domingo, 1 de junio de 2014

Nunca, nunca perdamos la esperanza (De la página de www.hazteoir.org)

Fernando, ejemplo de vida: "¿Acaso mi hijo no tiene el mismo derecho a vivir que cualquier otro?"

Fernando nació con menos de 25 semanas de gestación y 740 gramos de peso
"Un gran luchador, un niño maravilloso con sus manitas pequeñas, su cabecita redonda y una nariz perfecta. Mi hijo con tan sólo cinco meses y pico estaba vivo"
"Fernando era y es un ejemplo de vida, una oportunidad para hacer ver al mundo que existe vida desde la concepción"
"Tener un hijo prematuro es una carrera de fondo con demasiados obstáculos, pero de repente un día ves la luz al final del túnel"
"Respetemos la vida, respetemos a las personas y hagámoslo por encima de nuestro mal llamado derecho a la libertad de elección"
Nacido gran prematuro, con 24 semanas y 740 gramos de peso, cuando la ley española ni siquiera le reconocía la categoría legal de “resto humano”, Fernandito sigue dando un incontestable testimonio. 
REDACCIÓN HO.-Fernando,  un ‘bebé milagro’ que nació en la semana 24 de gestación, ha conmovido a miles de personas a través de las redes sociales, y sigue dando testimonio  de sus ganas de vivir. Si las cosas hubieran salido como estaban previstas, Bosco y Blanca le habrían tenido el próximo mes de junio; sin embargo, a veces Dios tiene otros planes para nosotros, y así el pasado 2 de marzo, cuando pesaba menos de tres cuartos de kilo y aún la ley española ni siquiera le reconocía la categoría legal de “resto humano” (la reconoce a los fetos a partir de a las 28 semanas de gestación) vino al mundo Fernando, su tercer hijo.
Desde el primer día, Bosco y Blanca se dieron cuenta de que el ejemplo de superación de su hijo podía ayudar a tantas chicas que, desanimadas y desesperanzadas, a veces solas y sin ningún apoyo familiar, deciden poner fin a su embarazo eliminando a su hijo. Con este objetivo, y con el de pedir oraciones para Fernando, comenzaron el hashtag #rezoporfernando, que ha alcanzado miles de impactos en las redes sociales y que ha dado la vuelta al mundo. Blanca escribe, como orgullosa madre, un conmovedor testimonio en Infovaticana, que ofrecemos a continuación:
Hace menos de nueve meses descubrimos con alegría que estaba embarazada de nuevo. Siempre quise formar una familia y siempre quise tener hijos, aunque nunca imaginé que antes de cumplir cuatro años de matrimonio tendría ya tres niños maravillosos.
Blanca, la mayor, acaba de cumplir tres años. Bosco cumplió dos hace apenas quince días y Fernando, el pequeño, tiene ya tres meses. Y es con Fernando, Fernandito como ya le conoce todo el mundo con quien empieza esta historia.
Como decía entes, hace menos de nueve meses supimos que seríamos padres por tercera vez. Mentiría si dijera que no nos preocupó como seríamos capaces de salir a delante con tres niños tan pequeños, pero, sin duda, la emoción y la felicidad de ser padres de nuevo supera cualquier miedo.
Los primeros meses de embarazo fueron bien hasta que todo se complicó y tras varias semanas en reposo me ingresaron en el Hospital Universitario de la Paz. Tres días más tarde nacía Fernando con menos de 25 semanas de gestación y 740 gramos de peso.
Fernandito quería salir y yo no pude evitarlo. Tardé más de cuarenta y ocho horas en conocerle. Fueron días difíciles que pude superar gracias al apoyo de mi marido y mi siempre mejor amiga, mi madre.
La primera vez que vi a Fernando me sorprendió. Pensaba que sería más pequeño, menos niño que mis otros dos hijos. Sin embargo, tras el cristal de la incubadora, descubrí a un gran luchador, un niño maravilloso con sus manitas pequeñas, su cabecita redonda y una nariz perfecta. Mi hijo con tan sólo cinco meses y pico estaba vivo.
Me dieron el alta, regresé a casa y dejé a Fernandito en manos de médicos y enfermeras. Mis otros dos hijos no entendían nada, el pequeño no me hablaba y la mayor lloraba y protestaba por cualquier cosa. Tardamos más de un mes en hacerles comprender que, si Mamá no había estado para darles un beso de buenas noches, era porque había nacido su hermano pequeño.
Unos días después, cuando Fernandito tenía menos de una semana, Bosco, mi marido, con lágrimas en los ojos me dijo que todo saldría bien, que Fernando saldría adelante y que antes o después estaría en casa con nosotros. ¿Cómo no iba a sobrevivir? En él había vida, era un gran luchador dispuesto a todo por quedarse con nosotros.
Fue entonces cuando recordamos un video que vimos juntos unos días antes de que naciera Fernando. Un video en el que mostraban como niñas y mujeres abortaban en una clínica de Madrid con veinte y veinticinco semanas de embarazo.
Recuerdo ver ese video y echarme a llorar viendo como asesinaban a niños como el que yo llevaba dentro.
Siempre hemos estado en contra del aborto porque siempre hemos creído que hay vida desde el principio, y ahora, más que nunca hemos podido ver como esa vida es real, como esos niños que muchos no consideran personas hasta que nacen, son fuertes, son luchadores, están vivos, lloran y quieren salir adelante.
Y por todo ello, mi marido me propuso contar nuestra historia, contar la historia de Fernandito y hacerlo a través de las redes sociales. Nunca me imaginé hablando de mi hijo en internet, colgando fotos y desvelando nuestra intimidad. Sin embaego, mi marido tenía razón. Fernando era y es un ejemplo de vida, una oportunidad para hacer ver al mundo que existe vida desde la concepción.
Y así es como empezó en twitter @bpelayom y #rezoporfernando. Una cuenta a través de la cual hemos recibido el apoyo de miles de personas a las que estaremos siempre agradecidas.
Este es el proyecto personal de mi marido. Un reto que no siempre es fácil llevar a cabo, porque son muchos los días que hemos llegado a casa destrozados, tristes y apenados por nuestro hijo. Y a pesar de ello, Bosco siempre ha encontrado tiempo, ánimo y fuerzas para escribir y contar hasta el mínimo avance.
Admiro a mi marido y lo hago por su entereza, por su esperanza y por su fe. No es fácil vivir todo lo que hemos vivido, mantenerse y mantenerme a flote, apoyarme y seguir dando ejemplo de cómo Fernando está vivo, lucha y es persona.
Nuestro mundo ha dado un giro de 360 grados. Todo aquello a lo que dábamos importancia ya no la tiene porque, sin duda, Fernandito está por encima de todo.
Vivimos en una montaña rusa, hay días buenos en los que creemos que queda poco para tenerle en casa. Otros, los duros, salimos de la UCI con lágrimas en los ojos sin saber que va a pasar con él.
Hemos pasado por todo tipo de complicaciones, corazón, pulmón, vista etc. Y ahora, Fernandito centra sus esfuerzos en aprender a respirar.
Tener un hijo prematuro es una carrera de fondo con demasiados obstáculos, pero de repente un día ves la luz al final del túnel y te das cuenta de que pronto, muy pronto, tu hijo estará en casa.
Es un camino duro que aún seguimos recorriendo, pero no podemos dar más que gracias a Dios por nuestras respectivas familias que se desviven por nosotros, por tener a Blanca y a Bosco que nos alegran los días difíciles, por los miles de conocidos y desconocidos que nos apoyan y por el magnífico equipo de la Paz, esos ángeles de la guarda que cuidan con cariño diariamente a nuestro hijo.
Estoy convencida de que Fernando saldrá adelante, que aprenderá a respirar y a comer, que llegará a casa, conocerá a sus hermanos crecerá, andará, hablará y reirá.
Y estoy convencida de ello porque tenemos fe ciega en él y en Dios. Pero para todos aquellos que no crean en Dios, sólo puedo decirles que tengan fe en la naturaleza y en el instinto de supervivencia del hombre. Estos niños son vida y prueba de ello es que sobreviven.
Respetemos la vida, respetemos a las personas y hagámoslo por encima de nuestro mal llamado derecho a la libertad de elección.
Soy madre y soy católica, pero sobre todo soy la que soy porque respeto y defiendo el derecho a vivir por encima de cualquier creencia, educación o ideología.
Blanca Pinedo Texidor.

