martes, 18 de diciembre de 2012

Los hombres nunca lloran.

Este era el aspecto que tenía cuando
escribí este relato.
   Como comenté en su día, cuando estaba en 4° de la ESO, recién llegado a Torrejón, me atreví a participar en un concurso de literatura. Aquella vez, era la primera que me atrevía a hacer un relato corto y presentarlo. Con eso de que fue el primero, y sabiendo que soy así de despistado y desastre, me hice varias copias. Por desgracia, a día de hoy, no sé donde han ido a parar; por lo que, haciendo acopio de memoria de lo que fue ese primer relato y, dándole un poco más de contenido con la madurez y experiencia que me han dado los años, os presento hoy aquí, y en primicia, una versión revisada y mejorada.
   Espero sinceramente que os guste.

 







   Los hombres nunca lloran.

¿Y cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De donde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón, que me ha robado todo...

   Manolo apagó el equipo de música. La canción de José Luis Perales le aguijoneaba hoy de manera especialmente hiriente; le daba donde dolía, y era uno de esos días en los que cualquier cosa podía hacerle saltar.

  Aún estaba tratando de asimilarlo, de hacerse a la idea de su pérdida: Tantos años a su lado, tantos años juntos, tantos años de pupitre con pupitre en clase, de estudiar juntos, preparar exámenes, ir a excursiones, el entrar al instituto... Todos esos años, todas esas vivencias, dejan huella, y eso él lo sabía muy bien. Esa relación de compañeros de clase desembocó en amistad y, antes de darse cuenta, sin comerlo ni beberlo, se había descubierto a sí mismo mirándola con otros ojos. 

   Fueron, a partir de entonces, años de observarla en silencio para apartar la mirada cuando ella se giraba hacia él; años de admirarla en secreto, años de sonreír tiernamente cuando se acordaba de ella, años de no atreverse a dar el paso por temor a perder la amistad y la confianza, y con ello, perderla para siempre. Años de amarla y sufrir en silencio; años de querer decírselo y no atreverse. Años en los que, estuvo a su lado, como su sombra, como su mejor amigo, como su ángel protector. Años en los que él se había convertido en una parte imprescindible en la vida de ella, en los que le prestaba un oído para escucharla, y un hombro en el que derramar sus lágrimas. Ese era el mayor contacto que tenía con ella, y para él era suficiente.

   Pero no todo dura para siempre, la situación o iba a poder mantenerse inmutable, y un día, alguien se cruzó, y le arrebató lo que para él era el tesoro más preciado; se la habían arrebatado. ¿Quien? ¿Cuando? ¿Donde? ¿De donde había salido? ¿Cómo había sucedido? Ese torbellino de preguntas le recorrían la cabeza dando vueltas a su confusa y abotargada mente como un tiovivo. 

   Tanto tiempo, tantas vivencias, y ella no se había dado cuenta de nada; y ahora, cuando menos se lo esperaba, en la levedad de los instantes que no pasaban juntos alguien le había tomado la delantera. Estaba dolido, fastidiado, jodido... sentía que le habían herido profundamente, y que había perdido algo muy importante. Sentía tanto dolor que notaba el picor en los ojos que no sentía desde que era pequeño, desde aquella vez que lloraba por una herida que se hizo en la rodilla y su padre le dijo muy serio: "Hijo, ya eres mayor, te estás haciendo un hombre y atiéndeme a una cosa: Los hombres nunca lloran" 

   Aquella sentencia de su padre se había quedado grabado en su interior a fuego, y desde entonces, se prometió a sí mismo no volver a hacerlo nunca más. Ahora se encontraba luchando con sus convicciones de un lado, y su dolor en las líneas enemigas. Parece que las órdenes de su padre eran más fuertes, pero sólo por que había quedado con ella para dar una vuelta, y estaba a punto de llegar.

   Cuando sonó el timbre, tuvo que hacer un gran esfuerzo para no saltar de la misma manera que su corazón lo hacía, ni para abalanzarse hacia la puerta como si hubiera estado esperándola con ansia. "Sonríe como siempre" se dijo a sí mismo, "que no sospeche lo que te pasa". Tras el breve y acostumbrado saludo de dos amigos de toda la vida, comenzaron a pasear.

- ¿Cómo estás?

- Como siempre, ya sabes: mucho trabajo, poco tiempo para desarrollarlo, y cada vez menos personal para hacerlo.- Respondió él.

- Manolo, te conozco de toda la vida, y sé perfectamente que te pasa algo. Ya sé que acostumbras a ponerte esa máscara de hombre de piedra al que nada le afecta.

- No empieces, Laura

- ¡Manolo!.- Le espetó ella. - Llevas toda la vida cuidando de mí; ¿no es justo que por una vez te dejes cuidar?

