domingo, 12 de diciembre de 2010

Versión original de Distinto

Cuando la canción "El último día" del grupo madrileño "Lagarto Amarillo" se llamaba "Distinto"
Hace mucho que no la hacen así, y que no incluyen la primera estrofa ¡lástima!
Música: Lagarto Amarillo
Fotos: Recorrido por todas las que les he estado haciendo en estos años

domingo, 28 de noviembre de 2010

Cubito de Hielo

Algun@s recordaréis el tercer capítulo de mi proyecto de novela titulado: El hielo y el calor (click en el título para ser reenviad@s al post donde se encuentra dicho capítulo); pues bien, tras colgarlo en varias webs, una persona (a la que no conozco de nada) colgó un poema en respuesta. Son cosas que pasan, a veces una canción, una imagen, una poesía, nos sirven de inspiración para que nosotr@s podamos crear algo.
Personalmente, me ha gustado mucho el poema de esta persona (que por cierto es una mujer, o al menos eso ha dicho), por que complementa lo que el protagonista de mi novela dice.
¡A ver qué os parece!

CUBITO DE HIELO

Resbalando por mi espalda

no quiero notar el frío.

Permanezco ajena a la sensación

de tu voz en mi oído.

Me giro sobre mí misma

en dos tiempos,

entre el pasado perfecto y el presente continuo,

y siento tu mirada.

Resbalando hacía el ombligo,

casi derretido,

gotas por las costillas

hacía la sábana…

Comienza a entrar

y es ya sólo un recuerdo

empujado por el deseo.

Se deshace en mi interior,

como toda yo…

Capitulo VI El inicio del viaje

Capítulo VI El inicio del viaje.

Hoy hemos discutido con bastante dureza. La verdad es que nunca soñé que pasaría, pero supongo que es algo por lo que tarde o temprano tenemos que pasar todas las parejas. Se han dicho cosas bastante duras y desagradables; y ahora te tengo aquí, dormida a mi lado, con la espalda vuelta hacia mí; enfurruñada y furiosa por las cosas que nos hemos dicho. Yo estoy igualmente cansado; discutir me deja sin energías; y aquí estoy, sentado en mi mitad de la cama pensando si abrazarte y quedarme dormido así como tantas noches, y así forzar una tregua, o mantenerme firme en mi posición y darte la espalda yo también a ti.

Aún sabiendo que no hago bien, opto por la segunda idea, y me duermo dándole vueltas a un único pensamiento: ¿qué pasaría si despertaras y vieras que no estoy, que no existo? Presa de ese agotamiento, voy sumiéndome cada vez más en el aletargador abrazo de Morfeo, y noto cómo mis ojos se van cerrando poco a poco…

El calor empieza a lamerme los párpados y la luz pugna por colarse a través de ellos. Noto una extraña suavidad bajo mi cuerpo: no es la suavidad de las sábanas; si no algo más… granulado. ¡No puede ser! Instintivamente, mi mano se cierra en un intento de negar la evidencia que todos mis sentidos me anuncian; todos menos la vista, pues aún mantengo los ojos cerrados. Arena; lo que mi puño sostiene es arena. Abro los ojos lleno de incredulidad: ¡Estoy en una playa!

- ¿Cómo he llegado aquí?.- Me digo; y en ese momento, me doy cuenta de otra cosa: la playa está desierta. No hay nadie alrededor de mí: sólo hay arena y más arena en derredor mío; una arena de color muy claro, y tacto muy suave, casi sedoso. Una arena, que debido a la intensidad de la luz del sol que me alumbra en estos momentos, debería estar ardiendo, pero no es así: esta arena mantiene una temperatura bastante agradable: ni ardiente, ni gélida, como si la hubiesen puesto a propósito a una temperatura apta como para estar sentado donde me encuentro.

Miro hacia las aguas. El mar tiene un oleaje suave, y tan pacífico, que apenas parece que esté en movimiento; la vista alcanza a ver el punto donde agua y cielo se besan allá en el horizonte. Ni un solo barco, ni un bañista; estoy completamente sólo.

Mientras mi mente sigue haciendo cábalas y elucubraciones de cómo he llegado hasta aquí, te busco nervioso, como si esperase que aparecieras en cualquier momento… pero nada: aquí, en este playa que se me antoja paradisíaca, no estás tú, al igual que no hay nadie en la arena, ni tampoco en el agua.

El sol luce brillante en lo alto del cielo. Su calor me baña y rodea, pero no me quema; la verdad es que la temperatura es agradable; y aunque la luz del sol rebotando en la arena debería cegarme, compruebo con sorpresa que no es así. Estoy tan a gusto, que dan ganas de quedarse aquí para siempre.

Pero siento que nada de esto es natural; demasiado bonito, demasiado idílico, demasiado solitario; pero sobre todo, ¿Cómo he llegado aquí? Mi mente da vueltas rápidamente, y llego a la conclusión de que debe tratarse de un sueño. ¡Eso es! Se trata de un sueño, demasiado vívido, demasiado real, pero un sueño al fin y al cabo. En cualquier momento despertaré, y la suavidad que mis dedos acarician pertenecerá a la sábana, en lugar de esta arena tan sedosa y límpia; la luz del sol que me rodea y alumbra, pertenecerá en realidad a la de la lámpara de la mesilla de noche; y el murmullo de las olas del mar, será sustituido por el ruido del tráfico que se colará a través de las rendijas de la ventana.

