Todo cambia, nada permanece imperturbable, y como muestra este blog, que a partir de ya cuenta con más autores
domingo, 20 de septiembre de 2009
Capítulo V Los pasillos del instituto
¡Qué desiertos se ven los pasillos! ¡Qué vacías las aulas! ¡Cuan pequeños se me antojan ahora los pupitres! ¿Y la pizarra? Esa pizarra que se me antojaba aterradora e inmensa cuando me tocaba salir a hacer algún ejercicio, sin tener la lección bien aprendida ni los deberes hechos. Esa pizarra que ahora no me parece tan terrible. Vacío y fantasmagórico se me antoja el instituto; y es lógico; pues estamos en Semana Santa y no hay clases; el instituto está cerrado en estas fechas.
¿Cómo es que estoy aquí dentro si se supone que está cerrado? Me encantaría decir que en un ejercicio de audacia, y rememorando una juventud en la que fui un gamberro, me he colado. Pero no es así: en realidad no rompí apenas plato alguno en mis años de estudiante; era más bien tímido, callado y bastante centrado… ¿o también me estoy mintiendo creándome esa imagen? ¡Cuan borrosos son los recuerdos cuanto más es el tiempo que nos separa de ellos! Decía que no es que me halla colado en el interior del edificio; más bien daba un paseo melancólico por lo que fue mi antiguo barrio, donde pasé los años de mis cada vez más lejanas infancia y adolescencia, cuando mis pasos me trajeron aquí.
Y aquí sigue Fermín, el conserje, después de tantos años. El poco pelo que le va quedando en la cabeza, se ha teñido de plata; su rostro, de expresión severa en mis años de juventud, está surcado ahora por las arrugas que acompañan a los años que pasan por nuestra vida, apergaminando su tez. Fermín, el conserje; antiguo amigo de mis padres, que me conoce desde que tenía cinco años; tal vez menos. Fermín, cambió su expresión seria y de enfado por haberle despertado a golpe de timbre en plena Semana Santa (tal vez pensando que se trataba de la broma gamberra de algún chaval sin nada mejor que hacer), por una afable sonrisa que yo no recuerdo haber visto en aquellos años en los que yo era un estudiante más.
No se negó en absoluto a dejarme pasar a dar un paseo por mi antiguo centro de estudios “Disculpa que no te acompañe” Me dijo “Pero tengo un par de chapuzas que hacer, y ya que me has levantado de la cama, mejor me voy poniendo manos a la obra” añade en tono socarrón.
Y aquí estoy, caminando por los pasillos del instituto; impregnándome del ambiente, intentando rememorar y recuperar aquellos años de infancia y adolescencia que ya no volverán; como cazador que persigue la presa, así voy yo, buscando recuerdos que me hagan volver a sentir y emocionarme como en aquellos días en los que era más fácil sorprenderme e impresionarme.
AYER
Mañana de Octubre; el curso ha empezado ya, y todas las emociones se arremolinan en mi estómago, cortándome la digestión del desayuno. El ver cuántos de mis compañeros de clase en el colegio vienen a este instituto; y ver a cuáles les ha tocado en mi clase. El temor a que me gasten alguna novatada, y la secreta esperanza de que esas cosas hayan quedado ya en el olvido y sean más una habladuría o rumor para asustarnos a los nuevos alumnos que otra cosa. Inquietud por ver qué vamos a aprender aquí.
A partir de que empiezas el instituto, una parte de tu infancia va muriendo, para dar paso a los bocetos de la persona adulta que vas a ser: Los estudios van siendo algo más complicados; ya no estudias los mismo que todos tus compañeros; pues ya de por sí, tu clase estudia asignaturas distintas de la clase de al lado. Empiezas pues, a escoger aquello que te gusta o te resulta más fácil, ignorando (o no) que esas elecciones definirán en parte tu futuro.
Es una mañana soleada; y es raro que siendo Octubre, mes otoñal por excelencia, haga un tiempo tan agradable y luminoso, pero supongo que es a lo que nos tenemos que ir acostumbrando debido a lo mal que hemos tratado a este planeta: días soleados en Enero, y lluvias intensas en Julio, con alguna nevada a traición en Abril. Definitivamente, nos estamos cargando el medio ambiente; y compruebo con desagrado, que todos los alumnos que están fumando, contribuyen a ello. El ambiente está muy cargado de humo; aunque hay varios carteles en el hall del instituto prohibiendo fumar en el interior del edificio, parece que estuvieran escritos en japonés o ruso, pues la gente fuma sin parar, hasta el punto que la sala parece más bien las calles londinenses en las que se ruedan películas de la época victoriana; casi se diría que Jack el destripador va a aparecer en cualquier momento detrás de alguna esquina y, amparándose en el escondite que le brinda la neblina, cometa alguno de sus sangrientos crímenes en el cuerpo de alguna de las virginales y adolescentes estudiantes. “Con un poco de suerte, se lleva por delante a una de las fumadoras, y así tenemos un agente contaminante menos” Pienso con sorna, embebido por la ensoñación que me produce mi imaginación adolescente.