- ¿Por quién? ¿Por ti? Dudo mucho que seas capaz de ello a juzgar por todo lo que he tenido que ver de ti.

- Pero ¿Se puede saber qué te pasa?.- Se empezó a enfadar ella

- Me pasa que llevo toda la vida a tu lado, ayudándote, protegiéndote. Sé perfectamente de lo que eres o no capaz; de lo que puedes abordar y lo que no. ¿Y pretendes ayudarme? Me temo que es un poco tarde para ello. Además, si es algo que ni yo puedo manejar ¿Qué te hace pensar que tú sí podrás?

- Manolo, te estás pasando.

- ¿Que me estoy pasando? No tienes ni puta idea. No sabes por todo lo que he tenido que pasar, que soportar y sufrir, ni por lo que estoy pasando ahora mismo. ¿Y por qué? Porque tú siempre has estado entre algodones, por que siempre ha habido alguien cuidando de ti, apartándote cada piedra del camino, dispuesto a recogerte si caías... Para ti ha sido todo muy, pero que muy fácil; y hay quien se ha llevado todas las ostias que la vida da y que estaban destinadas a ti. ¿Qué vas a saber tú de la vida? ¿Cómo vas a pretender ayudar a alguien si no has sabido jamás cuidar ni de ti misma?

   La incredulidad se mezcló con rabia en el interior de Laura. Ambas se reflejaban en su rostro, y se dejaron ver en unas furibundas lágrimas que brotaron de sus ojos.

- Eres... ¡eres un imbécil!.- Dijo enfurecida -¿Ves esto, gilipollas insensible?.- Preguntó señalándose los surcos que su llanto dejaba en sus mejillas. - ¡Son lágrimas, maldito estúpido, y no te hace menos hombre soltarlas! ¿Dices que yo no soy capaz de cuidar de los demás por que no soy capaz de cuidar de mí misma? Para sacar a alguien del pozo de la tristeza, hay que saber sentirla. No puedes cuidar de alguien si no conoces lo que siente. Me parece mentira que alguien como tú estuviera a mi lado tantos años. ¿Tan superior te sientes? No te preocupes, que jamás tendrás que volver a cuidar de mí. 

   Apretó a correr dejándole ahí de pie, observándola con un fingido gesto de indiferencia. Al final había pasado lo que él siempre había temido. La acababa de perder. A la distancia a la que se encontraba ya no podría oír el sollozo que había estado reprimiendo. "¡Al cuerno lo que dijo mi padre!" Pensó "Lo necesito" y las lágrimas empezaron a salir a borbotones. Miró en dirección a ella por última vez; parece que la discusión también la había afectado: en su huida había tropezado y se había caído. 

   Con horror, observó como un vehículo con sin luces se dirigía a toda velocidad a donde ella estaba tirada. Sin saber de donde le vinieron las fuerzas, Manolo cruzó la distancia en unas pocas zancadas "¡Voy a llegar a tiempo! ¡voy a llegar a tiempo!" Se decía como un mantra para darse ánimos. Cinco metros: Los recuerdos de toda una vida acudían a su mente. Cuatro metros: La nochevieja que estuvieron charlando en el descampado del barrio contándose los propósitos de año nuevo hasta que amaneció. Tres metros: El post-operatorio de su intervención de apendicitis. Dos metros: La noche que pasó abrazado a ella para consolarla cuando murió su padre. Un metro: Su cara radiante de felicidad cuando volvió de vacaciones y le dijo que tenía novio... Una última zancada y un empujón ¡había llegado a tiempo! a esa sensación le siguió un estallido de dolor y después la oscuridad.

   Despertó dolorido, con una sensación de dolor inmensa, y otra desconocida hasta entonces: la de sus fuerzas abandonándole. Notaba algo que le nublaba la visión; eran sus propias lágrimas. Frente a él, el rostro que tan bien conocía: ella también lloraba.

- ¡Manolo!

- Laura... - Dijo con un hilo de voz

- Te vas a poner bien. La ambulancia está en camino

- ¿Tú estás bien? - Cada vez le costaba más hablar

- Sí, estoy bien.- Dijo sin dejar de llorar.- Como siempre, tú estás aquí para ayudarme 

- Me temo... me temo que eso se acaba

- ¡No digas eso ni en broma! - Casi le gritó. - Te necesito, al igual que siempre te he necesitado

- Laura, yo...- Sabía que le costaría mucho decir las palabras, pero nunca se imaginó decirlas en semejantes circunstancias

- ¡Chsssst!.- Le dijo con dulzura.- Calla. Lo sé, siempre lo he sabido. Tonta de mí, siempre esperé a que te decidieras; pero nunca diste el paso y... me cansé de esperar. He sido una estúpida ¿verdad? Por que yo... yo también te quiero.

- Supongo que más vale tarde que nunca.- Dijo él sonriendo con un tanto de acidez.

