Todo cambia, nada permanece imperturbable, y como muestra este blog, que a partir de ya cuenta con más autores
miércoles, 17 de septiembre de 2014
De risas con los Caballeros del Zodiaco (II)
lunes, 1 de septiembre de 2014
Estereotipos de los Españoles
(Artículos de "The Huffingthon Post")
... y lo hacemos sin problemas y a todas horas. Pero eso no significa que seamos unos borrachos, más bien que el alcohol (especialmente el vino) forma parte de nuestra cultura. Porque, reconozcámoslo, tenemos los mejores caldos del mundo.
8... Y damos dos besos cuando nos presentan a alguien
También cuando nos despedimos. De hecho nos besamos siempre y lo hacemos de derecha a izquierda, justo al contrario que los franceses.
9. Hablamos muy alto
11. Somos impuntuales
El coste cero nos encanta. Allá donde haya algo gratis, allí estamos nosotros aunque no necesitemos ese algo para nada. Es algo genético: nos viene de los tiempos de Lazarillo de Tormes, la pillería y el engaño fácil es algo que nos apasiona y lo celebramos (aunque haya que hacer cola para llevarnos un simple chicle).
Y prueba de ello son estas fotos de Madrid desierto durante la última final de la Champions League disputada entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid en Lisboa. La capital se quedó totalmente desierta como ocurriera en 2010 cuando ganamos el Mundial de Sudáfrica. Luego están las encuestas: en 2008 —antes de uno y otro evento— un estudio realizado por el instituto 'IG-Investiga' recogía que más de la mitad de los españoles se declaraban aficionados al deporte rey.
13 estereotipos de los españoles que no son verdad (FOTOS, GIFS)
EL HUFFINGTON POST
Publicado: Actualizado:
¿Qué sabes de los españoles? ¿Cómo los definirías? Si le hicieses esta pregunta a un extranjero probablemente en su respuesta habría algún que otro acierto y muchos, muchos errores. Así lo pudimos ver el pasado mes de febrero en el artículo Spain, Land of 10 P.M. Dinners, Asks if It’s Time to Reset Clock, que publicaba el diario The New York Times y que iba cargado de tópicos.
Las series y películas extranjeras también ayudan a descubrir la imagen que tienen fuera de España de nosotros. En Noche y Dia, con Tom Cruise y Cameron Diaz, había toros corriendo por Sevilla y en Ahora los padres son ellos, Dustin Hoffman viajaba a España a aprender a bailar... ¡flamenco! (¿qué otra opción había?)
Ha llegado la hora de desmentir estos tópicos y aclarar cuáles de esos estereotipos NO son ciertos:
1. Todos sabemos bailar flamenco y sevillanas
No, no es verdad. Ambos son bailes típicos del sur de España y ni siquiera en esta zona sabe bailarlos todo el mundo. En otras áreas del país hay otros bailes regionales (que tampoco sabe bailar todo el mundo). En Madrid es el chotis; en Galicia, la muñeira; la jota en Aragón y la sardana en Ponilandia, por citar algunos ejemplos.

2. Nos gustan los toros
A algunos sí y a otros no. De hecho hay asociaciones antitaurinas a lo largo y ancho del país y en regiones como Ponilandia y Canarias están prohibidas las corridas.

3. Somos vagos y dormimos la siesta a diario
Nos gusta atribuirnos la siesta como uno de los grandes inventos nacionales pero eso no significa que la durmamos a diario (¡ojalá!). A la hora que deberíamos estar dedicados a ello, la mayoría estamos en el trabajo. Nuestro horario laboral suele ser de mañana y tarde. Los más afortunados, que sí pueden dormirla, son las personas mayores (jubilados) y los niños pequeños (que aún no están en edad escolar).

4. La paella es nuestra comida típica
No, es la comida típica en la Comunidad Valenciana. Cada zona tiene su gastronomía y sus propios platos. Si tuviésemos que elegir un plato nacional, ése sería sin duda la tortilla de patata.
5. Bebemos sangría constantemente
En realidad preferimos el vino o la cerveza, mientras que la sangría suele ser más popular entre los extranjeros. Los españoles la reservamos para cuando llega el verano.
6. Comemos tacos
Que hablemos español como en México no significa que comamos la misma comida ni tampoco que cantemos rancheras. Al contrario de lo que se pensaban en Cómo conocí a vuestra madre y Modern Family, en España no hay mariachis.

