lunes, 5 de mayo de 2014

Yo tengo una cafetería

   Imaginad que tengo una cafetería en la que doy  desayunos, y a mediodía, suelo dar comidas. Es una cafetería pequeña, coqueta, pero con ganancias suficientes como para poder mantenerme a mí y a mi familia, y como para tener 3 personas atendiendo las mesas y un cocinero, los cuales tienen un salario más o menos justo (ya sabéis que eso es subjetivo, cobran por encima del salario mínimo de su sector, el cual está por encima del salario mínimo interprofesional; para mí es justo, ellos quisieran algo más).

     Un día, mis trabajadores se sientan conmigo a negociar, pues tienen un número "X" de peticiones que hacerme de mejoras en sus condiciones salariales. Tras una negociación en la que yo hago números con lo que nos da el negocio, accedo a darles un incentivo por asistencia al trabajo (lo cual ya de por sí era su obligación); es decir, si no faltan ni un sólo día al trabajo en toda la quincena, les voy a dar una bonificación. Hasta ese día, les daba un 50% de las propinas obtenidas; ahora me solicitan que divida el 100% de las propinas entre todos ellos, independientemente de su desempeño; como me parece bastante injusto, pacto con ellos que se queden con las propinas que les otorguen personalmente los clientes, pues al fin y al cabo, es un premio que le da el cliente al trabajador por un buen desempeño de su labor, y no es justo que Rosita, que está más tiempo mirando el Facebook por su móvil que atendiendo a los clientes, se lleve parte de las propinas de Marta, que se desvive por atender a los clientes de manera rápida y amable.

     Como veo que el negocio va viento en popa, decido ampliar el negocio, alquilando el local de al lado y reformándolo. Para ello, he de pedir un préstamo al banco. En el banco no me ponen demasiadas pegas, pues conocen mi negocio, lo bien que funciona, y el éxito que será su ampliación. ¿Qué sucede? Que tengo que presentar un aval; y como vivo de alquiler, y mi coche no llega a cubrir el préstamo, decido poner mi propia cafetería como garantía, mi única fuente de ingresos y que me pertenece.

     Ya sabéis que el banco no se va a esperar a que tenga ganancias para que pague las cuotas, si no que tengo que pagar desde el mes que viene, decido ampliar un poquito más la cuantía del préstamo para así poder pagar las cuotas con desahogo, y aprovecho para invertir en un café de mejor calidad que el que sirvo habitualmente a mis clientes, y contratar un seguro de salud privado concertado para mis empleados con mayores coberturas que el que teníamos.

     Resulta que Rosita, al ver que voy a ampliar el negocio, deduce que me sobra dinero, y que les estoy pagando demasiado poco, y así se lo empieza a decir al resto de sus compañeros. No llevamos ni un mes de obras de ampliación, cuando los trabajadores se sientan conmigo nuevamente a pedirme que les suba el salario al triple de lo que les pago, pues según ellos se merecen más, y yo me estoy enriqueciendo a su costa.

    Me siento, hago números, y resulta que cualquier incremento por encima del 15% del total que cobran actualmente, me supondría la ruina, y así se lo hago saber. Ellos dicen que no se creen nada de lo que digo, y que, o les incremento lo que me piden, o se declararán en huelga indefinida hasta que ceda a sus pretensiones.

     Les vuelvo a decir que es imposible, y más aún hasta que la ampliación de la cafetería no sea efectiva, que es lo que me garantizará el aumento de ingresos, y que, lógicamente, al tener más superficie que cubrir, tendré que contratar más personal, el cual tendrá las mismas condiciones que ellos, y cuyo sueldo ya estaba contemplado.

     No dan su brazo a torcer, y deciden empezar la huelga indefinida. Durante esa huelga, se plantan con pancartas, palos y piedras en la entrada del local, impidéndome no sólo abrir, si no que tampoco permiten que los obreros accedan a la zona de obras para continuar con la ampliación.

     Como no puedo abrir, no tengo clientes, y no tengo ingresos; sin embargo, no es culpa de los obreros que me están haciendo la ampliación, así que su sueldo tengo que pagarlo igualmente, al igual que las cuotas del préstamo. Durante este tiempo, sigo negociando con Rosita y la gente; y aunque he subido hasta un 22%, ellos no dan su brazo a torcer, y el tiempo va pasando...

     ¿Sabéis cómo puede acabar esto? Pues que habrá un momento en que yo no podré hacer frente a los pagos del préstamo, el banco me puede perdonar ciertos retrasos en el pago (con un incremento por penalización por pagar fuera de las fechas convenidas en contrato), pero habrá un momento en el que verán que no soy capaz de pagar, y, como todos sabemos, "la banca nunca pierde"; por lo que tarde o temprano acabará haciendo la ejecución de contrato de préstamo, y me embargará mi negocio, obligándome a despedir a todos los empleados, y quedándose la cafetería sin ampliar.