- Nunca, nunca es tarde, Manolo.

- Sí, mi vida... me temo que sí lo es. Tú no quieres verlo, pero yo lo noto... Ya... ya me queda poco. Creo que hoy no me he portado bien contigo; creo que me he ganado el infierno. Así que necesito un favor: Bésame... bésame, por favor; déjame catar un poquito de cielo antes de irme al lado contrario.

   Ella negó con la cabeza y apretó mucho los ojos al cerrarlos. No quería aceptar la idea.

- Manolo, ¡te he dicho que no! No vas a morirte, no quiero que mueras... ¡YO TE NECESITO!

- Laura... ¡por favor!

   Con la cara totalmente empapada en lágrimas, Laura se acercó lentamente a él. Aquel beso, el que ambos esperaban y no terminaba de llegar, lo hizo en una situación con la que ninguno de los dos soñó jamás. Un tímido primer contacto fue seguido por otro más prolongado y tierno. Al poco, Laura notó que la respuesta iba desapareciendo; sintió que los labios que besaba perdían movilidad y temperatura. Se separó unos instantes; los justos para cerrar sus párpados y abrazarle con fuerza, como queriendo que aquel cuerpo no acompañase al alma que lo había habitado dejándola sola.

   A lo lejos, las sirenas sonaban rompiendo el silencio de la noche.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Happy Birthday, Sister

   Hoy 17 de Diciembre, cumple años una vieja amiga, mi querida "sister" Tere. He de decir, que es una da las pocas personas que conservo aún a mi lado, a pesar de las distancias, y a pesar de que podemos tirarnos meses sin saber el uno del otro.

   Conocí a Tere en una Pascua en Bujedo (Burgos) organizada por "La Salle". Yo iba junto con la gente de mi parroquia de Torrejón, e íbamos como "invitados" por que resulta que María, nuestra catequista (hermana Dominica), conocía a alguien dentro del entorno de "La Salle". La verdad es que fue algo que se nos antojó alienígena cuanto menos (o al menos eso me pareció a mi). Éramos 400 personas, y todos del citado colegio... Todos menos nosotros. Me llamó poderosamente la atención que todos eran de la mitad norte de la península, y que nosotros éramos los más sureños; y lo que ya me remató fue la conversación con unos chavalitos de.... ni me acuerdo, ni me importa de donde eran, ya veréis la profundidad de la conversación:

- ¿De qué centro de La Salle sois?
- De ninguno, nosotros venimos de una parroquia de Torrejón
- ¿Y eso donde está?
- En Madrid. 

   A partir de ese momento la cara le cambió, mutándose en una expresión como de estar oliendo una mierda de un tamaño descomunal que estaba situada a escasos centímetros de su cara. No os perdáis la respuesta.

- ¡Uffff! Es que hace mucho que no viene gente de Madrid; hace cinco años que pillaron a unos fumándose un porro la primera noche, y mandamos a todos de vuelta a Madrid. Desde entonces, la gente de Madrid está vetada.

   Sí, amigos míos, ese tipo de fauna nos acompañó en la primera Pascua que vivíamos la gente de mi parro... Una práctica habitual para facilitar la interactuación con gente de otros lados y así no formar gettos, era el separarnos por grupos entremezclados a la hora de las catequesis, y yo creo que ese año el de arriba me quiso poner bastante a prueba, pues el grupito que me tocó en suerte eran del mismo palo que el chaval anterior. Pero la gracia eran sus "poses"; es decir, uno decoró su carpeta con dibujos de Marylin Manson, Metallica, Megadeth, para ir de duro (¡Naaaaada, ese iba de malote para ver si mojaba el churro!), pero costaba imaginarse que realmente le gustase ese tipo de música viendo como le veía con sus Levi's recién estrenados, sus relucientes Nike... e incluso su jersey Lacoste anudado al cuello que se trajo un día el chavalote... Ese tenía de Heavy lo que yo de miembro de la casa real británica. Luego les oías hablar y... ¡Leñes! Esa gente era de lo más exclusiva y excluyente que he visto en mi vida. Pero es que incluso el sacerdote en cuestión me dejó una impresión penosa; se quiso presentar el primer día en plan revolucionario, diciendo que le apodaban "El padre Apeles", y en realidad incluso fomentaba el tema de ser excluyentes, como si la vida más allá de "la Salle", y la gente que no estuviera allí, no mereciesen la pena, como si fuesen personas de tercera...

 -¡Anda que... macho ya te vale!.- Le dije al de arriba en mi oración de la noche. - ¿Tú qué pretendes? ¿Que acabe volviéndome ateo? Por que... ¡Hay que ver en medio de qué fauna me has soltado!.