7. Tenemos el pelo negro, los ojos oscuros y la piel morena
Los españoles no son todos como Penélope Cruz ni tampoco como Antonio Banderas. Los hay con el pelo claro, de ojos azules y verdes y algunos tampoco se ponen morenos con el sol. Elsa Pataky también es española y no cumple el perfil de Penélope. Tampoco se adaptan los hermanos Pau y Marc Gasol ni el futbolista Gerard Piqué, novio de Shakira.
8. Somos muy religiosos y vamos a misa con frecuencia
El repaso al santoral que Pedro Almodóvar dio cuando ganó el Oscar por Hable con ella y la devoción de Antonio Banderas por la Semana Santa malagueña han transmitido al mundo una imagen de España como país muy religioso. Y sí, el país está lleno de iglesias de norte a sur pero eso no es exactamente así. España es un país aconfesional con libertad religiosa en el quesólo un 13,2% de la población acude regularmente a misa.
9. Vivimos en Madrid y Barcelona
España tiene 47 millones de habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y de ellos sólo 4,8 millones residen en estas ciudades. Esto supone un 10% de la población. El resto se reparten por otras ciudades del país siendo Valencia, Zaragoza, Sevilla y Málaga las siguientes en número de habitantes.
10. Nos pasamos el día de fiesta
Es verdad: en España todo es motivo de celebración. Nuestro calendario está lleno de fiestas, algunas tan famosas como los Sanfermines o la Tomatina y otras menos internacionales como las fiestas patronales de los pueblos (aquí puedes consultar ese calendario), pero eso no significa que vayamos a todas. No tendríamos tiempo ni seríamos físicamente capaces. Por poner un ejemplo: la Virgen del Carmen (16 de julio) es patrona de los marineros y la festividad se celebra en casi todos los pueblos costeros del país.

11. La Macarena es nuestra única canción
Los del Río lo hicieron bien (hay que reconocerlo) pero ellos no son los únicos artistas españoles que han tenido éxito internacional. De hecho La Macarena fue la tercera canción española en entrar en las listas de éxitos estadounidenses. Antes lo hicieron el Eres tú de Mocedades y El himno a la alegría de Miguel Ríos. Otros como Rocío Dúrcal, Joaquín Sabina, Julio Iglesias o su hijo Enrique también han conseguido hacerse un hueco en el panorama internacional.

12. Hace muuuucho calor
Sí, tenemos buen tiempo pero no todo el año ni tampoco en todas las regiones. Mientras en el sur de España el calor está prácticamente garantizado desde que empieza la primavera y hasta que nos adentramos en el otoño, en le norte la cosa cambia. En Galicia, Asturias o Cantabria te puedes encontrar fácilmente con días de lluvia en verano (aunque no tantos como se tiende a decir) y en Madrid o Castilla-León te puedes enfrentar nieves y heladas en invierno. Calor sí, pero con matices.

13. Rafa Nadal es nuestro único deportista
Estamos orgullosos de él. Nos gusta que gane torneos Grand Slam y que nos represente a nivel mundial, pero eso no significa que sea nuestro único deportista. Ni siquiera nuestro único deportista de éxito internacional. En este grupo también podríamos meter a los hermanos Gasol, Marc Márquez, Fernando Alonso o incluso la nadadora Mireia Belmonte.
13 estereotipos de los españoles que son ciertos (VÍDEOS, GIFS)
EL HUFFINGTON POST
Publicado: Actualizado:
Primeros desmentimos esos estereotipos que tienen los extranjeros sobre los españoles (ya sabes: que bailamos todos flamenco, que nos gustan los toros, que nuestra única canción es La Macarena...) y ahora toca hacer lo contrario. Reconocer cuáles de los tópicos más extendidos sobre nuestro país que SÍ son ciertos. Porque nos guste o no, algunos son reales...
1. Hablamos mal inglés
Lo tenemos que asumir: los idiomas no se nos dan demasiado bien. Y sufrimos especialmente con el inglés. Una de las razones es que en España vemos el cine doblado (no en versión original subtitulada, como en otros muchos países de Europa) y eso dificulta que hagamos oído y nos familiaricemos con las entonaciones. A esto se une, entre otras cosas, que tenemos un tremendo miedo al ridículo y eso nos impide a lanzarnos a hablar la lengua de Shakespeare. Según una estudio hecho por la OCU, nueve de cada 10 españoles siente vergüenza a la hora de comunicarse en este idioma.
2. Nos gusta beber...