Espero pacientemente a que llegue el momento de despertar y volver a la realidad; esa realidad en la que ambos nos hemos peleado esta noche, y nos hemos dicho palabras que jamás debieron salir de nuestros labios. Una realidad, en la que nos cruzaremos miradas cargadas de dolor, amargura y resentimiento por las afrentas recibidas. Espero, sigo esperando… parece que el final de este sueño, que mi despertar, va a hacerse de rogar. Decido sentarme (aunque sé que en el fondo es el yo de mi sueño el que se sienta, por que sé que no es real) y sigo esperando. Empiezo a aburrirme, para ser un sueño, está siendo bastante tostón; en los sueños siempre pasa algo: ya sea probable o surrealista, pero no te quedas sentado durante horas sin que pase nada…

Llevo ya un par de horas, cuando oigo una voz detrás de mío.

- ¿Acostumbrándote al lugar, o esperando a alguien?

Me giro para ver al autor de la pregunta: en un hombre a aproximadamente unos 50 años: el pelo empieza a escasear en su cabeza, pero no es así con su cara, la cual queda enmarcada por una demasiado límpia y blanca barba. Viste un atuendo bastante veraniego: Sandalias en los pies, unos pantalones cortos de color marfil, una camisa de estilo hawaiano, con montones de flores y hojas sobre un fondo azul brillante, y unas gafas de sol para protegerse la vista.

- Pareces sorprendido.- Me dice. – Y también desorientado. Supongo que te preguntas qué haces aquí. ¿Por qué no te levantas y te lo explico todo mientras damos un paseo?

Aunque desorientado, le hago caso y me pongo en pie. Me llama mucho la atención esta persona que acaba de aparecer. No le conozco de nada, y estoy seguro de que no le he visto en mi vida; entonces ¿qué hace en mi sueño?

- Aún crees que estás soñando.- Me dice. – Lamento decirte que no es un sueño; esto es bastante real. Por cierto, me llamo Pedro.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Cambios

Volviendo hoy a casa del curro con una compañera, me ha comentado esta que he cambiado, sobre todo en el último año. Noté cierto deje de tristeza en su voz cuando me lo decía, aunque ella pretendía que no se notase, por lo que he deducido que el cambio no había sido agradable, ni para bien.
¿Qué decir? Por lo pronto le he dado la razón: ya no soy la misma persona que conoció hace cuatro años más o menos. En ese periodo de tiempo, he tenido que pasar por muchas cosas, las cuales, para bien o para mal, dejan huella.
Mis lesiones de hombro, cuando ya creí que habían quedado atrás, volvieron con toda su dureza el año pasado, y este; con el correspondiente daño emocional; lo cual me ha llegado a dejar hecho polvo. En el tiempo que esas lesiones me han mantenido en activo, he visto con desagrado cómo se manipula a la gente para desviar su atención de cosas más importantes, y cómo estamos atentos a las broncas de la clase política, y cómo nos engañan los gobiernos haciéndome sentir asqueado de ser español. ¿Y por qué me siento asqueado? Por que se ve el plumero de hacia donde nos quieren encaminar entre los medios de comunicación, las películas que se encumbran y que adoctrinan a una nueva generación y tribu urbana, los cuales se tragan lo que les digan sin pararse a pensar que incluso la mierda de sus gurús también huele.
En la familia y las amistades he tenido bastantes vaivenes y desencuentros que han tenido desenlaces poco felices y con cada cual por su lado. La pérdida de muchos seres queridos (familiares, amig@s y mascotas) ya sea por fallecimiento, desencuentros, distanciamiento o discusiones son también varios golpes a tener en cuenta.
Sí, han sido muchos golpes seguidos; uno detrás de otro, y sin dejarme tiempo apenas a recuperarme, lo cual ha sido un desgaste bastante serio; y aunque me he llegado a refugiar en mi labor como educador-catequista, y pseudo-profesor de guitarra, tampoco en ese aspecto de mi vida me he encontrado a salvo de los palos. Pero eso no me ha hecho rendirme a la hora de enseñar y transmitir valores, y a reflexionar sobre cosas con las que nos podemos encontrar a diario.
Me podría haber refugiado en el trabajo, donde el último año, con el cambio de equipo no se me ha dado mal del todo. Pero las continuas guerras, y el cada vez más inseguro panorama socio-laboral, han hecho que tampoco me haya podido refugiar en el trabajo.
Han sido cuatro años en los que apenas he tenido tregua, en los que mi auto-control se ha visto puesto a prueba en no pocas ocasiones, y en los que de poco me ha servido el tener ese don de la observación hace poco descubrí tener.
No compañera, no ha sido un periodo fácil para mí. El resultado es que ya no confío en la gente tanto como antes; me he vuelto un tanto más cauto; y en según qué casos, más frío y calculador; y desde luego, más distante. No podrán herirme si no les dejo, y desde luego, cuantos menos puntos débiles presente, mejor. La fortaleza de mi psique ha recibido embites e intentos de asedio desde varios frentes a la vez, sin pausa, sin darle tiempo a mis defensas a descansar y reorganizarse para resistir. Han sido muchos ataques, y aunque en mi naturaleza no está contra-atacar ni devolver las bofetadas (y tampoco quiero hacerlo), lo que desde luego no voy a hacer es quedarme quieto viendo cómo me las dan. Ya procuraré esquivarlas, evitar que le momento de la bofetada se produzca, o simplemente, saber encajarla sin mostrar gesto alguno de dolor o afectación.
Sí, he cambiado; no soy el de antes, pero en el fondo y a la vez, soy el de siempre. Espero que sepas reconocer a tu compañero y amigo dentro de este nuevo yo, y sigas apreciándole y queriéndole como hasta ahora (esto va también por los demás).