   Los únicos momentos que disfrutábamos los de Torrejón era cuando nos podíamos poner juntos en el desayuno, o en los ratos libres, pero cuando llegaba el rato de las catequesis, mi cerebro se desconectaba (total, ¡para el caso que me hacían! Las poquitas veces que hablé intentando hacerles ver que había vida más allá de las instalaciones de "La Salle" y que la gente necesitada no eran objetos para que ellos "ganasen puntos" a su costa en el currículum del colegio haciendo voluntariados, casi me devoran vivo, y decidieron que no pasaba nada si yo permanecía callado durante esas casi dos horas), y repetía mentalmente el mantra: "Estoesunamierdaestoesunamierdaestoesunamierdaestoesunamierda...."

   Entonces apareció ella. Para ser justos, en realidad ella estuvo allí todo el tiempo, pero no reparamos realmente el uno en el otro hasta casi el último día (¡y eso que estábamos en el mismo grupo! Lo que pasa es que ella ya sabía de qué iba la vaina, y había tomado la opción silenciosa desde el primer día) El caso es que ella tenía una actitud de "paso una mierda de lo que digan o piensen los demás de mi", y eso me gustó; vi que también le gustaban "Héroes del Silencio", así que ya teníamos más en común. La última noche, los torrejoneros decidimos que era hora de liarla ya que era la última vez que dormiríamos allí, que ya queríamos soltarnos el pelo un poco, y fuimos preparando un motín para que esa noche no durmiese ni quisqui... mi nueva amiga nos apoyó desde el principio. Sentí que era una lástima no haberla conocido más, así que me animé a pedirle la dirección para poder cartearnos.

   Pues en efecto, a través de las cartas, nos fuimos conociendo cada vez más, y fuimos descubriéndonos que éramos bastante parecidos. En esas cartas kilométricas que nos escribíamos (rara vez bajaban de 3 folios por las dos caras), nos contábamos de todo: cómo nos iba la vida, nuestras alegrías y penas... los lazos se fueron reforzando muchísimo, éramos cada uno el mejor confidente del otro. Y así pasó que un día, destrozado como estaba por el fin de una relación que me había marcado (de las poquitas veces que he estado enamorado de verdad, de ahí que acabase tan hecho polvo), le dije que para mí era como una hermana, por que era alguien que, a pesar de la distancia, sentía muy cercana, muy íntima, muy familiar... cuando me respondió aquella carta con un "¿Qué pasa, hermano?" ya vi que la sintonía era total, y que los sentimientos eran correspondidos.

Testimonio gráfico de mi primera
visita a tierras Palentinas
   A partir de ese día, tenía una hermana más; una de mi edad y con la que compartía mucho más que con mis propias hermanas. Durante todos estos años (15 para ser exactos), hemos mantenido el contacto, nos hemos contado aventuras y desventuras... Cuando por fin tuve carnet de conducir y coche, sentí que era el momento de hacerle una visita después de tanto tiempo. y a esa visita le sucedieron un par más donde compartimos charlas, vinos, cervezas, risas... si tuviera que ponerle una pega a nuestra relación, es la distancia y el no haber podido disfrutar de más tiempo juntos. Ella y yo somos la prueba de que un hombre y una mujer sí pueden ser amigos.

Los años te han tratado muy bien, sis
   No os creáis que somos iguales y calcados; también hay cosas que nos diferencian y mucho, e incluso temas en los que discreparíamos si hablásemos de ellos, pero directamente no los tocamos para no discutir, y ya está. Además, es mucho más intenso lo que nos une que lo que nos separa. También en nuestra vida hay paralelismos sin comerlo ni beberlo, y sin haberlo planeado: Ella estuvo en Nicaragua hace unos años por trabajo, y mira por donde, ahora yo estoy en Panamá. Pero lo más importante estaba por llegar: ambos hemos sido padres este año.

   No sé si estas líneas le hacen justicia, o hacen justicia a todos estos años; pero, queridísima hermana Tere, mi querida sister Jo. Te deseo un muy feliz cumpleaños desde este lado del Atlántico. Sólo puedo añadir un tremendo GRACIAS por todos estos años y lo compartido en ellos, y pedirte que nunca cambies; que a pesar de la distancia, a pesar del tiempo que podemos tirarnos el uno sin saber del otro, pueda tener la tranquilidad de saber que siempre estarás allí al igual que yo lo estoy.

   Un tremendo abrazo.








domingo, 16 de diciembre de 2012

Mira, chato...

   Hoy me ha pasado algo realmente curioso. Había decidido dejarlo correr, pero cuando algo te reconcome por dentro, creo que es mejor soltarlo.

   Hoy hemos acudido a misa como todos los Domingos; hemos sido "madrugadores", pues la de niños es a las 10:00 de la mañana. La iglesia del Carmen, que es a la que acudimos, tiene varios accesos, y una gran explanada donde poder aparcar; y aún así, suele ser complicado encontrar sitio. Afortunadamente, hay un solar anexo protegido con una puerta, que durante el día permanece abierto para que podamos aparcar y así evitar la tentación de aparcar en medio de la calzada (cosa muy habitual en este país, por cierto), así que nos hemos ido a ese solar.