... y lo hacemos sin problemas y a todas horas. Pero eso no significa que seamos unos borrachos, más bien que el alcohol (especialmente el vino) forma parte de nuestra cultura. Porque, reconozcámoslo, tenemos los mejores caldos del mundo.
3. Y también comer
Podemos prolongar una comida de fin de semana con la familia hasta la hora de la cena. ¡Que nadie pase hambre ni se quede con sed!
4. Somos muy familiares

La familia es lo primero. Para disfrutar de una cena o comida abundantes, para ir de fiesta o si, llegado el caso, tenemos que ir a los Oscar. Para una entrega así nos llevamos a nuestra hermana (Penélope Cruz), nuestra madre (Javier Bardem) o cualquier familiar cercano.
5. Tenemos muuuuuchos bares

Solemos decir que hay un bar por cada habitante y no es tan exagerado como parece. Un estudio realizado por Coca-Cola en 2013 recogía que existe un establecimiento de este tipo por cada 132 habitantes. Es decir hay un total de 350.000 para dividir entre los 47,2 millones de habitantes del país.
6. Cocinamos bien (muy bien)

Porque además de paellas, en España tenemos una gran rica y variada gastronomía. Gazpacho, pisto, cocido, empanada, pulpo, migas... y por supuesto, tortilla de patata. Además tenemos 171 restaurantes con estrella Michelín, de los cuales ocho tienen la máxima condecoración (tres estrellas).
7. Nos gusta darnos abrazos...

8... Y damos dos besos cuando nos presentan a alguien

También cuando nos despedimos. De hecho nos besamos siempre y lo hacemos de derecha a izquierda, justo al contrario que los franceses.
9. Hablamos muy alto
... A veces hasta podríamos decir que gritamos al hablar.
10. Gestionamos mal los horarios

Empezamos el día muy tarde, comemos muy tarde, cenamos tardísimo y nos vamos a la cama más tarde todavía. Cuando en Europa ya llevan dos horas durmiendo, en España seguimos viendo la película de prime time o el partido de fútbol de turno. Porque los partidos de liga se programan en todos los horarios, incluidos los lunes a las 22:00 horas.
11. Somos impuntuales

Por alguna extraña razón, no sabemos muy bien cuál, tendemos a llegar tarde a los sitios. Debe de ir en los genes.
12. Nos gusta el todo gratis

El coste cero nos encanta. Allá donde haya algo gratis, allí estamos nosotros aunque no necesitemos ese algo para nada. Es algo genético: nos viene de los tiempos de Lazarillo de Tormes, la pillería y el engaño fácil es algo que nos apasiona y lo celebramos (aunque haya que hacer cola para llevarnos un simple chicle).
13. Nos encanta el fútbol

