Todo cambia, nada permanece imperturbable, y como muestra este blog, que a partir de ya cuenta con más autores
viernes, 16 de diciembre de 2011
Star Wars en "Cuanta Razón"
lunes, 12 de diciembre de 2011
Linda Blair, la niña del exorcista
Aterrorizó a medio mundo con su intepretación de Regan, la niña del exorcista. Este papel marcó de por vida a Linda Blair, quien hoy tiene otros intereses fuera del cine.
Cuando tenía 2 años su familia se mudó a Westport, Connecticut. Su padre era un cazatalentos y su madre era agente inmobiliariaCon 6 años comenzó a aparecer en anuncios de televisión promocionando muñecas y trabajó como modelo para revistas de moda infantil.
En 1973, con 14 años, fue seleccionada para el papel de Regan en la película "El Exorcista"
Amante de los animales y aficionada a la equitación, aceptó el papel para poder financiar sus estudios de veterinaria. La película resultó ser una de las más destacadas de la década de 1970 y un clásico del cine de terror. Linda recibió una nominación al Oscar por la mejor actriz de reparto y el premio Globo de Oro a la mejor actriz de reparto de 1974. Tras esto obtuvo un papel en la película Aeropuerto 75 (1974).
Cumplidos los 15 años inició una relación sentimental con el cantante australiano Rick Springfield, con el cual empezó a convivir
Su carrera continuó principalmente en TV, actuando en roles de adolescente en conflicto, que llegaron a ser populares. Pero después protagonizó una secuela, Exorcista II: El Hereje (1977), la cual resultó un rotundo fracaso de crítica.![]() |
| Escena de "Nacida Inocente" Una de la películas más crudas que tuvo que rodar |
Comenzó a aumentar de peso, y a ser rechazada por productores de Hollywood, lo cual limitó aún más sus posibilidades.
En diciembre de 1977 fue arrestada por posesión y distribución de cocaína y anfetaminas. Recibió una condena con libertad condicional por 3 años, la obligación de aparecer en cortos de servicio público contra las drogas y seguir un programa de rehabilitación durante 9 meses. Después de este episodio en su vida, no volvió a tener problemas de adicción, pero su carrera profesional comenzó a declinar debido a que tuvo que ser internada en un hospital psiquiatrico por problemas de salud mental.
En la década de 1980 apareció posando desnuda en varias revistas del género, incluida Playboy en 1983. Sólo obtuvo roles en filmes como Roller Boogie (1979), y otros basados en sus anteriores películas, también incluyendo escenas de desnudo. Su carrera no volvió a tener mayores éxitos.
En 1990 protagoniza "Reposeída", junto con Leslie Nielsen, parodia de la célebre película que la llevara a la fama.
En 1996 tiene una escena fugaz como reportera en la pelicula Scream.
Volvió al ambiente de la equitación, participando con otro nombre en varios eventos de salto ecuestre, ganando varios trofeos. Ha seguido apareciendo esporádicamente en cine y televisión.
Ha escrito un libro sobre la comida vegetariana llamado "Going vegan" ("Convertirse en vegetariano") y es una activista por los derechos de los animales.
Sobre su carrera cinematográfica y su precoz éxito ha dicho: "Quería ser una princesa, quería estar en películas Disney. Quería estar con Flipper. Nunca quise ser un monstruo"
domingo, 11 de diciembre de 2011
Una muestra valiente de amor.
En mis tiempos, nuestra vida era mucho más corta, por lo
que era muy normal que a vuestra edad ya estuviésemos prometidos o casados. Yo
estaba prometida con un hombre llamado José, que trabajaba de carpintero en
Nazaret.
Un día, un ángel
vino a darme una noticia: El Señor (que es como llamábamos a Dios) me había
elegido para ser la madre de aquel que todos esperábamos.
Al principio sentí un poco de miedo; no esperaba que un
ángel se me apareciera así, de buenas a primeras; y menos que encima me hiciera
ese anuncio. Después vino la duda; nunca había estado con ningún chico; aunque
estábamos prometidos, José nunca me había tocado ni un pelo; pues estaba mal
visto, y había que esperar a que estuviéramos casados. Hasta que no viviésemos
juntos, no pensaríamos en formar una familia como es debido. Así se lo dije al
ángel: “¿Cómo voy a ser madre, si no conozco varón?” Él me tranquilizó, me dijo
que el Señor derramaría su espíritu, y podría ser madre de su hijo.
El miedo volvió.