jueves, 29 de mayo de 2014

Conviene conservar artículos así...

CULTURA 'Ser católico no tiene más que ventajas', asegura

Soy católico... Y a mucha honra

  • Javier López presenta en Jaén su último libro, un tratado contra el laicismo militante

El periodista jienense Javier López, autor de 'Soy católico,...
El periodista jienense Javier López, autor de 'Soy católico, ¿algún problema?'. EL MUNDO

Soy católico ¿algún problema? es más que el título de un libro. Es, sobre todo, un tratado contra el laicismo militante escrito desde el humor. Su autor es el periodista Javier López, una de las plumas más brillantes de la narrativa actual andaluza que completa con esta segunda entrega el trabajo iniciado con su primer libro titulado Soy católico ¿pasa algo?.
En aquel primer volumen, un manual de autodefensa para creyentes vilipendiados, Javier López dejó claro que no hay que volver a las catacumbas, como los primeros cristianos, sino declarar desde el respeto a todas las creencias -o no creencias- que ser católico en esta época de endeblez ética no tiene más que ventajas. Su último libro se presenta el miércoles, día 28, en el Salón Mudéjar del Palacio del Condestable de Jaén. En junio lo presentará en Granada.
No es vergüenza, según el autor, sino prudencia lo que el creyente siente al confesar sus creencias. Javier López lo expresa así: "España es un país bronco y el católico una persona pacífica. El laicismo es el matón de la clase al que jalea una sociedad acobardada en el papel de chica de las trenzas. El laicismo impone su criterio porque mete miedo al árbitro, al neutral, que es el que inclina la balanza".
"En este contexto adverso -prosigue- al católico le cuesta tanto hacerse oír que prefiere guardar silencio. De esta estrategia se aprovecha el laicista, consciente de que la opinión pública sigue antes al que grita más que al que actúa mejor". Y pone un ejemplo: "El laicismo vocifera que la Iglesia es rica mientras la Iglesia atiende con sus propios recursos las necesidades de los pobres. Si la sociedad da la razón al laicismo es porque ha calado en ella la idea errónea de que teorizar sobre el amor es más justo que abrazar al desvalido".
Cabría preguntarse entonces cuáles son las ventajas de ser creyente. Javier López pregunta a su vez: "¿Ventajas? Al arzobispo de Bruselas le llueven tartazos, a Rouco improperios y al creyente de base burlas.El católico no busca ventajas. No se persigna para que le hagan hueco en el consejo escolar de un colegio privado ni bendice la mesa para comer gratis. El católico sabe, por el contrario, que la fe lleva implícito el yugo llevadero y la carga ligera. Y eso le hace feliz". Y echa mano de una frase de Jesús para expresarlo mejor: "La frase de Cristo en la que anuncia a los apóstoles que serán perseguidos por su causa no es aparentemente un estímulo para seguirle, pero, sin embargo, es todo un reclamo porque de lo que se trata es de perder la vida para ganarla".
Las flechas de Soy católico ¿algún problema? apuntan hacia toda dirección. El periodista jiennense cree que la Iglesia recibe críticas desde tantos ámbitos que ha sentido la necesidad de devolver la pelota al conjunto de los la que la tienen entre sus obsesiones de cabecera. "Tengo que aclarar que es un libro escrito desde la ironía, que es el humor de sobremesa. En ningún momento pierdo de vista que las personas a las que aludo son gentes con las que gustosamente tomaría café", añade.
Javier López no elude la pregunta de qué peso ha de tener la religión en una sociedad reconocida laica como la nuestra: "¿Se ha preguntado alguna vez el motivo por el que las civilizaciones caen y la religión católica permanece?", interroga el autor. Y responde: "Una sociedad puede describirse como le plazca a sus gobernantes, o a sus generadores de opinión, pero el niño que pone la cuna en el belén desmiente el cliché desde el momento en que le empiezan a brillar los ojos. Y no hay punto de comparación entre una postura determinada por el resentimiento y otra sustentada en elcarpe diem derivado de la fe. Quiero decir que el laicismo mira al cielo, no para pedir que llueva, sino para responsabilizar a Dios de la sequía, mientras que el niño, en cambio, adora el verano".