Y prueba de ello son estas fotos de Madrid desierto durante la última final de la Champions League disputada entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid en Lisboa. La capital se quedó totalmente desierta como ocurriera en 2010 cuando ganamos el Mundial de Sudáfrica. Luego están las encuestas: en 2008 —antes de uno y otro evento— un estudio realizado por el instituto 'IG-Investiga' recogía que más de la mitad de los españoles se declaraban aficionados al deporte rey.
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sábado, 30 de agosto de 2014
¡Me cago en Microsoft, y punto!
Mi historia de amor y odio con Windows:
Compré un portátil con Windows 7, el cual no me iba mal, hasta que descubrí que ciertas aplicaciones hacían que se ralentizase. Ya sabéis que cuando compras un ordenador con Sistema Operativo instalado, no te dan el DVD con este por si necesitas formatearlo en algún momento (cosa habitual por otro lado).
El caso es que cuando esto empezó a fallar más que una escopeta de feria, decidí pasarme a Linux. La verdad es que muy bien: puedo navegar sin problemas, e incluso el ordenador me responde más rápido y se cuelga menos; pero.... ¡Mierda! resulta que muchos programas que utilizaba no son compatibles con Linux, y los pocos juegos a los que dedicaba el rato, no funcionan en dicho SO; por lo que este verano decidí hacerme una partición con Windows.... ¡No veáis lo que me costó encontrar un Windows 7 original! Cuando Microsoft saca una nueva versión, quita todas las demás del mercado. ¿Cual es el problema? Pues que Windows 8 es la peor idea que han podido tener estos señores. Es una estupenda opción para dispositivos táctiles como tablets o teléfonos móviles, pero es una auténtica cagada para los ordenadores convencionales.
Conseguí vía Amazon un Windows 7 original, y tras una tarde en casa de mi cuñado haciendo la famosa partición para poder arrancar desde un sistema operativo y otro, todo parecía ir sobre ruedas.
¿Qué me he encontrado? Que ahora los "señores" de Microsoft me dicen que el Windows 7 original que compré en Mayo, totalmente precintado y con su número de serie en el interior, no es original, que es una copia pirata (¡Y una mierda que os comáis, cabrones!), y automáticamente, me encuentro con que no puedo acceder a internet (sospecho porque ellos mismos me han capado el acceso a través de una de sus actualizaciones de equipo, de esas que te tienes que comer sí o sí cuando apagas el ordenador) Pero eso no es todo: cuando reinicio el ordenador desde Linux, me encuentro que este se ha quedado colgado y bloqueado, no pudiendo ni iniciar sesión, y teniendo que apagarlo a lo bestia (si eso se hace muy a menudo, se jode la respuesta del SO, teniendo que volver a formatear e instalarlo todo de nuevo.
"Señores" de Microsoft, ¿En qué puto criterio se basan ustedes para 1º: entrar en mi ordenador así por las buenas, 2º: dictaminar que mi copia original con factura, precinto intacto, y número de serie es falsa y 3º: intervenirme mi ordenador PERSONAL, bloquearme el acceso a internet y trastearme en mi aparato DE USO PERSONAL para que su rendimiento baje?
¿Saben? Estoy encontrando poco a poco en Linux programas y aplicaciones desarrollados que hacen lo mismo que hacían los programas que usaba con su sistema operativo, por lo que muy seguramente, en breve purgaré mi ordenador de su producto, pues sus prácticas me resultan cada vez más delelznables; y tengan por seguro, que viendo el buen resultado de respuesta que me está dando Linux, no voy a dudar en recomendarlo a todo el que su programa le esté haciendo las mismas putadas que a mi ¡Qué coño! Incluso estoy dispuesto a enseñarles a utilizarlo.
Así que me despido de ustedes con un ¡QUE LES JODAN! bien alto y claro
Firma: Un usuario cada vez más descontento con ustedes
Compré un portátil con Windows 7, el cual no me iba mal, hasta que descubrí que ciertas aplicaciones hacían que se ralentizase. Ya sabéis que cuando compras un ordenador con Sistema Operativo instalado, no te dan el DVD con este por si necesitas formatearlo en algún momento (cosa habitual por otro lado).
El caso es que cuando esto empezó a fallar más que una escopeta de feria, decidí pasarme a Linux. La verdad es que muy bien: puedo navegar sin problemas, e incluso el ordenador me responde más rápido y se cuelga menos; pero.... ¡Mierda! resulta que muchos programas que utilizaba no son compatibles con Linux, y los pocos juegos a los que dedicaba el rato, no funcionan en dicho SO; por lo que este verano decidí hacerme una partición con Windows.... ¡No veáis lo que me costó encontrar un Windows 7 original! Cuando Microsoft saca una nueva versión, quita todas las demás del mercado. ¿Cual es el problema? Pues que Windows 8 es la peor idea que han podido tener estos señores. Es una estupenda opción para dispositivos táctiles como tablets o teléfonos móviles, pero es una auténtica cagada para los ordenadores convencionales.