¿Ser madre yo? ¿Sin estar casada? ¿Qué diría la gente? Sabía perfectamente lo
que dirían: ser madre soltera estaba muy mal visto en mi época; más aún si no
se sabía quién era el padre. Pensarían que sería de José, que no habíamos
podido esperarnos a estar casados; o pensarían que le habría engañado (y
supongo que tenéis una palabra para definir a las chicas que actúan así,
¿verdad?) ¿Y José? Los dos sabíamos perfectamente que no me había tocado un
pelo; el pensaría que le habría engañado con otro. Eso también me daba mucho
miedo… seguramente me dejaría, dejaría de quererme (y yo le quería con locura,
como ya sabéis que se puede llegar a querer a una persona de la que estás
enamorada), no habría boda; y públicamente, ya sabéis qué es lo que me
llamarían. La gente dejaría de hablarme, me retirarían el saludo, y no podría
ni entrar al templo a rezar. Allá donde fuera, me señalarían con el dedo, y
hablarían de mí a mis espaldas. Es más, la ley de nuestros padres decía que se
me podría llegar a condenar a morir apedreada.
Pero también sabía
que Dios quería que su hijo viniese al mundo; nuestro pueblo se había alejado
del amor de Dios; la gente no tenía esperanza, vivían sin fuerzas ni valor;
vivían con tristeza, y sólo le preocupaba el cumplir la ley de Moisés y estar
en una posición mejor que la del vecino. Ser mejores que el otro, tener más que
el otro… eso era lo único que le importaba a los hombres. Ese niño tenía que
nacer, tenía que devolverle a la humanidad el amor, la esperanza, la caridad… y
Dios me había elegido a mí para traerle al mundo. Iba a tener dificultades, sí.
Me arriesgaba, por supuesto; pero en el amor, nada es fácil. ¿Qué otra
respuesta podía dar? Elegí decir que SÍ.
Etiquetas:
Catequesis,
inspiración literaria,
Religión
jueves, 8 de diciembre de 2011
Base musical "Vamos todos a adorarle"
Etiquetas:
Colaboraciones,
Es algo diferente,
Gente,
música,
Religión
miércoles, 7 de diciembre de 2011
El Gato con Botas, historia de una decepción
Hace unos meses, me encontré con este trailer en internet:
La verdad es que la cosa prometía. Después de verme todas las películas de Shrek, se me antojó que de todos los personajes, este era el único que merecía realmente un "spin off". La verdad es que se podía contar una historia bastante interesante con él de protagonista, por lo que empecé a contar los meses hasta llegar el tan esperado estreno.
Para aumentar mis ganas de ver dicha película, los amigos de DREAMWORKS, dejaron entrever un segundo trailer.
Efectivamente, ya estaba que me subía por las paredes. Estaba deseando ver la película; en estos tiempos de desencanto y descontento, todos necesitamos evadirnos un poco y poder dejar escapar una carcajada; y esta película prometía desencadenar muchas.
¡Ingenuo de mi! La verdad es que mi gozo cayó en un pozo. Con tanto potencial que tenían película y personaje, me encontré con una historia un tanto insulsa, y predecible a partir del ecuador del metraje. No voy a desvelar nada para no fastidiarle a nadie que quiera verla, pero yo no pude evitar salir de la sala de cine con cierto sabor amargo de decepción en los labios. Vuelvo a decir lo mismo que dije en su día con "Avatar"; si el precio de que las 3D de la película esté muy logrado es que el guión sea una bazofia, entonces estaremos dando marcha atrás en el cine, y en su capacidad de contarnos buenas historias. Es como si las productoras vendieran el alma del cine, como si prostituyeran su espíritu.
En el fondo la culpa es mía por haber vuelto a confiar en DREAMWORKS después de la cuarta parte de Shrek. Esta última película también tuvo un guión demasiado cogido por los pelos, y me dio la impresión de que dicha película sobraba; que se había hecho sin ganas, sólo con el mero interés de ganar pasta.
Con "El Gato con Botas" la productora tuvo la ocasión de redimirse; en lugar de ello, la han vuelto a cagar...
La verdad es que la cosa prometía. Después de verme todas las películas de Shrek, se me antojó que de todos los personajes, este era el único que merecía realmente un "spin off". La verdad es que se podía contar una historia bastante interesante con él de protagonista, por lo que empecé a contar los meses hasta llegar el tan esperado estreno.
Para aumentar mis ganas de ver dicha película, los amigos de DREAMWORKS, dejaron entrever un segundo trailer.
Efectivamente, ya estaba que me subía por las paredes. Estaba deseando ver la película; en estos tiempos de desencanto y descontento, todos necesitamos evadirnos un poco y poder dejar escapar una carcajada; y esta película prometía desencadenar muchas.
¡Ingenuo de mi! La verdad es que mi gozo cayó en un pozo. Con tanto potencial que tenían película y personaje, me encontré con una historia un tanto insulsa, y predecible a partir del ecuador del metraje. No voy a desvelar nada para no fastidiarle a nadie que quiera verla, pero yo no pude evitar salir de la sala de cine con cierto sabor amargo de decepción en los labios. Vuelvo a decir lo mismo que dije en su día con "Avatar"; si el precio de que las 3D de la película esté muy logrado es que el guión sea una bazofia, entonces estaremos dando marcha atrás en el cine, y en su capacidad de contarnos buenas historias. Es como si las productoras vendieran el alma del cine, como si prostituyeran su espíritu.