miércoles, 28 de mayo de 2014

Análisis de lo poquito que vi de la final de la Champions

   Dedico este post a mi amigo El Osezno, después de lo que le ha sucedido en Facebook. Él sabe que yo hace mucho que abomino del fútbol, el cual él adora, le apasiona y ha hecho de este casi su religión. Siempre que hay temporada, ahí está él por las mañanas comentando los partidos como un profesional (sinceramente, lo hace mejor que muchos "profesionales"). Da igual que él sea del Real Madrid; cuando tiene que criticar algo que hacen mal, lo critica, y cuando tiene que felicitarles, lo hace igualmente... pero siempre desde el respeto, sin rebajarse al insulto, y huyendo de hooliganismos.

     ¿Y qué le ha sucedido en Facebook? Pues que en esa página, como en todas las que hay en internet, no faltan los trolls (por cierto, me planteo cambiar al Troll por el Trasgu, figura más patria, y que al fin y al cabo hacen lo mismo), que se dedican a justo lo contrario que mi amigo, y que han estado bombardeándole cada comentario hasta el punto de decidir que ya no piensa comentar nada más sobre el fútbol en dicha red social después de los revolcones verbales que se ha llevado.

     Como he dicho al principio, yo hace años que me desentendí del fútbol (ya os contaré los motivos otro día); pero ya sabéis que soy un poco defensor de las causas perdidas y por eso me he decidido a escribir este post, como apoyo. Dio la casualidad que este Sábado me encontraba terminando ya la mudanza de apartamento, cuando a mediodía estaban emitiendo la final de la Copa de Europa (Me niego a llamarla por el comercial nombre de "La Champions"); así que cansado como estaba, me dejé caer sobre la butaca a ver el partido que enfrentaba a los dos equipos de la capital española mientras devoraba el pollo frito que había comprado.

     Os adelanto desde ya que pillé el partido empezado, y que el gol del Atlético de Madrid me pilló en el baño; pero con la cansina magia de la repetición (lo vi hasta 10 veces desde todos los ángulos posibles; sólo faltó que Iker Casillas, portero del Real Madrid tuviese una micro-cámara filmando desde su bolsa escrotal). Más claro, el agua; el gol que encajó fue por una cagada totalmente suya.

     El partido era un domino claro del Atlético; el Madrid insistía en hacer pases largos que el rival cortaba una y otra vez. Pases largos y arrancadas en solitario sin pasar ni una sola vez para luego cagarla al llegar al área rival (aunque tuviera un compañero totalmente desmarcado a escasos metros); eso era todo lo que vi por parte del hoy deca-campeón de Europa. No, el Madrid no se estaba mereciendo en absoluto el ganar la copa. El Atlético estaba siendo muy superior, con pases cortos que desequilibraban al equipo contrario; tenían al rival bailando al son que ellos querían tocar; y parecía que la cosa iba a quedar así.

     A partir del minuto 60, no sé bien qué pasó; tal vez fueron los nervios de estar por primera vez en muchísimos años en una final de estas características, tal vez la presión de la afición por conseguir ese título derrotando al eterno rival, puede que el ansia por verse por fin campeones de Europa por primera vez en su historia... El caso es que el equipo colchonero empezó a hacer gala de un juego menos pulido, menos límpio: agarrones, patadas, perder el tiempo a lo tonto y adrede con el árbitro a la hora de poner la barrera... No sé, no me gustó la actitud de los jugadores del Atlético de Madrid a partir de ese momento, haciendo gala de unas acciones que les sobraban de la misma manera que sobra el Ketchup que los yankis le ponen a la Paella; y más aún yendo como iban, ganando.

     Me fui por la puerta en el minuto 75, pues tenía cosas que hacer, y al poco rato me llega un mensaje de Portal: "Gol de Ramos"... "¡A tomar por culo!" Pensé; eso significaba que se iban a la prórroga. Tardé... no sé lo que tardé en llegar a la parroquia donde doy ahora catequesis de confirmación los Sábados por la tarde, pero en ese tiempo el partido terminó, prórroga incluida con el resultado de 4-1 a favor del Madrid.
¿Qué cojones pasó en tan poco tiempo? No me entra en la cabeza cómo un partido perdido en casi 90 minutos por 0-1 puede tener una remontada tan desproporcionada en tan poco tiempo; y menos aún si estaban jugando igual a como lo habían estado haciendo. No, no lo entendí. Me alegré por mis amigos madridistas, me dio penita por mis amigos colchoneros, por haber estado prácticamente acariciando el trofeo, para ver cómo el sueño se hacía trizas y luego cenizas que el viento se llevaba de una forma tan brutal.