Sintiendo dificultades para respirar en ese ambiente tan cargado, y no soportando más el olor a tabaco, decido salir al patio buscando uno de esos tan raros rayos de sol en estas fechas. Sol y aire fresco; mi cuerpo, mente y cordura no desean nada más.
Mis ojos tardan en acostumbrarse a la luz exterior, y tengo que entrecerrarlos un poco. Veo borrosas las figuras de unos cuantos alumnos jugando al fútbol; otros charlando sobre la clase que les ha tocado y a quienes tienen de compañeros; alumnos que repiten curso comentando jocosamente los profesores que seguramente tendrán, y cuantas clases piensan saltarse este año.
De repente, apareces tú. Podría usar como excusa el tener el sol de cara para entrecerrar los ojos y quedarme mirándote con cara de lelo; pero en realidad es una ocasión perfecta para poder verte bien sin que se me note demasiado. Tu pelo rubio, compite en su tono dorado con el del sol, relejando su brillo y cegándome en parte; tus ojos somnolientos y entrecerrados, apenas dejan entrever su prístina mirada azul. Vienes hablando con otras dos chicas; sonriendo y dejando escapar alguna carcajada ante los comentarios de alguna de ellas, que desde mi posición, apenas he alcanzado a escuchar.
Te veo pasar por mi lado, y apenas puedo reaccionar; solo me quedo mirándote bobamente, siendo consciente de que no te conozco aún de nada, pero con la seguridad de que te quiero conocer. Tan embebido estoy con tu presencia, que apenas escucho el timbre que avisa que hay que ir a clase. Sólo el codazo de uno de mis compañeros de clase, me saca de mi ensoñación.
HOY
Una llamada inoportuna al móvil, me saca de mi viaje al pasado, y me devuelve al hoy; donde soy ya un adulto que prácticamente ha olvidado lo que es el peso de una mochila llena de libros. Respondo la llamada; y resulta ser una persona que se ha equivocado al marcar. Tras colgar el teléfono, muerdo con rabia el aparato, con la secreta esperanza de que a través del aparato, mi mordedura le llegue al despistado que me ha llamado en lugar de la persona a la que quería llamar, sacándome del sueño de mis recuerdos.
El olor a humedad persiste, y empieza a antojárseme molesto, decido salir a tomar el aire para que se me despejen las neuronas. Voy a buscar a Fermín y a comentarle lo del olor a humedad. A lo mejor esa era la chapuza de la que se quería encargar…
Capítulo IV una cuchilla de afeitar
Tras haberte visto, entro lentamente en la ducha después de haberme despojado de la ropa, de la misma forma que me quito esas barreras que ocultan y protegen mi alma de cualquier agresión. El agua caliente cae sobre mi cuerpo, mi cara, mi pelo; golpeando sin piedad toda mi piel. El vapor comienza a inundar la pequeña estancia; formando brumas que me envuelven y abrazan con su cálido e incorpóreo tacto.
Salgo de la ducha y me dirijo al lavabo; paso mi mano por la cara.
¡Aaaagh! ¡Parece papel de lija!.- Me digo en voz alta. Tomo en mi mano la cuchilla de afeitar, y, sin previo aviso, una oleada de recuerdos asalta mi mente.
AYER
Las lágrimas caían por mi rostro mientras un punzante y agudo dolor me atravesaba el pecho. Ella me había abandonado; ella, por la que todo había dado; ella, que era mi única fuente de alegría y felicidad en aquellos locos y confusos años de mi adolescencia tardía; ella que había tocado mi corazón como nadie lo había hecho hasta entonces. Y ya no estaba conmigo; se había marchado dejándome lleno de amargura y fúnebres pensamientos.
La puerta del baño estaba cerrada a cal y canto, pues quería estar sólo; no quería que nadie me viese así; ahogándome en la bilis de mi tristeza; ni tampoco deseaba la compasión de nadie. Sólo, total y completamente sólo; sentado en el frío suelo del cuarto de baño, con la espalda apoyada en la puerta; y unas lágrimas saladas y amargas recorriendo mis mejillas.
Miré hacia mis manos; una con el puño cerrado fuertemente y marcando las azuladas venas a través de la piel; en la otra, el puño sostenía temblorosamente una cuchilla de afeitar
- ¡Vamos!.- me decía - ¿Tanto miedo tienes a morir?.- Era una voz interior que me invitaba a la muerte, a compartir su gélido abrazo, a abandonar esta vida que se me antojaba sin sentido y llena de dolor. Había bebido mucho esa noche, el alcohol nublaba mis sentidos, reflejos y razonamientos. El mareo era tal, que no podía ni tan siquiera ponerme en pie. Las píldoras ingeridas también contribuyeron en los acontecimientos que se sucedieron.
Entonces lo ví… mi difunto hermano se encontraba ante mí; sonriente. Estaba allí como siempre le recordaba y le quería recordar: Fuerte, seguro de sí mismo, cariñoso y atento con su hermano; en su perfecto papel de hermano mayor. Me esperaba con los brazos abiertos, invitándome a compartir con él el otro lado.