En el fondo la culpa es mía por haber vuelto a confiar en DREAMWORKS después de la cuarta parte de Shrek. Esta última película también tuvo un guión demasiado cogido por los pelos, y me dio la impresión de que dicha película sobraba; que se había hecho sin ganas, sólo con el mero interés de ganar pasta.
Con "El Gato con Botas" la productora tuvo la ocasión de redimirse; en lugar de ello, la han vuelto a cagar...
lunes, 5 de diciembre de 2011
Blancanieves no era tan buena...
Me he encontrado con este titular en "El País" y no he podido resistirme a compartir la noticia. ¿Qué os parece?
REPORTAJE
Blancanieves no era tan buena
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 04/12/2011
Los cuentos infantiles han llegado hasta nuestros días dulcificados por Perrault, los hermanos Grimm o Disney. les damos la vuelta para sacar su crudeza a partir de una interpretación fotográfica muy personal.
Había una vez un reino entre dos mares en el que siempre lucía el sol. Tenía un primer ministro al que sus amigos -incluidos los más belicosos- retrataban con cara de cervatillo y al que los ciudadanos querían mucho porque sacó al país de la guerra de Mesopotamia y sentó a su mesa a tantas princesas como príncipes, pero sobre todo porque, a pesar de haber nacido en una que llamaban Ciudad del León, él era tan sencillo como un zapatero. Cuestión de talante, decía él quitándose importancia. Cuando los sabios oyeron esa palabra recordaron que talante, como talento, viene del nombre que en griego tenía una moneda de oro.
"Nació en la ciudad del león, pero era sencillo como un zapatero..."
"El gran cirujano de la narrativa tradicional surgió del cine: Disney"
Como en los cuentos, la inocencia de los niños está llena de perversidad
Saber que todo podía ser cuestión de dinero no enturbió el ánimo de la ciudadanía, hasta el punto de que esa palabra, como muchas otras, pasó a pronunciarse como si fuera esdrújula. A pesar de que el cielo se había ido nublando en los imperios vecinos, en el reino del talante lucía un sol perpetuo. En parte porque era un sol pintado por Miró para atraer turistas y en parte porque el reino vivía dentro de una burbuja que no dejaba pasar las nubes a cambio, eso sí, de hacer que cada vez el aire estuviera más viciado. Fue entonces cuando se prohibió fumar dentro de los palacios.
Todo era de cuento: los atletas ganaban campeonatos incluso en los antípodas, y las gentes cruzaban el mar para ver el milagro de aquel país en el que los prestamistas daban dinero al que se lo pedía y el primer ministro eliminaba impuestos e incluso repartía monedas cuando le sobraban.
Tan seguras parecían las cosas materiales y presentes, que los guías del reino decidieron arreglar las pasadas y espirituales. Fue así como los consejeros del reino decidieron crear un ministerio al que le buscaron el nombre más bonito: igualdad. Duró lo que duraron los talentos de oro y terminó alojado en la casa de la sanidad, pero tuvo tiempo de hacer cosas sensatas y, también, cosas extravagantes.
Entre las últimas estaba buscar una solución, política y correcta, para un viejo problema: la crueldad y el sexismo de los cuentos infantiles. Todo quedó en la búsqueda porque los duendes pincharon la burbuja y las palabras dejaron de ser esdrújulas y agudas -paridad, igualdad y volvieron a ser llanas -prima, riesgo, deuda, soberana. El cuento sigue porque los súbditos del reino pusieron a buscar oro a un registrador de la propiedad cuyo mayor mérito era la paciencia. Continuará, pues.
Fábulas aparte, en la primavera del año pasado, pocos meses antes de convertirse en Secretaría de Estado, el Ministerio de Igualdad promovió una campaña para incentivar la lectura entre los niños de relatos que no estuvieran lastrados por los estereotipos, sexuales y violentos, de los cuentos clásicos de la tradición infantil: Barba Azul, La Cenicienta, La Bella Durmiente...
No es una novedad. El maquillaje y la censura forman parte de la evolución editorial de la literatura para niños tanto como la brutalidad de muchas de las peripecias que la nutren. En 1697, un académico francés llamado Charles Perrault recogió en un volumen ocho cuentos -La Bella Durmiente, Caperucita Roja, El gato con botas, La Cenicienta yPulgarcito, entre ellos- en los que es difícil desligar lo que se le debe a él de lo que él debe a la tradición. Un siglo más tarde, dos hermanos alemanes, los Grimm, publicaron una recopilación que incluía varios de los cuentos del francés en versiones levemente distintas o muy distintas. Si la Caperucita de Perrault termina con la niña dentro del estómago del lobo, la de los Grimm se prolonga hasta la heroica intervención del cazador.
