando una visita que le hice, fuímos a la misma tienda (a día de hoy está cerrada) y compré otro nuevo para ella. Este segundo amuleto, era ligeramente más grande, y a mi madre (la cual es de estatura normal, aunque desde mi perspectiva se me antoja bajita, dicho sea todo desde el cariño de su hijo gigantón) no terminó de gustarle un colgante tan grande, tal como me dijo unos días después. Entonces, tomé la decisión de intercambiar los colgantes llevando ella el que me regaló a mí, y yo el que le compré a ella. Se podría decir que hemos "transgredido las reglas", pues al fin y al cabo, cada uno de nosotros lleva el que compró; pero yo he querido darle otro significado más especial:
El que mi madre me regaló, me sirvió y protegió bien durante años; durante ese tiempo, el amuleto se ha estado impregnando de mi, de mi "energía". Las madres nos lo dan todo, y a mi, incluso me dio este colgante para que yo estuviera protegido; ¿No es justo entonces que yo le devuelva parte de lo que me ha dado? En este colgante, este "Horrocrux positivo" está encerrado parte de mi ser, el cual quiere a mi madre, y le desea lo mejor y protegerla de todo mal. De la misma manera, yo llevo el que estaba destinado a ella, y que llevó durante unos días. Ha sido como renovar ese lazo madre-hijo que fue interrumpido cuando cortaron el cordón umbilical.
¿Y el amuleto tiene nombre? Diréis; pues sí, el nombre de dicho símbolo es Tetragrammaton, y podéis saber más de él aquí, aquí, y en este enlace.
Dicen que una de las cosas más bonitas en este mundo es el dar y compartir aquello que hemos recibido. Es por ello, que hago expresa mi intención de regalarle un tetragrammaton a las dos primeras personas que lo necesiten y así lo comenten en este blog.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Versión original de Distinto

Cuando la canción "El último día" del grupo madrileño "Lagarto Amarillo" se llamaba "Distinto"
Hace mucho que no la hacen así, y que no incluyen la primera estrofa ¡lástima!
Música: Lagarto Amarillo
Fotos: Recorrido por todas las que les he estado haciendo en estos años