     No, no entiendo el fútbol; y cuando veo a los aficionados llorar por el partido perdido, aún menos.

martes, 20 de mayo de 2014

Desde el Exilio XXVII, Vivo de milagro

     Hacía mucho que no contaba mis vivencias aquí; se puede decir que tenía este diario de a bordo casi abandonado. Los hechos de hoy me hacen retomar un poco esto.

     Hoy me ha tocado ir a recoger una maquinaria que habíamos llevado a reparar; el personal de la tienda-taller me dijo que fuese a partir de las 13:00, que ya habrían acabado de comer y estarían todos. Como está un poco apartado, salí de la caseta a eso de las 12:15 para poder llegar con el tiempo bien holgado.

     Si ya de por sí el tráfico es bastante desesperante en condiciones de clima seco, os podéis imaginar cuando ya estamos entrando en estación lluviosa. Aquí las tormentas cuando caen, lo hacen a lo grande: tienes el limpiaparabrisas a máxima velocidad, y aún así tienes que reducir la velocidad todo lo que puedas para no pegártela porque no puedes ver apenas a través del parabrisas.

     La Avenida Ricardo J. Alfaro (más popularmente conocida como "Tumbamuerto") suele estar siempre saturadísima de tráfico, así que aproveche para, en cuanto me fue posible, desviarme a una de las carreteras de peaje, la cual, esperaba que estuviese un poco más despejada.

     Y así fue: una carretera de peaje larga, sin semáforos ni viviendas cercanas, sin zonas peatonales... me las prometía bien felices. Pero la casi tragedia estaba a punto de suceder.

     Aún llovía con fuerza, lo cual, me hizo reducir la velocidad considerablemente para tener capacidad de reacción suficiente ante cualquier imprevisto; y mira por donde, que este surgió:

     En una de estas pasadas del limpiaparabrisas que me permitía tener una vista más clara de la carretera, vi cómo surgió de la nada un individuo que había decidido cruzar a pie y corriendo la autopista. "¿De donde coño has salido?" Grité al parabrisas, sabiendo que él no podría escucharme, a la vez que daba un volantazo para evitar la colisión y atropello del tío; no fue demasiado brusco, pero el problema fue la balsa de agua que mis ruedas pillaron en ese momento.

     He de decir que Panamá está construyendo mucho, muchísimo; pero el problema es que una vez que dejan las obras terminadas, parece que no invierten ni un centavo en el mantenimiento de las cosas, y así te encuentras con un bache pronunciado que hace dos meses era una pequeña imperfección en la calzada, y que dentro de dos meses será un boquete de dimensiones considerables. Pues eso es lo que me sucedió: un desnivel no corregido oculto por el agua que había caído y que hizo que mi coche patinara.

     Momentos de pánico: el patinaje me mandaba a una zona sin quitamiedos que daba a un desnivel bastante pronunciado; vistazo rápido por el retrovisor por si viniera alguien por detrás con el que pudiera colisionar (en ese momento, el imprudente que cruzó por ahí me importaba una mierda), y pude ver en el espejo mis ojos abiertos de par en par. Instintivamente, mi mano se estaba dirigiendo al freno de ídem, pero recordé las enseñanzas de la autoescuela: "Jamás uses el freno de mano cuando patines; eso bloquea las ruedas y aumentará el deslizamiento" Cuestión de segundos para obrar correctamente: pisadas suaves del freno mientras intentas dominar el volante para re-dirigirte y evitar el golpe, y la distancia con la caída iba disminuyendo, el coche iba frenando su velocidad, pero no sabía si sería lo suficiente... No pude evitar cerrar los ojos ante la inminencia del impacto, y sólo pude acertar a decir: "¡Por favor, Dios, que sea rápido!".

     Debe ser que Dios no me quiere aún con él allá arriba, pues el coche se detuvo a un escaso medio metro de distancia de la caída. Puse el freno de mano y la palanca en la posición de "Estacionado" (es un coche automático), y respiré hondo. Oí un estruendo de un pitido grave, y vi por el retrovisor un "Diablo Rojo" a toda pastilla. No tenía nada que temer: yo estaba en el izquierdo, él iba por el carril derecho (a toda velocidad, sí, pero en el carril derecho). Le dio igual, el tío estaba decidido a pitarme aunque no le estorbara, y lo hizo. He de decir que muchos conductores de este tipo de autobuses que ya deberían haberse retirado de la circulación desde Febrero del año pasado, tienen la misma actitud: conducir avasallando con su tamaño y sus pitadas de camión grande al resto de los conductores, estés en su camino o no. Ellos tienen que imponer su ley del más fuerte, y punto. Según me sobrepasó, tuve una cruzada de cables y salí del coche; os puedo asegurar que jamás un madrileño soltó un "¡Hijolagranputa!" con más rabia de la que solté en ese momento.

     ¿Y el gracioso que cruzó por donde no debía? Ni rastro de él, pero os puedo asegurar que, si me lo llego a cruzar en ese momento, habría preferido que le hubiese atropellado. ¡Será payaso! Por culpa de él, casi paso a mejor vida.