   En el acceso, había un mendigo, un hombre de unos cuarenta y muchos, al cual la gente le iba dando (o no) algunas monedas. He de decir, que en esta iglesia te encuentras tres personas pidiendo en cada acceso al templo, más varios chavales haciendo de "gorrillas" ayudándote a aparcar, y que incluso por una propinilla te lavan el coche (la gente se busca la vida como puede).

   El caso es que después de salir de misa, nos hemos dirigido al coche; el mendigo no estaba, pero sí uno de los gorrillas sentado a la sombra. Hemos ido al coche, hemos montado al peque, y hemos salido. Justo cuando llegábamos a la puerta de acceso, el buen hombre ha aparecido, y al ver que no hemos parado para darle dinero, el tío ha salido como alma que lleva el diablo corriendo detrás del coche; ha pegado la cara al cristal (no hemos oído los improperios que nos ha podido soltar, pero sí el último comentario ácido y lleno de mala leche "¡Ya te lo pagarán en el cielo!") Sinceramente, no he querido bajarme a decirle cuatro cosas, por que no era plan, pero... espero que me disculpéis por desahogarme aquí:

   "Mira, chato. En esta iglesia hay más gente pidiendo que dentro del templo (que ya es decir), y que yo sepa, la caridad es algo que surge de uno, no algo que se exige así de buenas a primeras.

    En cada puerta de entrada al tempo (3 he contado), hay por lo menos dos madres con sus hijos pequeños (algunos de meses), más gente vendiendo chucherías (a las que no les he comprado nada, y como dato, uno incluso estaba vendiendo alcohol, botellas de Ron "El abuelo" para más señas). En la zona del aparcamiento, he contado por lo menos a 10 personas dando indicaciones a la gente para que aparque, y algunos incluso lavando vehículos. Tú te limitas a sentarte a la sombra, y te ausentas para luego aparecer de la nada (por cierto, no se me ha escapado el detalle de lo que llevabas en la mano, una lata de Balboa) y pretender que te den dinero así, por tu cara bonita.

   No tengo que darte explicaciones de ningún tipo, pero ya que, sin conocerme has emitido un juicio de valor, te las voy a dar, y además voy a juzgarte yo a ti, a ver qué tal te sienta. No suelo ser de ir contando por ahí a quién le doy limosna y a quien no, ni tampoco de decir a donde destino mis donaciones, por aquello de "Que no sepa tu mano derecha lo que da tu izquierda", pero ya que me has tocado tanto lo que no suena... Siempre suelo echar unas monedillas en la colecta, y mira por donde, que hoy ha habido una segunda colecta para apoyar unas escuelas infantiles y de capacitación profesional para chavales sin recursos y que están en la calle (proyecto por cierto, que sí que existe, y que están ampliando para dar cabida a más chavales con la construcción de un tercer módulo); otras veces la segunda colecta ha ido destinada a comedores sociales, albergues... El caso es que entre las dos colectas, más unas monedas que he dado a una de las madres en la puerta, he vaciado la cartera; es verídico, no tenía ni un centavo. ¿Que podría haberte dado algo a ti? Probablemente, pero viendo que no "te lo curras" como el resto de la gente que está en el aparcamiento, viendo en qué lo inviertes (un brick de jugo es más barato, más nutritivo, menos dañino e igual de refrescante que la cerveza que portabas) y que (repito) NO TENÍA NI CINCO, pues como comprenderás, no te he dado nada.

   Por cierto, en el tiempo en que has salido disparado echo una furia detrás de mi vehículo, han salido detrás otros tres coches, y entraban otras dos familias a retirar el suyo, por lo que en tu rabia ciega por reclamar lo que no te iba a dar, has perdido 5 potenciales personas que te podrían haber dado incluso más que yo, que tengo el mal vicio de no llevar dinero en metálico nunca encima, y el poco que llevo, suele ser calderilla..

   Añado: el chantaje emocional, pretendiendo etiquetarme como mal cristiano, es un golpe bajo que en mí no tiene efecto. Si pretendías darme clases de fe, empieza tú por no juzgar al prójimo y mirarle con mirada de amor. Eso sí, no te preocupes, el próximo día, te llevaré un sandwich y un jugo; por que para comer no tengo inconveniente en dar y compartir, pero yo NO LE PAGO VICIOS A NADIE. ¿A que jode que te juzguen sin conocerte? Pues eso

Y los ángeles lloraron

   Daba un paseo yo, por eso de estirar un poco las piernas y despejar la mente de estar todo un día encerrado, cuando mis pasos me llevaron a las proximidades de un cementerio. 
   No sé por qué, pero desde pequeño los cementerios siempre me han despertado curiosidad, interés y fascinación; hasta el punto de que en uno de los paseos que mis padres daban con mis hermanas y conmigo los fines de semana por las tardes, decidieron hacernos entrar en uno para ver si así se nos quitaba la curiosidad. No funcionó; mis ojos recorrían todas y cada una de las tumbas; y aunque todas parecían normales, acabé encontrando algunas más elaboradas, con unas bellísimas esculturas, y eso acabó por fascinarme: el cómo la gente era capaz de poner tanta belleza en algo que supone un dolor tan profundo.