    ¿Qué os parece? Algo muy lógico y normal, y que le puede pasar a cualquiera, ¿no? Pues vamos a extrapolarlo a nivel nacional: Cambiadme a mi por el país de Panamá, la cafetería por el Canal, y a Rosita & Co por el SUNTRACS, y tendréis una visión de la situación actual por la que pasa el país:

     El país ha hecho una serie de inversiones en infraestructuras (Metro, hospitales, ampliación del Canal...), y aunque tiene una fuente de ingresos potente como es la explotación del Canal, no da para tanto, y, como cualquier país, empresa o persona, ha tenido que pedir un préstamo para la ejecución de las obras (incluyendo la ampliación del Canal, cuyo fruto le reportará un aumento en los ingresos, pero para ello, la obra tiene que estar terminada) Los señores de SUNTRACS han deducido que si el país tiene dinero para hacer tanta obra, entonces tiene que tener dinero para subir el salario a los trabajadores, y deciden pedir un aumento salarial del 200%. La patronal les hace saber que no es así, y que subir más allá de un 20% supondría el cierre de muchas empresas, pues las obras se contratan por un precio cerrado, y no se puede incrementar dicho precio. Dicho sindicato no da su brazo a torcer, y a pesar de estar negociando, y subir la patronal hasta un 25%, ellos deciden bajar a un 80%, aún a sabiendas de la imposibilidad de la consecución de dichas peticiones.

Obras de ampliación del canal de nuevo paralizadas
     A día de hoy, llevamos dos semanas de huelga indefinida en la construcción, teniendo paralizadas todas las obras del país. Como ya dije, por muy boyante que sea la economía de Panamá, no tiene dinero como para poder pagar tanto proyecto, y ha tenido que pedir préstamos para llevarlos a cabo, confiando en que el Canal ampliado dará ingresos suficientes como para hacer frente a los pagos de manera holgada. Y ¿qué tiene el país para presentar como aval? O aumenta los impuestos (y eso no se lo puede permitir el pueblo), para hacer frente a la deuda externa que se generaría, o pone el propio Canal como garantía. Llamadme agorero, pero la lógica me induce a pensar que es este último caso, así que Panamá podría perder no la posesión del canal, pero sí los ingresos derivados de este para hacer frente a la deuda; ingresos que dejarían de entrar en las arcas del estado, y que se podrían usar para fines sociales, mantenimiento de infraestrructuras, o fabricación de nuevas.

     ¿Apocalíptico? Puede ser, pero las posibilidades son más reales de lo que a más de uno le gustaría creer, y... ¿a quién creéis que habría que darle las gracias?


Así es como (en teoría) lucirá el nuevo juego de exclusas que actualmente se encuentran en construcción.

jueves, 10 de abril de 2014

Catequesis de "La Casa de mi Vida"

La casa de mi vida

La casa, el hogar, es donde vivimos, nos cobijamos, crecemos, y nos construimos nosotros mismos. El ejercicio de hoy va a consistir en examinar nuestra propia vida, nuestro interior, y describirnos nosotros mismos como si de una casa se tratase.
Las siguientes pistas nos guiarán cómo realizar el ejercicio.






Los cimientos.
Todo edificio necesita unas raíces, unos cimientos para que este permanezca firme en el terreno, y no se caiga a la primera de cambio. Los cimientos son los que sustentan la casa, su esqueleto, su alma. De la misma manera, nosotros tenemos nuestros cimientos; estos suelen ser aquellas cosas primordiales y básicas que nos convierten en quienes somos. Nuestros valores intocables, las cosas a básicas a las que más importancia damos y no estamos dispuestos a renunciar.

-¿Y tú? ¿Cuales son tus cimientos?



La puerta.
La puerta es el acceso a nuestra casa, de la misma manera, simboliza el cómo nos relacionamos con los demás cómo les recibimos en nuestra vida. Una puerta cerrada indica que no solemos dejar que los demás entren en nuestra vida. Una puerta entornada implica que estamos parcialmente dispuestos a que la gente se involucre con nosotros, pero con ciertas reservas. Una puerta abierta simboliza que estamos totalmente dispuestos a recibir a la gente, tanto conocida como nueva.

-¿Cómo mantienes tu puerta? ¿Eres una persona dispuesta a tener nueva gente en tu vida, o no?



La cocina
Aquí es donde preparamos aquellas comidas con las que nos nutrimos y alimentamos. De la misma manera, hay cosas que nos alimentan en nuestra vida: ilusiones, proyectos, cosas que nos animan y nos sustentan para nuestro crecimiento personal y futuros proyectos.

-¿Qué cosas son las que te alimentan?