     ¡En fin! Una vez más que miro a la de la guadaña cara a cara, y esta decide que aún no se atreve conmigo. Sinceramente, espero que se lo siga pensando bastante tiempo más, así como espero que no me vuelva a pillar un tormentón como el de hoy, y que la gente deje de ser tan gilipollas como el imprudente de hoy que casi me cuesta la vida

Sólo la puntita


lunes, 5 de mayo de 2014

Yo tengo una cafetería

   Imaginad que tengo una cafetería en la que doy  desayunos, y a mediodía, suelo dar comidas. Es una cafetería pequeña, coqueta, pero con ganancias suficientes como para poder mantenerme a mí y a mi familia, y como para tener 3 personas atendiendo las mesas y un cocinero, los cuales tienen un salario más o menos justo (ya sabéis que eso es subjetivo, cobran por encima del salario mínimo de su sector, el cual está por encima del salario mínimo interprofesional; para mí es justo, ellos quisieran algo más).

     Un día, mis trabajadores se sientan conmigo a negociar, pues tienen un número "X" de peticiones que hacerme de mejoras en sus condiciones salariales. Tras una negociación en la que yo hago números con lo que nos da el negocio, accedo a darles un incentivo por asistencia al trabajo (lo cual ya de por sí era su obligación); es decir, si no faltan ni un sólo día al trabajo en toda la quincena, les voy a dar una bonificación. Hasta ese día, les daba un 50% de las propinas obtenidas; ahora me solicitan que divida el 100% de las propinas entre todos ellos, independientemente de su desempeño; como me parece bastante injusto, pacto con ellos que se queden con las propinas que les otorguen personalmente los clientes, pues al fin y al cabo, es un premio que le da el cliente al trabajador por un buen desempeño de su labor, y no es justo que Rosita, que está más tiempo mirando el Facebook por su móvil que atendiendo a los clientes, se lleve parte de las propinas de Marta, que se desvive por atender a los clientes de manera rápida y amable.

     Como veo que el negocio va viento en popa, decido ampliar el negocio, alquilando el local de al lado y reformándolo. Para ello, he de pedir un préstamo al banco. En el banco no me ponen demasiadas pegas, pues conocen mi negocio, lo bien que funciona, y el éxito que será su ampliación. ¿Qué sucede? Que tengo que presentar un aval; y como vivo de alquiler, y mi coche no llega a cubrir el préstamo, decido poner mi propia cafetería como garantía, mi única fuente de ingresos y que me pertenece.

     Ya sabéis que el banco no se va a esperar a que tenga ganancias para que pague las cuotas, si no que tengo que pagar desde el mes que viene, decido ampliar un poquito más la cuantía del préstamo para así poder pagar las cuotas con desahogo, y aprovecho para invertir en un café de mejor calidad que el que sirvo habitualmente a mis clientes, y contratar un seguro de salud privado concertado para mis empleados con mayores coberturas que el que teníamos.

     Resulta que Rosita, al ver que voy a ampliar el negocio, deduce que me sobra dinero, y que les estoy pagando demasiado poco, y así se lo empieza a decir al resto de sus compañeros. No llevamos ni un mes de obras de ampliación, cuando los trabajadores se sientan conmigo nuevamente a pedirme que les suba el salario al triple de lo que les pago, pues según ellos se merecen más, y yo me estoy enriqueciendo a su costa.

    Me siento, hago números, y resulta que cualquier incremento por encima del 15% del total que cobran actualmente, me supondría la ruina, y así se lo hago saber. Ellos dicen que no se creen nada de lo que digo, y que, o les incremento lo que me piden, o se declararán en huelga indefinida hasta que ceda a sus pretensiones.

     Les vuelvo a decir que es imposible, y más aún hasta que la ampliación de la cafetería no sea efectiva, que es lo que me garantizará el aumento de ingresos, y que, lógicamente, al tener más superficie que cubrir, tendré que contratar más personal, el cual tendrá las mismas condiciones que ellos, y cuyo sueldo ya estaba contemplado.

     No dan su brazo a torcer, y deciden empezar la huelga indefinida. Durante esa huelga, se plantan con pancartas, palos y piedras en la entrada del local, impidéndome no sólo abrir, si no que tampoco permiten que los obreros accedan a la zona de obras para continuar con la ampliación.

     Como no puedo abrir, no tengo clientes, y no tengo ingresos; sin embargo, no es culpa de los obreros que me están haciendo la ampliación, así que su sueldo tengo que pagarlo igualmente, al igual que las cuotas del préstamo. Durante este tiempo, sigo negociando con Rosita y la gente; y aunque he subido hasta un 22%, ellos no dan su brazo a torcer, y el tiempo va pasando...

     ¿Sabéis cómo puede acabar esto? Pues que habrá un momento en que yo no podré hacer frente a los pagos del préstamo, el banco me puede perdonar ciertos retrasos en el pago (con un incremento por penalización por pagar fuera de las fechas convenidas en contrato), pero habrá un momento en el que verán que no soy capaz de pagar, y, como todos sabemos, "la banca nunca pierde"; por lo que tarde o temprano acabará haciendo la ejecución de contrato de préstamo, y me embargará mi negocio, obligándome a despedir a todos los empleados, y quedándose la cafetería sin ampliar.