Conseguí vía Amazon un Windows 7 original, y tras una tarde en casa de mi cuñado haciendo la famosa partición para poder arrancar desde un sistema operativo y otro, todo parecía ir sobre ruedas.
¿Qué me he encontrado? Que ahora los "señores" de Microsoft me dicen que el Windows 7 original que compré en Mayo, totalmente precintado y con su número de serie en el interior, no es original, que es una copia pirata (¡Y una mierda que os comáis, cabrones!), y automáticamente, me encuentro con que no puedo acceder a internet (sospecho porque ellos mismos me han capado el acceso a través de una de sus actualizaciones de equipo, de esas que te tienes que comer sí o sí cuando apagas el ordenador) Pero eso no es todo: cuando reinicio el ordenador desde Linux, me encuentro que este se ha quedado colgado y bloqueado, no pudiendo ni iniciar sesión, y teniendo que apagarlo a lo bestia (si eso se hace muy a menudo, se jode la respuesta del SO, teniendo que volver a formatear e instalarlo todo de nuevo.
"Señores" de Microsoft, ¿En qué puto criterio se basan ustedes para 1º: entrar en mi ordenador así por las buenas, 2º: dictaminar que mi copia original con factura, precinto intacto, y número de serie es falsa y 3º: intervenirme mi ordenador PERSONAL, bloquearme el acceso a internet y trastearme en mi aparato DE USO PERSONAL para que su rendimiento baje?
¿Saben? Estoy encontrando poco a poco en Linux programas y aplicaciones desarrollados que hacen lo mismo que hacían los programas que usaba con su sistema operativo, por lo que muy seguramente, en breve purgaré mi ordenador de su producto, pues sus prácticas me resultan cada vez más delelznables; y tengan por seguro, que viendo el buen resultado de respuesta que me está dando Linux, no voy a dudar en recomendarlo a todo el que su programa le esté haciendo las mismas putadas que a mi ¡Qué coño! Incluso estoy dispuesto a enseñarles a utilizarlo.
Así que me despido de ustedes con un ¡QUE LES JODAN! bien alto y claro
Firma: Un usuario cada vez más descontento con ustedes
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martes, 26 de agosto de 2014
Una historia diferente
Erase una vez que se era, dos personas que quién sabe si realmente estaban predestinadas o no a encontrarse. Ella danzaba absorta entre capítulos, mientras el se sumergía y adentraba en la profundidad de los textos, dejándose imbuir por ellos.
El azar, un punto, una coma tal vez, un pequeño empujón inesperado, un traidor tropezón, y sus ojos abandonaron por un instante la lectura para sumergirse en los del otro. Ella se vio reflejada en esos espejos de color tabaco rubio, y se visualizó a sí misma danzando en su interior; él se zambulló en esa prístina mirada y buceó en su interior buscando refrescarse del agobiante calor del metro en Agosto.
En seguida intercambiaron las letras que componían sus nombres y aunque no eran amigos de los números, sí que compartieron los suyos; no unas medidas, ni estaturas ni peso; pero sí los que identificaban sus teléfonos para poder volver a verse en los ojos del otro con más calma.
El día de su cita, no contaban el tiempo que les restaba en el recorrido de las manecillas del reloj, o en las paradas que les separaban, si no en la intensidad de las páginas que ambos llevaban leídas. Al momento de verse, no sabían si sus corazones corrían más desbocados por la inminencia de su encuentro, o por lo excitante de sus lecturas, y fueron con paso cauto, pero decidido, el uno hacia el otro, cerrando los ojos y dejando que los labios fuesen al encuentro de las mejillas..
Fue una tarde de literatura, de viajar cada uno a los mundos que el otro había explorado, de compartir vivencias, emociones, risas y lágrimas y, una vez que las palabras cesaron, volvieron a admirarse en el reflejo de los iris de la persona que tenían enfrente.
Todo libro tiene una cubierta que, si bien es atractiva, puede no reflejar fielmente la calidad de las palabras que esta contiene. Pronto pasaron de la cubierta a leer la historia, a formar parte de ella, sumergiéndose en una relación textual en la cual se respetaban las reglas de gramática y ortografía, perdonándose con condescendencia los pequeños fallos que se pudieran cometer, pues de carne y hueso somos, y como tales, imperfectos y dados a cometer errores. Sus dedos, acostumbrados a pasar con delicadeza y decisión las páginas de los libros, se esmeraron en pasar con el mismo tacto las páginas del libro prestado y de la historia ajena de la que empezaban a formar parte, quien sabe durante cuantos capítulos.