- Ven conmigo, hermano. ¿Para qué seguir en este mundo lleno de sufrimiento y dolor? Ven conmigo a lo que llaman “el más allá”. Abandona esta existencia tan desagradable y acompáñame, que te echo de menos. Yo también pasé por algo así, y créeme, el reunir valor para dejar ese mundo injusto es lo mejor que he podido hacer en mi vida. Hazlo tú también y sígueme.
La invitación era cálida. Mi hermano, mi querido y amado hermano, cuya muerte tanto había llorado, venía a buscarme para llevarme con él y jamás separarnos. Pero algo frenaba mi mano; me daba miedo el dolor, tenía pánico a morir; mas vivir se me hacía insoportable. El pulso me temblaba horriblemente, parecía que mi mano había cobrado vida propia, y se resistía a hacerme abandonar esta vida.
Sentado en el suelo, mi espalda sentía la firmeza de la puerta, y el frío de las baldosas del suelo empezaba a calar a través del tejido de mis pantalones; restándole calor a mi carne, entumeciéndome las piernas. Pero yo permanecía inconsciente a todo ello; se me antojaba lejano, muy lejano, como si le pasase a otra persona totalmente ajena y distinta a mi. En el cuarto de baño, aislados del mundo exterior, sólo existíamos mi hermano y yo. Su semblante se volvía serio por instantes, y sus ojos me juzgaban con dureza.
- ¿Qué te sucede?... ¿No quieres venir conmigo?... ¿Acaso no deseas abandonar todo esto? ¿Es que no ves que te hace daño?... Hermano mío, ¿Acaso ya no me quieres?
Llegados a este punto, su rostro se tensó más aún, su ceño se fruncía, a la vez que su mirada adquiría un fuego cuyo fulgor me era imposible de contemplar; un rictus de rabia se dibujaba en sus labios, convirtiendo su cara en una máscara de furia mientras su voz sonaba a puro desprecio.
- ¡Déjalo!.- Practicamente me escupía las palabras junto a su nada disimulado desprecio por lo que era una clara muestra de debilidad y temor por mi parte.- Me estás demostrando que no eres más que un sucio cobarde; una jodida nenaza a la que le da miedo darse un simple cortecito. No quiero a semejante escoria miedica a mi lado por toda la eternidad.- Se dio media vuelta y empezó a caminar hacia ninguna parte… dio tres pasos, y se detuvo un instante; parecía que cogía aire para elegir cuidadosamente su última lanza verbal que iba arrojar para terminar de herirme en sus sentimentos. Giró su cabeza, y lanzó la andanada.- ¡Me das asco!.- Volvió a mirar en dirección opuesta a mi, y prosiguió su marcha al frente hasta desvanecerse en la pared de azulejos.
Sentí como si un inmenso jarro de agua fría se hubiese derramado por mi espalda. Era una sensación gélida, escalofriante y enfurecedora. Un rápido vistazo a mis manos; una, con el puño apretado con más fuerza que antes, con los nudillos pugnando por asomar a través de la piel, en la otra, la cuchilla fuertemente aferrada; una rabiosa determinación se apoderó de mí, seguida de una sombría elección y…
Estaba hecho; apenas notaba el dolor que me mordía en la muñeca donde se había producido el corte, del cual, manaba un torrente cálido y carmesí. A pesar de esa sensación como de estar flotando, conseguí ponerme en pie y enfrentar mi mirada a la de mi reflejo en el espejo; intenté esbozar una expresión de triunfo, pero mi otro yo, el que me devolvía la mirada desde el otro lado del espejo, esbozaba una expresión que se me antojaba patética y estúpida. Mejor así, el autodesprecio que sentía por mí mismo era tan grande, que me alegraba de saber que era la última vez que iba a ver aquel rostro bobalicón. El mundo comenzaba a dar vueltas a mi alrededor; se me ocurrió pensar que tal vez era yo, que estaba bailando para así festejar el fin de mi existencia y el de mis días en este mundo que se me antojaba cada vez más hediondo y miserable.
La realidad era otra: El riego sanguíneo empezaba a no llegar al cerebro, provocándome aquella dulce sensación de mareo. Cerré los ojos, y casi podía oir un riachuelo correr, pájaros cantando y algo más… a lo lejos, me parecía oir que alguien gritaba mi nombre, pero al intentar prestar algo de atención a aquel sonido, descubría que se trataba sólo del rumor del viento…
HOY
El calor una lágrima resbalando por mi mejilla, me devolvió a la actualidad; al aquí y ahora. Instintivamente, miré hacia la muñeca donde me hice el corte años atrás, buscando algún vestigio o resto de la cicatriz que me recordase la estupidez cometida por aquel entonces. Los recuerdos; los benditos y a la vez malditos recuerdos duelen más que las heridas originales, y sus cicatrices son mucho más difíciles de cerrar y olvidar. Dejé que la lágrima cayera al lavabo, juntándose con el resto del agua caliente que tenia preparada para limpiar la cuchilla de afeitar tras varias pasadas. Me miré al espejo, y ahí estaba mi otro yo, llorando también, y hablándome sin palabras.