    No es algo que se me haya pasado, y en los trágicos momentos en los que me he visto obligado a acudir a un camposanto, he aprovechado para dar un paseo entre los lugares de reposo, y volver a admirar la dedicación de las esculturas que marcan los lugares en los que reposan los restos de personas, familias...

   "¡Bueno!" Me dije "Parece que esta vez no vengo a despedir a nadie, si no al azar" Por lo que, teniendo como tenía todo el tiempo del mundo para visitar ese museo de la escultura, decidí adentrarme y dejarme sorprender por las estatuas que me pudiera encontrar.

    ¡Vaya! Parece que no iba a estar sólo; ese día había bastante gente despidiéndose de seres queridos: rostros desencajados por el dolor, lágrimas cayendo en torrentes y el saber que están allí para despedirse por última vez de los suyos. Sí, son unas fechas muy malas para perder al alguien, estando como están tan cerca las navidades.

 

  Aunque no soy amigo de los cotilleos, sí que me acerqué despacito, y con discreción, tratando de saber quién había muerto, y de qué forma, para que hubiese tanta gente allí congregada. Pronto me arrepentí de que la curiosidad hubiera podido conmigo: los que habían dejado este puñetero planeta lleno de odio habían sido niños, infinidad de ellos. Sus dulces vidas, sus inocentes existencias, habían sido arrebatadas por un chalado con un arma. 


   Tuve que hacer un gran esfuerzo para no unirme en las lágrimas que derramaban los padres, abuelos, hermanos... Es algo realmente doloroso el que te quiten así, de la noche a la mañana, a alguien que quieres, a alguien a quien te unen lazos de sangre, y esta, sabemos que es más espesa que el agua.

 

  Me alejé, buscando distancia.¡Al cuerno! Lo que quería era huir, huir del dolor ajeno, poner distancia entre esa gente herida en el alma y yo, alejarme del mar de lágrimas antes de que este me abrumase y acabase muriendo ahogado entre esas aguas llenas de hiel y dolor.


   En mi torpe caminar, pude verla de lejos. Allí estaba, sentada con toda la calma y tranquilidad del mundo; dándose unos aires como de la satisfacción del deber cumplido; con la sonrisa de haberse llenado el vientre y saciado su hambre macabra. 



   La Muerte, la Parka en persona nada menos, sentada encima de una tumba, aspirando el aire que la rodeaba, con la capucha de su túnica bajada, y la guadaña reposando en el suelo. Me miró durante un par de segundos, me guiñó un ojo, y me sonrió con malicia. "¡Hija de puta!" Mascullé mientras me acercaba a ella resuelto y furioso; quería golpearla, una y otra vez, hasta lastimarme los nudillos. Quería borrarle a puñetazos su asquerosa y petulante sonrisa, hacer trizas su huesudo rostro, hasta suplicar piedad y pedir perdón a los familiares de los niños fallecidos. 

   Debió notar mis intenciones, pues se puso en pie, y me miró fijamente, con rostro inmutable. Tocó con uno de sus esqueléticos dedos a un pajarillo que pasaba volando a su vera, y este cayó fulminado en el acto. "Cuidadito con lo que haces" Me dijo "Ahora mismo estoy saciada, pero no le suelo hacer ascos a las chucherías". El sentido común me hizo frenarme, escupí a sus pies y le dije a modo de despedida: "Cuando vengas a por mí, no te lo pondré tan fácil, puedes estar segura de ello" "Desde luego que no" Respondió ella "Me decepcionarías mucho si no fuese así"

   Estaba rabioso; otra vez las malditas armas habían sido las que habían arrebatado vidas. Si hay un culpable, está claro que es el asesino, el niñato que cogió un arma que le fue tan fácil conseguir como a mí me sería comprar una caja de donuts, y decidió que era muy buena idea el descargarla sobre aquellos niños inocentes que nada le habían hecho. Pero no es el que aprieta el gatillo el único culpable; también lo son quienes le ponen las pistolas al alcance de su mano:



   Desde los vendedores, hasta los políticos que siguen permitiendo esa libre proliferación de muerte metálica, pasando por los famosos que bendicen y defienden su uso para arrebatar vidas con el argumento de que es para sentirse más seguros, y por los propios padres, que han educado a dicha persona para que lo vea todo normal. Todas esas personas son cómplices de esos asesinatos, y sus manos están tan manchadas de sangre como las de él. Y sobre todo, la odiaba a ella: A la maldita cara de hueso, que no había dudado en cabalgar sobre las pequeñas gotas de muerte, sobre las pequeñas y mortíferas piezas de plomo que habían arrebatado esas vidas para saciar su apetito. "¡Maldita zorra! Te romperé la cara, ya lo creo que sí" Pensaba aún furioso.   