    ¿Qué os parece? Algo muy lógico y normal, y que le puede pasar a cualquiera, ¿no? Pues vamos a extrapolarlo a nivel nacional: Cambiadme a mi por el país de Panamá, la cafetería por el Canal, y a Rosita & Co por el SUNTRACS, y tendréis una visión de la situación actual por la que pasa el país:

     El país ha hecho una serie de inversiones en infraestructuras (Metro, hospitales, ampliación del Canal...), y aunque tiene una fuente de ingresos potente como es la explotación del Canal, no da para tanto, y, como cualquier país, empresa o persona, ha tenido que pedir un préstamo para la ejecución de las obras (incluyendo la ampliación del Canal, cuyo fruto le reportará un aumento en los ingresos, pero para ello, la obra tiene que estar terminada) Los señores de SUNTRACS han deducido que si el país tiene dinero para hacer tanta obra, entonces tiene que tener dinero para subir el salario a los trabajadores, y deciden pedir un aumento salarial del 200%. La patronal les hace saber que no es así, y que subir más allá de un 20% supondría el cierre de muchas empresas, pues las obras se contratan por un precio cerrado, y no se puede incrementar dicho precio. Dicho sindicato no da su brazo a torcer, y a pesar de estar negociando, y subir la patronal hasta un 25%, ellos deciden bajar a un 80%, aún a sabiendas de la imposibilidad de la consecución de dichas peticiones.

Obras de ampliación del canal de nuevo paralizadas
     A día de hoy, llevamos dos semanas de huelga indefinida en la construcción, teniendo paralizadas todas las obras del país. Como ya dije, por muy boyante que sea la economía de Panamá, no tiene dinero como para poder pagar tanto proyecto, y ha tenido que pedir préstamos para llevarlos a cabo, confiando en que el Canal ampliado dará ingresos suficientes como para hacer frente a los pagos de manera holgada. Y ¿qué tiene el país para presentar como aval? O aumenta los impuestos (y eso no se lo puede permitir el pueblo), para hacer frente a la deuda externa que se generaría, o pone el propio Canal como garantía. Llamadme agorero, pero la lógica me induce a pensar que es este último caso, así que Panamá podría perder no la posesión del canal, pero sí los ingresos derivados de este para hacer frente a la deuda; ingresos que dejarían de entrar en las arcas del estado, y que se podrían usar para fines sociales, mantenimiento de infraestrructuras, o fabricación de nuevas.

     ¿Apocalíptico? Puede ser, pero las posibilidades son más reales de lo que a más de uno le gustaría creer, y... ¿a quién creéis que habría que darle las gracias?


Así es como (en teoría) lucirá el nuevo juego de exclusas que actualmente se encuentran en construcción.

jueves, 10 de abril de 2014

Catequesis de "La Casa de mi Vida"

La casa de mi vida

La casa, el hogar, es donde vivimos, nos cobijamos, crecemos, y nos construimos nosotros mismos. El ejercicio de hoy va a consistir en examinar nuestra propia vida, nuestro interior, y describirnos nosotros mismos como si de una casa se tratase.
Las siguientes pistas nos guiarán cómo realizar el ejercicio.






Los cimientos.
Todo edificio necesita unas raíces, unos cimientos para que este permanezca firme en el terreno, y no se caiga a la primera de cambio. Los cimientos son los que sustentan la casa, su esqueleto, su alma. De la misma manera, nosotros tenemos nuestros cimientos; estos suelen ser aquellas cosas primordiales y básicas que nos convierten en quienes somos. Nuestros valores intocables, las cosas a básicas a las que más importancia damos y no estamos dispuestos a renunciar.

-¿Y tú? ¿Cuales son tus cimientos?



La puerta.
La puerta es el acceso a nuestra casa, de la misma manera, simboliza el cómo nos relacionamos con los demás cómo les recibimos en nuestra vida. Una puerta cerrada indica que no solemos dejar que los demás entren en nuestra vida. Una puerta entornada implica que estamos parcialmente dispuestos a que la gente se involucre con nosotros, pero con ciertas reservas. Una puerta abierta simboliza que estamos totalmente dispuestos a recibir a la gente, tanto conocida como nueva.

-¿Cómo mantienes tu puerta? ¿Eres una persona dispuesta a tener nueva gente en tu vida, o no?



La cocina
Aquí es donde preparamos aquellas comidas con las que nos nutrimos y alimentamos. De la misma manera, hay cosas que nos alimentan en nuestra vida: ilusiones, proyectos, cosas que nos animan y nos sustentan para nuestro crecimiento personal y futuros proyectos.

-¿Qué cosas son las que te alimentan?



El baño
El lugar donde nos deshacemos de la suciedad, de aquello feo que no nos hace estar limpios y cómodos. El baño es donde renovamos nuestra higiene.

-¿Qué cosas son las que te incomodan, las que no te hacen sentir limpio? ¿Cual es “el jabón” que utilizas para recuperar esa sensación de pureza y comodidad?



Las ventanas
Las ventanas de nuestra casa es por donde miramos al exterior, fuera de nuestro refugio. En nuestra vida, las ventanas nos permiten mirar fuera de nosotros, prestar atención a aquellas cosas que nos interesan o agradan.

-¿Hacia donde están orientadas tus ventanas? ¿Qué cosas son las que más te interesan y a las que más atención prestas?


El Dormitorio
Llegamos al lugar más íntimo; donde nadie más entra, donde podemos bajar la guardia ante cualquier tipo de amenaza y disponernos a descansar sin temor a que nada nos suceda en nuestro momento más vulnerable. Aquí es donde descansamos y soñamos libremente con nuestros anhelos, deseos y proyectos de futuro.


-¿Cuales son tus sueños?



 

sábado, 5 de abril de 2014

Desde el Exilio XXVI Los servicios técnicos

     Estas dos últimas semanas han sido unas de pelearme con los servicios técnicos de Panamá de distintas marcas. Os cuento los hechos tal como han sucedido, y dejo que juzguéis vosotros.