Enseguida supe lo que tenía que hacer: quité el tapón dejando que el agua se fuese con el desagüe, permitiendo que mi lágrima se fuese junto al resto de gotas de agua hacia un nuevo destino. Me vestí, y tiré la cuchilla de afeitar a la papelera.
Salí del baño en silencio, y ahí estabas; dormida aún en la cama, por lo que decidí no despertarte. Jamás te he contado ese capítulo de mi vida; y por Dios, por el amor que te tengo y por el juramento que nos hicimos, que jamás lo sabrás. Es por eso, que dudo que comprendas en su máxima expresión el negro humor que destila la nota que te dejo encima de la mesa del salón.
Salgo un momento,
voy a comprarme una maquinilla
eléctrica de afeitar
Nos vemos por la noche,
Te quiero.
lunes, 31 de agosto de 2009
Burradas Sexuales
Un Cachondo Ha Ido Dejando Sus Respuestas
1) ¿El semen traspasa la ropa interior? ¿sobrevive al agua?. Mi novio eyaculó sobre mis senos en mi día 12 del ciclo, yo estaba acostada y me quedé quieta
hasta que el me limpió con papel y una toalla; minutos después me toqué la
vagina (interna) con la mano pero por encima de mi ropa interior, y me quedé
preocupada.
Me temo que hay motivos para estarlo. Hay una variedad de semen, conocido
como "Semen Potter" que es capaz de atravesar cualquier barrera. Contiene
espermatozoides con gafas y cara de tontos que son verdaderos magos.
En cuanto a si sobreviven al agua, lo mejor es que si lo haces en ese medio
te pongas un traje de neopreno. Toda precaución es poca.
2) ¿Si es virgen y le entra semen, pasa algo?.Tengo sexo anal con mi novia
, y tenemos la duda si le cae una gota de semen en la vagina y es virgen ,
¿puede pasar algo, o no entra el semen cuando es virgen ?.Para naaaada. Si es virgen tiene una barrera infranqueable. Varios equipos
de fútbol de primer nivel tienen en sus porterías a zagalas vírgenes.
Como consejo te diría que la próxima vez que lo hagas con tu novia le pases
la mano por sus genitales. Si te deja hacer sexo anal y no vaginal hay algo
raro.
Resumiendolo mucho; TIENE MANGO SI O SI.
3) Deseo saber si al ingerir o tragarte el semen de tu pareja se corre el
riesgo de adquirir el SIDA?¿Pero qué dices?. Para naaada, para naada. Puedes pegarte auténticos
banquetes de semen y ni rastro de sida. Sólo se contagia si alguien que lo
tiene te llama por teléfono y tose, en ese supuesto no tienes apaño.
4) Sabéis dónde puedo encontrar un tapón para evitar que salga el semen?.En un todo a cien seguro que lo tienen. También puedes probar a fabricarte
uno con loctite y un dedal.
5 ) ¿Puedo quedar embarazada si mi rodilla se llenó de semen y al colocar la
pantys lo pude trasladar?.Buenoooo. Lo más seguro. Date cuenta que la rodilla envasa prácticamente al
vacío. La próxima vez ponte "la pantys" por la cabeza, simpre teniendo
cuidado de no tener restos de semen en la oreja o en el pliegue nucal.
6) Lo que pasa es que siempre que eyaculo me sale el semen amarillo eso por
qué es, y es malo?A ver Yamamoto, ¿cuál es la parte de tu raza que no entiendes?.
7) Quiero quedar embarazada, pero cuando mi pareja acaba y me incorporo se
me sale el semen. Puede ser un problema?Problema no, problemón. Te recomiendo que vayas haciendo el pino al menos
los tres días posteriores a su eyaculación. Si notas pérdidas puedes acudir
a "pajeros sin fronteras", ellos te darán una espátula que viene de miedo
para estos casos.
8) Mi semen es transparente,y ya tengo 17… ¿por qué? ¿será que soy
estéril?.¡AY DIOSSSS MÍIIIIIIO, ERES NENUCOOOO PERDIIIDOOOO!. La transparencia es
como la prueba del algodón. Mis condolencias U_u
9) ¿El semen deja manchas en la ropa?.Si yo te contara…Eso no hay Dios que lo saque. Ya puede venir esa moza con
la arielita del futuro o 250 generaciones de Don Limpio, que no sale y no
sale.
10) Si quiero isiminarme artificial sirve el semen del preservativo?.Hombre, eso depende. Si quieres "isiminación" barata sí.. Puedes usar un
preservativo, un bote de mermelada o el mismo orificio de la oreja.
11) ¿puedes quedar embarazada masturbándote con una almohada que tenga
semen?.Sin paños calientes te digo que estás embarazada. En la letra pequeña de la
almohada lo pone bien claro: si eres tan guarrilla de no limpiar la almohada
después de que le echen el veneno, es evidente que te la vas a introducir
hasta el gaznate; Pikolín no se hace responsable de tus vástagos.