   Volví a caminar, buscando la salida de aquel cementerio; por primera vez en mi vida, no quería estar ahí dentro, me importaban un comino las bellas esculturas, y los trabajados grabados en letra gótica de las lápidas. Pero quien me conoce, sabe de mi malísimo sentido de la orientación, y no es de extrañar que me volviera a perder. Ignoraba que el cementerio fuese tan grande, pero era extraño: no recordaba haber visitado esta zona, ni me sonaba haberla visto antes.




   Me encontraba frente a una tumba donde se hallaba la estatua de un ángel, el cual yacía sobre la tumba, llorando. Me conmovió muchísimo la estatua, y sin darme cuenta, me había aproximado a la tumba, admirado por la belleza de la escultura, admirando cada detalle de su fisionomía, y el trabajo que el escultor le había dedicado. Parecía tan real que, conmovido por la expresión corporal de su dolor, mis manos estaban posándose en sus brazos, buscando darle consuelo en su dolor y pesar. 




 
  Me asusté al comprobar que el frío tacto de la piedra se había convertido en el cálido de la piel y carne humanas. Sobresaltado, y como si me hubiera sacudido una descarga eléctrica, retiré mi mano presa del terror. Ella (pues se trataba de un ángel femenino), levantó su mirada, con su rostro aún surcado por las lágrimas. Su cara, que aún conservaba los rastros del dolor, me sonrió con ternura.

   "No tengas miedo" Me dijo "¿Q- qu- quién eres?" Acerté a preguntar. Su sonrisa se amplió; no había maldad en ella, sólo dulzura. "Soy un ángel, un ángel de la guarda. Todos lo somos"



 
  Miré en derredor, y la sorpresa aumentó: decenas de ángeles estaban allí, y todos lloraban, en silencio y con desconsuelo. "Pero ¿qué pasa?" Pregunté un poco más sereno. Su pena se podía palpar en el aire, no necesitaba tocarles para poder sentirme contagiado. 



   "Nosotras y nosotros éramos los ángeles de la guarda de todos los niños que hoy son enterrados aquí. Lloramos por que hemos fracasado en nuestra misión de protegerlos. Aunque no lo creáis, nosotros siempre estamos a vuestro lado, pero sin dejarnos ver, esa es nuestra labor. Durante el tiempo que estamos a vuestro lado, ya desde antes de vuestro nacimiento, os vamos cogiendo cariño; y a cada momento que pasa, os vamos queriendo cada vez más y más. Pero las instrucciones que tenemos son claras: no podemos mostrarnos, no podéis vernos, y no podemos influir en vuestras interactuaciones con las demás personas, al menos no de manera muy descarada. Sí, algunos a veces ignoramos esas ordenes, y hacemos que evitéis la muerte, u os recuperéis inexplicablemente de algunas enfermedades, pero es debido al inmenso amor que os tenemos, y por ello se nos suele perdonar. ¿Tienes una idea de lo que es amar a alguien, hacerlo todo por él, pero no poder dejarte ver? A veces, nos gustaría que nos pudieseis devolver los besos, caricias y bendiciones que os damos de continuo; pero si así fuera, si fuerais conscientes de ello, vuestras muestras de cariño probablemente estarían condicionadas por el amor previamente mostrado, y puede que en algunos casos no fuera amor sincero, si no condicionado, como si se tratase de una relación comercial 'yo te doy-tu me das'. Por ese motivo no podemos mostrarnos.
 
   Hoy, estamos todos aquí, llorando por que no hemos podido salvar a tantos como nos hubiera gustado, pues habría sido una transgresión de las normas demasiado grande. Para nosotros ha sido un fracasar en nuestra misión, y a veces sentimos que eso es por que no hemos sido fieles, por que no les hemos amado lo suficiente. Hoy, estamos aquí para despedirnos de niños a los que hemos querido tanto como sus padres, hermanos y abuelos les han querido. Hoy estamos aquí compartiendo el dolor de todos ellos, pero sin poderles abrazar y hacer sentir nuestro amor y pena."

 

   No sabía qué decirles, la verdad es que me encontraba bastante confuso. Simplemente miré a todos aquellos ángeles; quería transmitirles mi comprensión y ternura, pero no sabía cómo. Me fijé en un ángel en particular: se trataba de una pequeña niña que lloraba con desconsuelo.