Eso sí, en tiempos de guerra entre Alemania y Francia, esos relatos desaparecieron de las sucesivas ediciones. Lo mismo que hoy es difícil encontrar una recopilación de la pareja de escritores que incluya El judío entre los espinos, un texto que hasta el menos amante de la pedagogía moderna consideraría racista.
Pero los maquilladores no se conforman con ver cómo Perrault salva a la última mujer de Barba Azul, se empeñan en resucitar a todas las esposas degolladas por él. No obstante, los malos no son los únicos en pasar por el quirófano de la cirugía estética. Los buenos también reciben su ración de edulcorante para hacer de las bellas candidatas a Miss Universo y de los jorobados seres que no producen miedo alguno. Ni que decir tiene que el gran cirujano de la narrativa tradicional no surgió de la literatura, sino del cine: Walt Disney, al que Rafael Sánchez Ferlosio -autor de una novela con niño como Industrias y andanzas de Alfanhuí no duda en calificar de "el gran corruptor de menores y la mayor catástrofe estética, moral y cultural del siglo XX".
La comparación entre el Pinocho que Carlo Collodi publicó en 1882 y el que Disney estrenó en 1940 es más que gráfica: el cascarrabias Geppetto se convierte en un anciano tierno con pez y gato; el tiburón, en ballena y el grillo no desaparece para reaparecer más tarde, sino que se transforma en acompañante de la marioneta que nunca termina de llegar a la escuela. Por supuesto, en el cine nunca se vio lo que puede imaginarse en el libro: a Pinocho contemplando su propia muerte como muñeco.
A veces, la cautela va más allá de lo obvio. Así, no faltan los editores que alertan a sus autores del peligro de que los protagonistas de sus libros corran sus aventuras solos, lejos de la mirada de sus padres. Se trata de poner una red pedagógica donde el relato necesita un salto narrativo. Triple y mortal a veces, pero imprescindible: al lado de un adulto no hay historia posible. Adiós a Pulgarcito, Hansel, Gretel, Caperucita y, de nuevo, Pinocho.
"A menudo los que se asustan son más bien los padres. Y estos a su vez asustan al niño", apunta la experta en cuentos de hadas Clarissa Pinkola, autora de una amplísima antología de relatos de los hermanos Grimm y de un trabajo ya clásico del clásico:Mujeres que corren con los lobos. Allí se pregunta por qué los cuentos de todo el mundo recogen originalmente episodios que no ocultan su cara más brutal. Porque, responde, "no es probable que prestemos atención a la alarma si esta se expresa en términos más blandos". El mismo mecanismo, sugiere, que hoy se usa en las campañas contra el consumo de drogas o contra los accidentes de tráfico.
Por supuesto, todo lo anterior no es cosa de niños. Todavía. No cabe relegar en exceso la chispa primera de relatos que terminan cargados de arquetipos y de interpretaciones morales: el hecho de contar, simplemente. Y su efecto primero: el entretenimiento. En un ensayo antológico titulado con una pregunta, ¿Qué quiere un niño?, el filósofo José Luis Pardo comparaba a los personajes de Pinocho y Buzz Lightyear (el astronauta de la película Toy Story) como ejemplos, respectivamente, de muñeco que quiere ser humano y humano que no sabe que es un muñeco. Pardo, además, reflexiona sobre el carácter amoral de los niños. "La célebre y celebradainocencia de los niños", dice, "no mienta una incapacidad para hacer el mal, no es que los niños sean buenos; su inocencia está cargada de perversidad; no son ni buenos ni malos porque simplemente carecen de conciencia moral, son capaces de cometer las peores maldades sin sentir remordimiento alguno, les falta la conciencia de culpa".
No es lo único, por cierto, que les falta a los niños, esa peculiar especie de animal racional. También les falta, para su felicidad, conciencia de algo que a medida que crecen se convierte en toda una cadena: el hilo argumental. De ahí que puedan entrar y salir de una historia disfrutando de cada instante como si fuera único. De ahí que nunca terminen de escuchar un cuento de una vez por todas. O de ver una película, la forma moderna de los cuentos antiguos. De ahí que sean capaces de leer (o ver) lo mismo una y otra vez. La ventaja de ser inmortal es que el tiempo no existe. El problema es que creen que todos disfrutan de su misma condición. Walter Benjamin, que tanto escribió sobre la figura del narrador tradicional -narrar no es solo un arte, también es un mérito, decía que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que los adultos sean más fuertes, sino su incapacidad para la magia.
Etiquetas:
Colaboraciones,
frikadas,
Gente
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




