12) He tenido sexo anal con mi novia y ahora ya no se le cierra, ya no tiene
una buena higiene, incluso los gases ya no le suenan como antes;sólo se oye
como un viento. Consejos por favor.Podías haber resumido la cuestión diciendo: le he dejado a mi novia el culo
como un bebedero de patos, ya ni trompetea cuando se tira un pedo.
Pues te voy a decir un refrán que me acabo de inventar: ped que no suena, te
pinta el culo y huele de pena. Eso sí, tienes aire acondicionado gratis.
13) ¿Cuando el animal eyacula dentro de mujer puede que se embarace, o el
hombre en un animal hembra?.Se han dado casos. Espinete tuvo, al parecer, un ecuentro amoroso con Chema
el panadero, y de ahí salió Rizos el de la llamada del ahorro.
14) Mi novia dice que no me la chupa porque el semen engorda. ¿ Eso es cierto
?.Buenooo, clarísimo. Jamás se ha conocido a ninguna modelo que lo haya hecho.
Y ya si vas al endocrino te cagas, lo primero que te dice es: ¡¡haz el favor
de no hacer felaciones que te estás poniendo como una foca!!.
15) ¿Cómo le llaman a la persona que gusta de beber semen ?.Yo si es chica le llamo "mi media naranja".
16) Tuve relaciones y me puse dos condones por precaución ¿hice bien?Igual te has quedado corto. Yo probaría a ponerme tres condones, una bolsa
del supermercado y 17 globos de peseta. En tus manos lo dejo.
17) ¿Puedo estar embarazada sin penetracion sin eyaculacion y sin condón ?.Es muy posible. Se han dado casos de embarazo al contacto con una silla de
mimbre. Yo me tomaría una pastilla invisible del día después y seguiría haciéndolo
con el coco.
18) ¿Por qué no me queda bien el condón?.¿Has probado combinándolo con un fular y calcetines de cuatro dedos?. Es
fashion fashion.
19) ¿Alguna vez has masturbado a un perro? A mi siempre me gustaba hacerlo y
salia semen, le llamabamos "ordeñar al perro".Ya que tienes experiencia en el terreno canino puedes adentrarte en el mundo
de los ñúes, cebras, etc. O también puedes intentarlo con un mono de culo
rojo (seguro que si le haces alguna cosilla más ni se le nota).
20) Si tengo relaciones diario y eyacula, ¿qué les pasa a los espermas, les
ganan a los nuevos o los viejos se quedan?.En estos casos se produce lo que vienen siendo unas olimpiadas de
espermatozoides. Entre las pruebas están el tiro al óvulo, el salto con
uretra, el lanzamiento del gameto masculino, etc. Los que ganan se quedan y
los otros se despiden hasta dentro de cuatro años.
21) Cada vez que le doy un beso a una chica eyaculo ¿es normal?Yo creo que sí hombre, no te preocupes por eso. También lo que puedes
hacer es penetrarla durante una hora y cuando quieras eyacular le das un
besito.
22) ¿Los espermatozoides mueren al tirar el condoó?Para nada. Una vez que tiras el preservativo crean un mundillo dentro de él
y residen allí para siempre. Se han encontrado casos de espermatozoides de
76 años viviendo en un preservativo de sabor plátano.
viernes, 14 de agosto de 2009
Cosas que hacen avergonzarme de ser Español

Que nuestros gobiernos estén hablando de que quieren la paz, de que si somos pacifistas, y sin embargo, seguimos siendo uno de los principales exportadores de armas.
viernes, 31 de julio de 2009
Las diferencias entre Liderar y estar al mando
miércoles, 22 de julio de 2009
Capitulo III El hielo y el calor
El calor se va filtrando poco a poco por la habitación. No hay duda que este verano nos va a castigar de manera inmisericorde; poniendo a prueba nuestro aguante contra el desgaste psicológico que supone la bocanada de aire cálido a la que hemos de hacer frente.
Te observo con detenimiento... la respiración se ha vuelto trabajosa, y algunas perlas de sudor comienzan a poblar tu frente.
Me dirijo a la pequeña cocina, y disfruto del lento placer que me supone el poder aliviar mi reseca garganta con un poco de agua fresca.
Regreso a la cama con las manos a la espalda y una sonrisa pícara en los labios. Continúo aproximándome hasta sentarme a tu lado, y, con suavidad, deposito un beso en tus labios; mientras furtivamente, llevo mis manos de mii espalda a la tuya. Con un sobresalto te separas de mí, a la par que veo una expresión de sorpresa dibujarse en tu rostro. Lentamente voy describiendo pequeños círculos por el mapa de tu piel con el par de hielos que tenía en mis manos.