   "Era su primer protegido" Me dijo el ángel de la tumba. "Ella murió de la misma manera, por eso le afecta aún más que a los demás" No necesité saber más: me acerqué a la pequeña, le toqué el hombro, y la abracé. Dejé que pasara todo el tiempo que hiciese falta, que descargase todo el dolor que tenía acumulado dentro. Ella lloraba, lloraba sin cesar, con la respiración entrecortada por los hipos, y sin embargo, no noté que mi camiseta se mojara a pesar de notar cómo caían las lágrimas sobre mi barriga. Cuando noté que su respiración volvía a un ritmo normal, me agaché hasta mirarle a los ojos, le sonreí tiernamente, y le dí un beso en la frente. Ella sonrió. Al alzar la vista, pude ver a todos los demás; nos miraban, contemplaban la escena, y sonreían.




    "Gracias" Musitó el ángel, y pude ver que una niebla empezaba a formarse; esta se hacía cada vez más espesa a la vez que estos parecían desvanecerse, a la vez que un llanto de bebé se oía en la lejanía. La niebla aumentaba la densidad, oscureciendo todo, los ángeles apenas se distinguían ya, y el llanto aumentaba.

   Desperté, mi pequeño hijo lloraba hambriento, reclamando su desayuno. "¡Ya voy!" Dije como suelo hacer cuando me levanto a prepararle el biberón. Me dirigí a la cocina, y mientras calentaba el agua, sonreí para mí, riéndome por haberlo creído todo real. "¡Todo fue un sueño!"

   "¡Por supuesto que fue un sueño! Pero ya lo leíste en una novela ¿verdad? Es decir, ¿el que haya sido un sueño significa que nada de eso haya sido real?"

En memoria de los fallecidos en los tiroteos de los distintos colegios en Estados Unidos, y con todo mi cariño para sus familiares y aquellos que les amaban y les ha sido arrebatada su existencia. No sé alguno lo leerá, pero aquí queda.
  

viernes, 14 de diciembre de 2012

Juramentos de las distintas linternas











Green Lanterns
In brightest day
In blackest night
No evil shall escape my sight
Let those who worship evil’s might
Beware my power, Green Lantern’s light!


En el día más brillante

En la noche más oscura


El mal no escapará de mi mira


Aquellos que alaban el poder del mal


Cuídense de mi poder, la luz de Linterna Verde.








Yellow LanternsSinestro Corps

In blackest day

In brightest night

Beware your fears made into light

Let those who try to stop what’s right

Burn like my power, Sinestro’s might!

En el día más oscuro

En la noche más brillante

Cuida que tus miedos se conviertan en luz

Aquellos que tratan de detener lo que esta bien

Ardan como mi poder, el poder de Siniestro.



Red Lanterns

With blood and rage of crimson red

Ripped from a corpse so freshly dead


Together with our hellish hate


We’ll burn you all


That is your fate!

Con sangre e ira de rojo carmesí

Arrancada de un cuerpo recien muerto

Todos juntos con nuestro odio infernal

Haremos que todos ardan

¡Ese es tu destino!







Blue Lantern


In fearful Day

In Raging Night

With strong hearts full our souls ignite.

When all seems lost in the war of Light

Look to the stars. For hope burns bright!

En un día temeroso

En una noche rabiosa

Con corazones fuertes nuestras almas 

se encienden

Cuando todo se vea perdido en la 

guerra de la luz

Mira hacia las estrellas. Porque la 

esperanza arde brillante.



Indigo Tribe

Tor lorek san, bor nakka mur,

Natromo faan tornek wot ur.

Ter Lantern ker lo Abin Sur,

Taan lek lek nok–Formorrow Sur!








Star Sapphires

For hearts long lost and full of fright,

For those alone in Blackest Night.

Accept our ring and join our fight,

Love conquers all with violet light!
Para corazones largamente perdidos

y llenos de miedo,

Para aquellos solitarios en la noche más 

negra

Acepten nuestro anillo y únanse a nuestra 

lucha,

¡El amor lo conquista todo con la Luz 

Violeta!




"This power is mine, this is my light.

Be it in bright of day, or black of night.

I lay claim to all that falls within my sight,

To take what I want...That is my right!!!"

Este poder es mío, mía es su claridad.

En el día y su luz o en la noche y su 

oscuridad,

Proclamo que todo cuanto vea sea de mi propiedad,

Para tomarlo como quiera...¡¡esa es mi voluntad!!




Black Lantern

The Blackest Night falls from the 


skies,

The darkness grows as all light dies.

We crave your hearts and your

demise,

By my black hand, the dead shall rise!

La noche más negra, desde los cielos 

caerá,

La oscuridad crecerá mientras la luz morirá.

Tomaremos sus corazones, Desgracias sufrirán,

Por mi Mano negra,¡Los Muertos se levantaran!