El baño
El lugar donde nos deshacemos de la suciedad, de aquello feo que no nos hace estar limpios y cómodos. El baño es donde renovamos nuestra higiene.

-¿Qué cosas son las que te incomodan, las que no te hacen sentir limpio? ¿Cual es “el jabón” que utilizas para recuperar esa sensación de pureza y comodidad?



Las ventanas
Las ventanas de nuestra casa es por donde miramos al exterior, fuera de nuestro refugio. En nuestra vida, las ventanas nos permiten mirar fuera de nosotros, prestar atención a aquellas cosas que nos interesan o agradan.

-¿Hacia donde están orientadas tus ventanas? ¿Qué cosas son las que más te interesan y a las que más atención prestas?


El Dormitorio
Llegamos al lugar más íntimo; donde nadie más entra, donde podemos bajar la guardia ante cualquier tipo de amenaza y disponernos a descansar sin temor a que nada nos suceda en nuestro momento más vulnerable. Aquí es donde descansamos y soñamos libremente con nuestros anhelos, deseos y proyectos de futuro.


-¿Cuales son tus sueños?



 

sábado, 5 de abril de 2014

Desde el Exilio XXVI Los servicios técnicos

     Estas dos últimas semanas han sido unas de pelearme con los servicios técnicos de Panamá de distintas marcas. Os cuento los hechos tal como han sucedido, y dejo que juzguéis vosotros.

Toshiba

     Situación: Compré un portátil de esta marca recién llegado a Panamá. El verano pasado, empecé a experimentar problemas de incompatibilidad entre Windows 7 y el Skype, por lo que le pedí a mi cuñado que me instalase un sistema operativo Línux. Al contrario de Portal, a mí no me da miedo experimentar y probar estas cosas y ¡qué coños! si un informático lo usa, es que malo no debe de ser. La cosa es que empecé a experimentar dificultades con la conexión inalámbrica a internet. Un buen día, de repente, el ordenador decide que no arranca, lo cual me preocupa, y me hace buscar (asesorado por mi cuñado) un sitio donde repararlo.

     Desarrollo de los acontecimientos: Le pregunto a mis jefes dónde llevan ellos sus equipos a reparar, y me recomiendan el mismo distribuidor donde suelen comprarlo. Allí me dicen que lo lleve al servicio técnico oficial del fabricante, el cual, casualmente se encuentra en mi calle.

     Dejo el ordenador y les cuento el problema: No arranca, y no conecta a internet a pesar de detectar señal de WiFi. El chaval (me niego a llamarle "técnico") me dice que no tiene ni idea de Linuxo, pero que se quedará el ordenador, lo formateará y le hará pruebas. Que eso y el presupuesto tiene un coste de 37$ y que si acepto el presupuesto, el precio anteriormente referido, se cobraría en concepto de mano de obra. Me dice además que en 3 días me dirá lo que es; acepto y me marcho; es Miércoles.

     El Sábado me asomo para ver cómo está la cosa; el chaval me dice que le ha cambiado la memoria RAM y el disco duro, y que el ordenador va sin problemas y conecta a internet; que ha probado mi memoria RAM y mi disco duro en otro ordenador, y que va sin problemas, que me marche tranquilo, que el Lunes me dirá algo.

     El Lunes me llama diciendo que ya está reparado, que ha instalado un Windows 7, y que funciona sin problemas sin cambiarle las piezas. Como cierran a las 17:00, pido permiso a mi jefe para salir antes a recoger el ordenador. Llegando al barrio, me encuentro un accidente que ralentiza el tráfico; como son las 16:50, telefoneo al sitio diciendo que estoy llegando y que hagan el favor de esperar. La chica de recepción me responde que es imposible llevarme el ordenador, pues ella cierra caja justo a esa hora porque cierran a las 17:00. Por mucho que le insisto que si cierran a las 17:00, su obligación es atenderme si llego antes de esa hora, la tía hace caso omiso, a pesar de haberle dicho que había pedido permiso expresamente a mi jefe para salir antes. Aún así, no me hace ni caso.

     Cabreado, le pongo una queja a Toshiba a través de su canal de Twitter. Estos se deshacen en disculpas, y me dicen que al día siguiente me llamarán del local.

     Al día siguiente, me persono en la zona aprovechando que tengo que hacer unos recados, para recoger mi ordenador. Sospecha número 1: La misma chica de recepción viene a disculparse antes de dar siquiera los buenos días. Sospecha número 2: el chico sale raudo con el ordenador en la mano y me lo da. Vuelve a decirme que ha instalado un Windows 7 y que va como la seda, e indica que no se me cobre por las molestias ocasionadas. ¿Rechazar así por las buenas 37$? Me extrañó, pero como creí que la pesadilla había finalizado, no le quise dar más vueltas.