El hielo se desliza con suavidad por tu espalda antes tensa, con la misma facilidad que lo hace la mantequilla que se derrite sobre la caliente base de teflón de la sartén. Decido recorrer de forma ascendente tu espalda con mis manos a la vez que continúo besándote, y las llevo a tus mejillas, antes ardorosas, al punto templadas.
Tu organismo agradece el refrescante cambio de temperatura, y lo noto en el decreciente ritmo de tus pulsaciones. Comienzo a descender por tu cuello, aunque no me entretengo demasiado para no estropearte la garganta, y así llegar antes a tus clavículas. Mis manos siguen recorriendo la línea vertical de tus brazos hasta que nuestras manos se unen y los dedos se entrelazan en un cálido abrazo que aprisiona el hielo y su gélido contacto.
El frío retoma su recorrido por la cara interna de los brazos hasta volver a la base de tu cuello, atacando sin piedad su vulnerable piel y descendiendo al pecho, recorriendo sin prisa pero sin pausa, el valle que conforman tus senos, creando un pequeño riachuelo a partir del helado y líquido rastro que van dejando los hielos al deshacerse. Estos comienzan a tomar sendas distintas y bordear aquellos dos montes por la zona inferior; continúan y continúan arrimándose tímidamente a las axilas, para después escalar esas cúspides que se elevan y descienden al compás de tu respiración, la cual se torna más y más profunda.
La helada tortura alcanza la cima de tus pechos; la extrema dureza de su corona es atacada sin ningún tipo de misericordia por los gélidos prisioneros de mis dedos mientras tus besos se vuelven más intensos y agitados, como queriendo pagar con ellos la liberación de semejante tormento; a la vez que los actuales objetivos de los hielos comienzan a agitarse y endurecerse, como dos volcanes a punto de entrar en erupción. Comienzo el descenso por tu tórax llegando a las caderas, moldeándolas con mi frío tacto, volviendo a subir a tu diafragma, para volver a tomar el camino de bajada. Mientras mi mano izquierda se entretiene en dar vueltas alrededor de tu ombligo, la derecha se eleva para dejar caer un par de gotas de deshielo sobre la cavidad de tu abdomen.
Después, ambas manos comienzan a recorrer paralelas tus muslos, tus rodillas, tus tobillos... para después entretenerse en el empeine de los pies y perderse entre los dedos, derramando los hielos parte de su esencia y su ser; como un guerrero moribundo, herido de amor y sangrando sobre el mapa de tu cuerpo. La respiración se hace más profunda; los músculos, antes tensos por el shock térmico, comienzan a relajarse... con la excepción de tus pechos enhiestos, producto a medias entre el frío y la excitación. Se yerguen orgullosos, endurecidos, desafiantes... retándome a escalarlos, poseerlos, someterlos; provocándome a atacarlos con mis labios como arma y, a la vez, suplicando protección contra la gélida amenaza que hace unos instantes los torturaban.
Pero los fríos agresores aún no han acabado la invasión y conquista del territorio de tu anatomía. El camino ascendente por esas dos columnas que sostienen el templo de tu cuerpo, da lugar por sus flancos internos; la trayectoria que llevan es obvia, el objetivo: aquella pequeña gruta oculta en el bosque de tu intimidad y del que todos hemos salido, pero jamás vuelto a entrar más que por unos instantes y sólo con una pequeña parte de nuestro ser...
Los pequeños, fríos y húmedos fragmentos que antes eran dos cubitos de hielo, comienzan a recorrer el prohibido terreno de tus ingles, impregnándose de tu calor, llenándote de lenta y placentera agonía. Posteriormente, se pierden en el bosque de tu pubis, enmarañándose, y a veces quedando atrapados entre el vello que lo puebla.
Mas al final, los agotados viajeros encuentran la entrada de tu intimidad, como si de una gruta del tesoro se tratase; entreteniéndose en todos y cada uno de los detalles de su entrada; hablando de tú a tú con el guardián de la entrada, rodeándole y abrazándole, para después en su extrema intrepidez, acceder a la meta largamente esperada, introduciéndose en ti. Tu cara se contrae a la par que tu boca dibuja la inconfundible expresión de proferir un grito; mas ningún sonido sale de tu garganta... es un alarido mudo de dolor, dolor frío.
Me sitúo encima de ti queriendo apagar las llamas heladas de tu cuerpo con el amante calor del mío, y, como el héroe de cualquier historia, llego raudo al rescate sabiendo lo que hay que hacer.
Entro en ti y observo en seguida el contraste de temperaturas en tu interior. Poco a poco, voy cubriendo de besos el reguero dejado por los hielos mientras tu respiración continúa agitándose. El movimiento pendular de mi cuerpo sobre el tuyo se va tornando cada vez más intenso, mientras siento cómo tu s uñas recorren la piel de mi espalda, tus piernas rodean mi pelvis, aprisionándome, como queriendo evitar a toda costa mi marcha; y tus quejas entrecortadas invaden mis oídos hasta que no hay otro sonido en mi mente.