¿Es posible que dos libros se conviertan en uno? Probablemente no, pero sí dos historias pueden confluir en un mismo relato; a veces hasta el fin, otras, se fusionarán durante un tiempo para después separarse; y ni aún así, se contará esa historia común de la misma manera, al igual que Tirso de Molina y José de Zorrilla hablaron del famoso Don Juan Tenorio. ¿Y con los protagonistas de nuestra historia? ¿Qué iba a suceder? Tened la vista a punto, presto el oído, y regaládme vuestra atención, pues en breve lo descubriremos.
No todos los libros nos cautivan por igual; y aquellos apasionados de la lectura saben que los príncipes azules destiñen, las princesas pueden volverse mezquinas y el aparente héroe, puede volverse el más vil de los villanos con tan sólo pasar la página. Ella se empecinó en comprar camisas de once varas, y él se perdía buscándole los tres pies al gato cuando todos sabemos que lo que un gato tiene son cuatro patas.
A pesar de todo, aunque visceralmente estaban deseando voltear la página casi con furia, les causaba un inmenso dolor el hecho de llegar al final de los párrafos de esta. Respiraban pesadamente, en sus ojos había mezcla de rabia y dolor; querían cerrar los ojos para dejar de verse; y aún así, anhelaban volver a verse bailando ella en ese horizonte de color tabaco rubio, y zambullirse él una vez más en las profundidades de ese azul en el que se veía reflejado con ese rictus furibundo.
Tomaron aire, y contaron hasta tres a la vez para leer ese último párrafo y verse prestos a cambiar de página impar, a la que le seguía de número par. Él puso los puntos suspensivos, ella marcó el punto y aparte. Mas ninguno de los dos tenía el valor de poner el punto y final a la historia.
Se despidieron con la corrección debida; todo el daño que podían hacerse estaba hecho: sus páginas arrugadas, la tinta corrida, y sus cubiertas aun así, representando la misma entereza como si nada hubiese pasado. Cada uno tomó su senda y siguió escribiendo su relato. De vez en cuando, una mirada melancólica se desviaba a aquellas páginas conjuntas, a aquellos micro-cuentos que arrancaban sonrisas y cálidas sensaciones, pero el recuerdo de las páginas dañadas impedía que aquellos dos libros volviesen a entrelazar sus palabras.
Ahí se sentaba él, en sus puntos suspensivos esperando a que ella terminase la frase; allí ella, contando por primera vez en su vida los minutos, anhelando que escribiese él un nuevo párrafo. Ambos sabían que lo mejor sería cerrar ese libro común para siempre, que por mucho que les gustasen los finales felices, no todas las historias tienen uno de esa naturaleza, y a la suya le había tocado una que no acababa bien. Lo más sano emocionalmente era ese punto y final que ninguno de los dos se atrevía a poner, ¿y por qué? Por que ambos sabían que, por mucho que escociese la herida, esta ahora formaba parte de su cuerpo; que no podían arrancar una página de su libro, por muy deteriorada que estuviese, pues perdería parte de su sentido, de su historia... el libro estaría incompleto.
Y ahí siguen, escribiendo cada uno su historia, procurando no volver la vista atrás; re-descubriendo el placer de leer, explorando nuevos mundos, encontrándose con nuevos personajes con los que forjar alianzas, amistades y relaciones ya sean amorosas, o de odio visceral, creándose enemigos y némesis; danzando entre las letras, bailando con las palabras, saltando entre textos, con las yemas de los dedos prestas a pasar páginas, devorando historias y poemas con avidez, y borrando sus huellas dactilares de tanto recorrer hojas y hojas con letras impresas. Pero sobre todo, dándose cuenta que su historia, la propia de cada uno de ellos, no ha finalizado aún: que hay muchas páginas por escribirse y leer todavía.
El azar, un punto, una coma tal vez, un pequeño empujón inesperado, un traidor tropezón, y sus ojos abandonaron por un instante la lectura para sumergirse en los del otro. Ella se vio reflejada en esos espejos de color tabaco rubio, y se visualizó a sí misma danzando en su interior; él se zambulló en esa prístina mirada y buceó en su interior buscando refrescarse del agobiante calor del metro en Agosto.
En seguida intercambiaron las letras que componían sus nombres y aunque no eran amigos de los números, sí que compartieron los suyos; no unas medidas, ni estaturas ni peso; pero sí los que identificaban sus teléfonos para poder volver a verse en los ojos del otro con más calma.
El día de su cita, no contaban el tiempo que les restaba en el recorrido de las manecillas del reloj, o en las paradas que les separaban, si no en la intensidad de las páginas que ambos llevaban leídas. Al momento de verse, no sabían si sus corazones corrían más desbocados por la inminencia de su encuentro, o por lo excitante de sus lecturas, y fueron con paso cauto, pero decidido, el uno hacia el otro, cerrando los ojos y dejando que los labios fuesen al encuentro de las mejillas..