Toshiba

     Situación: Compré un portátil de esta marca recién llegado a Panamá. El verano pasado, empecé a experimentar problemas de incompatibilidad entre Windows 7 y el Skype, por lo que le pedí a mi cuñado que me instalase un sistema operativo Línux. Al contrario de Portal, a mí no me da miedo experimentar y probar estas cosas y ¡qué coños! si un informático lo usa, es que malo no debe de ser. La cosa es que empecé a experimentar dificultades con la conexión inalámbrica a internet. Un buen día, de repente, el ordenador decide que no arranca, lo cual me preocupa, y me hace buscar (asesorado por mi cuñado) un sitio donde repararlo.

     Desarrollo de los acontecimientos: Le pregunto a mis jefes dónde llevan ellos sus equipos a reparar, y me recomiendan el mismo distribuidor donde suelen comprarlo. Allí me dicen que lo lleve al servicio técnico oficial del fabricante, el cual, casualmente se encuentra en mi calle.

     Dejo el ordenador y les cuento el problema: No arranca, y no conecta a internet a pesar de detectar señal de WiFi. El chaval (me niego a llamarle "técnico") me dice que no tiene ni idea de Linuxo, pero que se quedará el ordenador, lo formateará y le hará pruebas. Que eso y el presupuesto tiene un coste de 37$ y que si acepto el presupuesto, el precio anteriormente referido, se cobraría en concepto de mano de obra. Me dice además que en 3 días me dirá lo que es; acepto y me marcho; es Miércoles.

     El Sábado me asomo para ver cómo está la cosa; el chaval me dice que le ha cambiado la memoria RAM y el disco duro, y que el ordenador va sin problemas y conecta a internet; que ha probado mi memoria RAM y mi disco duro en otro ordenador, y que va sin problemas, que me marche tranquilo, que el Lunes me dirá algo.

     El Lunes me llama diciendo que ya está reparado, que ha instalado un Windows 7, y que funciona sin problemas sin cambiarle las piezas. Como cierran a las 17:00, pido permiso a mi jefe para salir antes a recoger el ordenador. Llegando al barrio, me encuentro un accidente que ralentiza el tráfico; como son las 16:50, telefoneo al sitio diciendo que estoy llegando y que hagan el favor de esperar. La chica de recepción me responde que es imposible llevarme el ordenador, pues ella cierra caja justo a esa hora porque cierran a las 17:00. Por mucho que le insisto que si cierran a las 17:00, su obligación es atenderme si llego antes de esa hora, la tía hace caso omiso, a pesar de haberle dicho que había pedido permiso expresamente a mi jefe para salir antes. Aún así, no me hace ni caso.

     Cabreado, le pongo una queja a Toshiba a través de su canal de Twitter. Estos se deshacen en disculpas, y me dicen que al día siguiente me llamarán del local.

     Al día siguiente, me persono en la zona aprovechando que tengo que hacer unos recados, para recoger mi ordenador. Sospecha número 1: La misma chica de recepción viene a disculparse antes de dar siquiera los buenos días. Sospecha número 2: el chico sale raudo con el ordenador en la mano y me lo da. Vuelve a decirme que ha instalado un Windows 7 y que va como la seda, e indica que no se me cobre por las molestias ocasionadas. ¿Rechazar así por las buenas 37$? Me extrañó, pero como creí que la pesadilla había finalizado, no le quise dar más vueltas.

       ¡Mira por donde! Llego a casa y... ¿qué me encuentro? Pues que el ordenador está exactamente igual a como lo entregué: No arranca siquiera. Queja nuevamente a Toshiba a través e Twitter, y estos me dicen que Toshiba Panamá se pondrá en contacto conmigo en seguida... Han pasado tres semanas, y no sé nada de ellos.

     Al final, investigando y trasteando yo por mi cuenta, he descubierto que el problema está en el receptor WiFi del ordenador. De momento he solucionado la cosa con un cable de red; ya lo arreglaré en España, en la vieja y vetusta Europa...

HP

     Situación: El multifunción del trabajo deja de coger hojas para hacer impresiones o fotocopias

     Desarrollo de los acontecimientos: Vuelvo a acudir al sitio de referencia de mis jefes, y estos me dicen que ellos no reparan impresoras. Como el artículo está en garantía, contacto con la tienda donde se compró, y estos me remiten al servicio técnico oficial de HP, que es el que se hace cargo de las reparaciones (pero no me dan forma alguna de contactar con ellos). Después de buscarme la vida, encuentro en la red un teléfono de interminables dígitos que nadie responde.

     Después de casi perder la cabeza en el laberinto de la web, contacto con el servicio online del fabricante, y a través de una ventana de chat, la persona con la que hablo me va indicando los pasos a seguir. Lamentablemente, todas las indicaciones que me da, no dan resultado, y me abre una orden de reparación.

     Semana y media después, un mensajero de UPS me trae una caja con una impresora  (Pero no se lleva la anterior, me dice que HP NO repara sus impresoras) perfectamente plastificada pero a la que le faltan el cable de alimentación y la bandeja (pero con un cabezal de impresión y un juego de tintas completamente nuevos). Desprecinto la impresora u procedo a instalarla cuando... Nuevo error: el cabezal se ha quedado atascado, y los sensores de la impresora detectan que no he quitado el cartón del embalaje interior (el primero que retiré). Por mucho que reinicio la impresora, no hay manera.