Mis manos se deslizan por todo el mapa de tu piel, explorando con seguridad tu cuerpo: desde la cordillera de tu pecho, pasando por la llanura de tu espalda, las sinuosas curvas de tus caderas... hasta llegar al bosque pubiano y volver a recorrer el camino a la inversa.
Justo en ese momento, cuando los gélidos torturadores terminan por deshacerse, estallo en un torrente placentero, casi místico, derramando mi alma, mi ser, en tu interior; arrasando y consumiendo por completo cualquier rastro de frío que quedase dentro de tu cuerpo. Entonces, agotado y sudoroso, me dejo caer a tu lado; sintiendo como si un círculo extraño y misterioso se hubiese completado, sabiendo que tú eres parte de mí, como yo lo soy de ti...
Capitulo II El día siguiente
Te arropo despacio. La verdad es que ha sido un día largo y lleno de actividad; pero yo aún no puedo dormir. Esta mañana hemos compartido besos, caricias y abrazos con la misma intensidad y el mismo amor que aquella primera vez... Todas las veces son como la primera, y a la vez, distintas. El poder despertar a tu lado, el abrir los ojos y ser tu rostro el primero que vea, me llena de felicidad y me hace sentir pleno de sensaciones hasta hace poco desconocidas para mí.
Tras el desayuno hemos ido a un picadero cercano para poder dar un paseo a caballo. Nunca antes habías montado a este noble animal, y era una de las experiencias que me apetecía compartir contigo. La excursión fue de las más maravillosas que jamás había tenido hasta ahora, aunque en ocasiones se nos antojase prescindible la presencia de nuestro monitor y guía. A lomos de los corceles hemos visto parajes naturales llenos de paz y armonía, arropados por una temperatura agradable e iluminados por el astro rey; deleitados por cantos de gorriones, jilgueros y ruiseñores... y sintiendo débil por la distancia, pero nítida por el hecho de conocerla, la brisa marina acariciándonos la piel de los rostros y de nuestras manos; suaves y porcelanosas las tuyas, fuertes y firmes las mías.
Luego hemos comido en la playa; algo tan sencillo como una tortilla de patatas. La comida ha sido de lo más amena y humorística a causa de mi habilidad para elaborarla: a veces cruda, otras quemada, otras sin cuajar.... "Tengo toda una vida por delante para practicar" te dije. "Sí, la mía para experimentar" respondiste, y al instante te echaste a reír.
La tarde ha sido poco más, pues no hemos salido de la habitación, ni tan siquiera hemos salido de la cama... Exhaustos y sudorosos, hemos encargado la cena al servicio de habitaciones, y posteriormente nos hemos duchado. Es maravillosa la visión de tu cuerpo arropado por las brumas y vapores que despide el agua caliente, así como maravilloso es ver como el líquido elemento va formando cascadas, ríos y meandros a través de tu anatomía... ¿Te he dicho alguna vez lo hipnótico que resulta el seguir su recorrido desde lo alto de tus cabellos hasta la piel de tu tobillo?
Tras la cena, te has dejado caer rendida en la cama, y yo me he recostado a tu lado hasta que tus ojos se han cerrado para no abrirse hasta dentro de unas horas.
Salgo al balcón y enciendo un solitario cigarrillo. Sé lo que odias esta costumbre mía; pero a veces, necesito impregnarme de su lento veneno para pensar con claridad y poder inspirarme. He decidido hacer una especie de diario o memorias de todo lo que pasa por mi mente, y es ahora, en la tranquilidad de la noche, al aire libre con las estrellas como testigos, y la luna como cómplice; como encuentro mayor inspiración (sin olvidar que en periodos cada vez más espaciados he de recurrir a la nicotina y el alquitrán).
Me paro a pensar en todo lo que hemos pasado hasta llegar aquí. En lo que era tu vida, y en lo que era yo... ¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Tal vez no vendría mal hacer un poco de memoria histórica.
Hasta ahora, yo siempre he contado historias cuando escribía; casi siempre tenían algo de mí, de mi esencia, como si fueran autobiografías... desde hace poco más de cuarenta y ocho horas, hemos hecho oficial el escribir juntos nuestra historia... aún así, espero que no te importe que escriba yo el prólogo...
El prólogo... me apoyo en la barandilla y observo el océano. Parece que la mar está en calma y serena. Esa mas oscura y solitaria en esta horas, apacible en la mañana, bello azul a todas horas y pasional y embravecida a veces; como tú, como yo.
Esa mar a la que Rafael Alberti le dedicó tantos y tan sentidos poemas, esa mar que Alberti tanto amaba a pesar de ser un marinero en tierra. Casi se podría decir que la mar, Alberti y un poema que les dediqué, bien podría ser el prólogo de nuestra historia.
Sigo mirando hacia el horizonte, con la mirada perdida... el cigarro se consumió entre mis dedos hará cosa de media hora, pero como he perdido la noción del tiempo tampoco estoy muy seguro de ello. Apoyado en el balcón, respirando rítmicamente, mirando sin ver, viendo sin mirar; mi boca recita sola:
Dame tu pañuelo hermana
Que vengo muy mal herido.