Fue una tarde de literatura, de viajar cada uno a los mundos que el otro había explorado, de compartir vivencias, emociones, risas y lágrimas y, una vez que las palabras cesaron, volvieron a admirarse en el reflejo de los iris de la persona que tenían enfrente.
Todo libro tiene una cubierta que, si bien es atractiva, puede no reflejar fielmente la calidad de las palabras que esta contiene. Pronto pasaron de la cubierta a leer la historia, a formar parte de ella, sumergiéndose en una relación textual en la cual se respetaban las reglas de gramática y ortografía, perdonándose con condescendencia los pequeños fallos que se pudieran cometer, pues de carne y hueso somos, y como tales, imperfectos y dados a cometer errores. Sus dedos, acostumbrados a pasar con delicadeza y decisión las páginas de los libros, se esmeraron en pasar con el mismo tacto las páginas del libro prestado y de la historia ajena de la que empezaban a formar parte, quien sabe durante cuantos capítulos.
¿Es posible que dos libros se conviertan en uno? Probablemente no, pero sí dos historias pueden confluir en un mismo relato; a veces hasta el fin, otras, se fusionarán durante un tiempo para después separarse; y ni aún así, se contará esa historia común de la misma manera, al igual que Tirso de Molina y José de Zorrilla hablaron del famoso Don Juan Tenorio. ¿Y con los protagonistas de nuestra historia? ¿Qué iba a suceder? Tened la vista a punto, presto el oído, y regaládme vuestra atención, pues en breve lo descubriremos.
No todos los libros nos cautivan por igual; y aquellos apasionados de la lectura saben que los príncipes azules destiñen, las princesas pueden volverse mezquinas y el aparente héroe, puede volverse el más vil de los villanos con tan sólo pasar la página. Ella se empecinó en comprar camisas de once varas, y él se perdía buscándole los tres pies al gato cuando todos sabemos que lo que un gato tiene son cuatro patas.
A pesar de todo, aunque visceralmente estaban deseando voltear la página casi con furia, les causaba un inmenso dolor el hecho de llegar al final de los párrafos de esta. Respiraban pesadamente, en sus ojos había mezcla de rabia y dolor; querían cerrar los ojos para dejar de verse; y aún así, anhelaban volver a verse bailando ella en ese horizonte de color tabaco rubio, y zambullirse él una vez más en las profundidades de ese azul en el que se veía reflejado con ese rictus furibundo.
Tomaron aire, y contaron hasta tres a la vez para leer ese último párrafo y verse prestos a cambiar de página impar, a la que le seguía de número par. Él puso los puntos suspensivos, ella marcó el punto y aparte. Mas ninguno de los dos tenía el valor de poner el punto y final a la historia.
Se despidieron con la corrección debida; todo el daño que podían hacerse estaba hecho: sus páginas arrugadas, la tinta corrida, y sus cubiertas aun así, representando la misma entereza como si nada hubiese pasado. Cada uno tomó su senda y siguió escribiendo su relato. De vez en cuando, una mirada melancólica se desviaba a aquellas páginas conjuntas, a aquellos micro-cuentos que arrancaban sonrisas y cálidas sensaciones, pero el recuerdo de las páginas dañadas impedía que aquellos dos libros volviesen a entrelazar sus palabras.
Ahí se sentaba él, en sus puntos suspensivos esperando a que ella terminase la frase; allí ella, contando por primera vez en su vida los minutos, anhelando que escribiese él un nuevo párrafo. Ambos sabían que lo mejor sería cerrar ese libro común para siempre, que por mucho que les gustasen los finales felices, no todas las historias tienen uno de esa naturaleza, y a la suya le había tocado una que no acababa bien. Lo más sano emocionalmente era ese punto y final que ninguno de los dos se atrevía a poner, ¿y por qué? Por que ambos sabían que, por mucho que escociese la herida, esta ahora formaba parte de su cuerpo; que no podían arrancar una página de su libro, por muy deteriorada que estuviese, pues perdería parte de su sentido, de su historia... el libro estaría incompleto.
Y ahí siguen, escribiendo cada uno su historia, procurando no volver la vista atrás; re-descubriendo el placer de leer, explorando nuevos mundos, encontrándose con nuevos personajes con los que forjar alianzas, amistades y relaciones ya sean amorosas, o de odio visceral, creándose enemigos y némesis; danzando entre las letras, bailando con las palabras, saltando entre textos, con las yemas de los dedos prestas a pasar páginas, devorando historias y poemas con avidez, y borrando sus huellas dactilares de tanto recorrer hojas y hojas con letras impresas. Pero sobre todo, dándose cuenta que su historia, la propia de cada uno de ellos, no ha finalizado aún: que hay muchas páginas por escribirse y leer todavía.
FIN
(¿O no?)
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