     Vuelvo a contactar con el soporte online, y tras ver que es imposible incluso resetearla, deciden abrir otra orden de reparación. Les pido que por favor se den prisa, pues llevo ya tres semanas sin impresora ni escáner, y su no uso me obliga a echarme a la carretera diariamente para llevar cosas a la oficina (con el gasto de combustible y tiempo que eso implica)

     En 48 horas vuelve el amigo de UPS con otra impresora más. Vuelve a decirme que no se llevan las impresoras averiadas, y me dice lo siguiente: "Si esta tampoco te funciona, ponles una reclamación de las gordas. Exígeles que te envíen una nueva de verdad, de las que se venden en las tiendas, o un modelo superior. Estas que te estoy entregando son modelos que el servicio técnico de USA SÍ reparan, y los envían aquí para cubrir las garantías, porque aquí NO tienen personal ni talleres de reparación"

     Este Viernes pasado la conecté, y parece que no da problemas. Ya veremos...

KIA

     Situación: El camioncito del turno de noche ha gastado tres baterías en el transcurso de dos días, así que desde la oficina piden cita para llevarlo a reparar. Como a mi coche de España le pasó lo mismo, enseguida supe que se trataba de una avería en el alternador, y así se lo hice saber a la gente del taller oficial de dicha marca.

     Desarrollo de los acontecimientos: La cosa es que tenía cita a las 7:00 am, pero yo me presenté a las 6:30 am allí, y ya me encontré una fila de 20 coches delante mía. Resulta que da igual  que estés citado o no; si alguien llega antes que tú, le atienden primero aunque tú te hayas tomado la molestia de pedir cita. Así pues, aunque yo llevaba allí desde las 6:30, el vehículo no fue recepcionado hasta las 7:20.

     Lo dicho, a pesar de haberles dicho la localización de la avería, eran las 15:20 de ese día y aún "lo estaban mirando", y hasta el día siguiente no lo tendría. Todo esto ocurrió el Miércoles.

     Jueves, no es hasta las 14:00, que la chica que me recepcionó el coche no me llama para decirme que el fallo estaba localizado en dos piezas del alternador, y que la reparación tendría un coste de 150$. Me dicen que tienen que probar la pieza, y que por ese motivo, han de dejarlo un día más allí.

     Viernes: Me llaman a las 11:30 am para decirme que lo de las piezas no ha resultado, que la avería es en el alternador completo, y que el cambiarlo tendría un coste de aproximadamente 500$, más el impuesto (un 7%) y 170$ de mano de obra, y que no lo harán sin mi autorización. Me pongo como un basilisco diciéndoles que si les parece normal que, habiéndoles yo facilitado la localización de la avería, no hayan sido capaces de localizarla y repararla hasta que no han pasado dos días. Les digo que procedan a repararlo DE INMEDIATO.

     Me llaman de la oficina para decirme que el vehículo está en garantía, y así se lo hago saber a la gente del taller. Ellos me dicen que como no se le han hecho las revisiones en los kilometrajes oportunos , que hemos perdido la garantía.  Me trago la rabia como puedo, y les digo que a las 15:00 tengo que marcharme, que a esa hora pagaré la factura y que a las 16:00, el conductor habitual pasará a recogerlo, que hagan el favor de tenerlo todo listo, pues tengo prisa.

    ¿Creéis que me hicieron caso? ¡Naaaaaaaaaaaaaah! Llegué a las 14:50, y me tuvieron esperando en el mostrador sin atenderme hasta las 15:20. Como ya estaba bastante enfadado (por no decir furioso), la chica gestionó un descuento de unos 230$. Hasta las 16:00 no pude salir de allí dejando la reparación pagada.

     Pero la cosa no acabó ahí: Esa misma noche me llamó el conductor habitual del camioncito diciéndome que ahora el camioncito presentaba un agujero por el cual estaba perdiendo el aceite a chorros. ¡Cojonudo, oyes! Te dejan sin vehículo media semana, no te lo arreglan hasta última hora, y encima te joden otra cosa...

     ¿Algún servicio técnico chapucero más? Empiezo a sospechar que hacen las cosas mal a propósito para que no te molestes en llevarlo a reparar y te gastes los cuartos en un artículo nuevo. ¿Que no?

martes, 1 de abril de 2014

La encrucijada

     Compré este libro en Diciembre, justo antes de ir de vacaciones a España. Ya sabéis que soy una persona muy de leer desde pequeño (sana costumbre que mis padres me inculcaron desde entonces), y tras ver este título en un estante, y ver que pertenecía a Paul Young (autor de La cabaña, un libro que me apasionó), me hizo decidirme y lanzarme a comprarlo sin esperarme a llegar a España.

     Sinopsis

Anthony Spencer es egoísta y despiadado; una persona que no le importa pisotear a quien haga falta con tal de obtener el mayor éxito y beneficio en su vida, cerrándose las puertas al calor de cualquier tipo de relación humana. Una inesperada hemorragia cerebral lo deja en coma, para «despertar» en un mundo surrealista, un paisaje aterrador que refleja la desolación de su alma y las terribles consecuencias que sus acciones han dejado en su interior. Es en ese sitio donde tiene vívidas interacciones con varios personajes, cuyas instrucciones sigue, ante la posibilidad de que lo conduzcan a la redención. ¿Esta inesperada conjunción de sucesos provocará que Tony examine su vida? ¿Tendrá el valor de tomar una decisión crítica que pueda resarcir la grave injusticia que puso en marcha antes de entrar en coma?

     Crítica

     Honestamente, el libro me ha decepcionado. He sentido durante gran parte del relato que el autor buscaba desesperadamente repetir el éxito obtenido con su anterior trabajo; y el resultado es que el libro acaba acusándolo, y la historia llega a hacerse bien pesada. 
     He tenido que hacer un gran acopio de fuerza de voluntad para poder acabarlo, pues se me ha hecho bien cuesta arriba. La cosa prometía, pero... diálogos que sobraban, una historia pensada para buscar la lágrima fácil a toda costa, y un final bien obvio y predecible.