Díme qué pañuelo quieres
Si el rosa o el color olivo.
Quiero un pañuelo bordado
Que tenga en sus cuatro picos
Tu corazón dibujado...
Siento tus brazos rodeando mi abdomen, tu cuerpo rozando mi espalda como en una caricia, y el contacto de tus labios en mi piel.
Mensaje captado: vuelvo contigo a la cama...
Capitulo I El amanecer
Entro lentamente en la habitación. La luz es muy tenue, pues falta poco para que halla amanecido del todo; y tú yaces sobre el lecho con la cara apoyada sobre la almohada, a la vez que tu pelo cae como en una caricia sobre tus hombros y tu rostro. La sábana te cubre hasta medio torso, ofreciéndome la visión de tus hombros desnudos y parte de tu espalda. La suavidad de tu piel me llama a acariciarla, besarla; a sentir su tacto como de seda rozar la yema de mis dedos. Tu boca dibuja una débil sonrisa, casi imperceptible. Nunca te lo he dicho, pero es en estos momentos cuando me siento más enamorado de ti.
Me acerco lentamente, con timidez al lecho; con miedo a perturbar tu dulce sueño. Uno de los rayos del sol se cuela furtivamente entre los visillos pata acariciar tu sonriente rostro. Esa sonrisa cándida, inocente, llena de frescura y felicidad, me llama poderosamente. Es una fuerza de la naturaleza magnética y electrizante y... ¿Quién soy yo para resistir a la naturaleza? ¿Qué soy, aparte de un pobre e indefenso ser humano? La respuesta viene a mi mente casi de inmediato: Soy aquél que hace unos instantes compartía contigo el feliz reposo que ahora disfrutas en solitario. Yo soy aquel que te acompaña en las noches en las que el sueño se desvanece, y también el que comparte caricias y besos contigo; como en un combate íntimo de dos, donde sólo nuestros labios y nuestras manos son armas válidas y legítimas.
Casi sin darme cuenta he llegado a tu lado; de cerca la expresión de tu rostro es más y más irresistible. Me siento a tu lado, intentando no despertarte con el movimiento; pretendiendo tener el peso de una pluma, siendo consciente de lo imposible que es esa transmutación, y maldiciendo en todo momento mi impulsividad, si esta te arranca del sueño.
Intento contener la respiración; se me antoja ensordecedora en este momento. El corazón me late de forma atronadora en el pecho, ensordeciéndome totalmente, y pugnando por salírseme del sitio.
Extiendo mi mano, y con el dorso de mis dedos, aparto con una caricia el cabello que surcaba tu cara, esa cara que es el espejo de mi felicidad. En ese momento, tu sonrisa se amplía y crece, y la habitación empieza a iluminarse. La expresión de tus labios brilla con luz propia, al instante que un aroma primaveral de jazmines, rosas y pensamientos ataca mi olfato.
Cada vez me cuesta más contenerme y, como temiendo que te desvanezcas con mi contacto, me aproximo a ti con lentitud, con la respiración entrecortada a veces, contenida el resto del tiempo. Deposito un beso en tu mejilla, la cual cede bajo la presión de mis labios, para recuperar su forma natural cuando los separo de ti.
Tu cuerpo parece contraerse por un momento, como sacudido por una descarga eléctrica. Tu sonrisa se amplía un poco más, y en ese momento, giras lentamente el cuerpo a la vez que lo cubres con la sábana. Abres lentamente los ojos, para volverlos a cerrar heridos por el fulgor del astro rey, cuyo brillo no puede rivalizar con la luz que desprende tu mirada.
Más despacio aún, vuelves a mirarme, en un claro desafío a aquel que ilumina los días, como si no te importase el hecho de que sus rayos nos hieren sin piedad; retándole a que te prive del regalo de la vista, con tal de verme una mañana más.
"¡Buenos días!" dices susurrando, y siento cómo tu voz acaricia mis oídos, para después bajarme cálida por la espalda y recorrerme todo el cuerpo. Me impregno de la sensación que deja en mí tu voz, y me dejo inundar por ella.
Vuelvo a inclinarme para besarte, con la seguridad que me da el saber que ahora son tus labios los que esperan los míos. Nuestras bocas se aproximan temblorosas a recibir el primer contacto del día, con el mismo temblor de aquella primera vez en que nuestros labios se fundieron.
Al tiempo que el beso tiene lugar, una pequeña chispa prende en mi interior; chispa que encuentra combustible en mi corazón, para de inmediato, convertirse en una llama avivada y alimentada por mi amor.. Tiemblo por un instante, por que sé que esa pequeña llama pasa a ser en estos momentos una fogata, para terminar volviéndose un incendio que arrasa, quema y abrasa todo nuestro ser, nuestra existencia, y me paro a pensar que tal vez esa es la esencia misma de nuestro amor.
Ese fuego me consume más y más por dentro, inundándome y llevándome al cielo donde cada día me siento desde que comparto contigo mi existencia. Tras ese primer beso llega otro, y otro, y otro más...