       ¡Mira por donde! Llego a casa y... ¿qué me encuentro? Pues que el ordenador está exactamente igual a como lo entregué: No arranca siquiera. Queja nuevamente a Toshiba a través e Twitter, y estos me dicen que Toshiba Panamá se pondrá en contacto conmigo en seguida... Han pasado tres semanas, y no sé nada de ellos.

     Al final, investigando y trasteando yo por mi cuenta, he descubierto que el problema está en el receptor WiFi del ordenador. De momento he solucionado la cosa con un cable de red; ya lo arreglaré en España, en la vieja y vetusta Europa...

HP

     Situación: El multifunción del trabajo deja de coger hojas para hacer impresiones o fotocopias

     Desarrollo de los acontecimientos: Vuelvo a acudir al sitio de referencia de mis jefes, y estos me dicen que ellos no reparan impresoras. Como el artículo está en garantía, contacto con la tienda donde se compró, y estos me remiten al servicio técnico oficial de HP, que es el que se hace cargo de las reparaciones (pero no me dan forma alguna de contactar con ellos). Después de buscarme la vida, encuentro en la red un teléfono de interminables dígitos que nadie responde.

     Después de casi perder la cabeza en el laberinto de la web, contacto con el servicio online del fabricante, y a través de una ventana de chat, la persona con la que hablo me va indicando los pasos a seguir. Lamentablemente, todas las indicaciones que me da, no dan resultado, y me abre una orden de reparación.

     Semana y media después, un mensajero de UPS me trae una caja con una impresora  (Pero no se lleva la anterior, me dice que HP NO repara sus impresoras) perfectamente plastificada pero a la que le faltan el cable de alimentación y la bandeja (pero con un cabezal de impresión y un juego de tintas completamente nuevos). Desprecinto la impresora u procedo a instalarla cuando... Nuevo error: el cabezal se ha quedado atascado, y los sensores de la impresora detectan que no he quitado el cartón del embalaje interior (el primero que retiré). Por mucho que reinicio la impresora, no hay manera.

     Vuelvo a contactar con el soporte online, y tras ver que es imposible incluso resetearla, deciden abrir otra orden de reparación. Les pido que por favor se den prisa, pues llevo ya tres semanas sin impresora ni escáner, y su no uso me obliga a echarme a la carretera diariamente para llevar cosas a la oficina (con el gasto de combustible y tiempo que eso implica)

     En 48 horas vuelve el amigo de UPS con otra impresora más. Vuelve a decirme que no se llevan las impresoras averiadas, y me dice lo siguiente: "Si esta tampoco te funciona, ponles una reclamación de las gordas. Exígeles que te envíen una nueva de verdad, de las que se venden en las tiendas, o un modelo superior. Estas que te estoy entregando son modelos que el servicio técnico de USA SÍ reparan, y los envían aquí para cubrir las garantías, porque aquí NO tienen personal ni talleres de reparación"

     Este Viernes pasado la conecté, y parece que no da problemas. Ya veremos...

KIA

     Situación: El camioncito del turno de noche ha gastado tres baterías en el transcurso de dos días, así que desde la oficina piden cita para llevarlo a reparar. Como a mi coche de España le pasó lo mismo, enseguida supe que se trataba de una avería en el alternador, y así se lo hice saber a la gente del taller oficial de dicha marca.

     Desarrollo de los acontecimientos: La cosa es que tenía cita a las 7:00 am, pero yo me presenté a las 6:30 am allí, y ya me encontré una fila de 20 coches delante mía. Resulta que da igual  que estés citado o no; si alguien llega antes que tú, le atienden primero aunque tú te hayas tomado la molestia de pedir cita. Así pues, aunque yo llevaba allí desde las 6:30, el vehículo no fue recepcionado hasta las 7:20.

     Lo dicho, a pesar de haberles dicho la localización de la avería, eran las 15:20 de ese día y aún "lo estaban mirando", y hasta el día siguiente no lo tendría. Todo esto ocurrió el Miércoles.

     Jueves, no es hasta las 14:00, que la chica que me recepcionó el coche no me llama para decirme que el fallo estaba localizado en dos piezas del alternador, y que la reparación tendría un coste de 150$. Me dicen que tienen que probar la pieza, y que por ese motivo, han de dejarlo un día más allí.

     Viernes: Me llaman a las 11:30 am para decirme que lo de las piezas no ha resultado, que la avería es en el alternador completo, y que el cambiarlo tendría un coste de aproximadamente 500$, más el impuesto (un 7%) y 170$ de mano de obra, y que no lo harán sin mi autorización. Me pongo como un basilisco diciéndoles que si les parece normal que, habiéndoles yo facilitado la localización de la avería, no hayan sido capaces de localizarla y repararla hasta que no han pasado dos días. Les digo que procedan a repararlo DE INMEDIATO.

     Me llaman de la oficina para decirme que el vehículo está en garantía, y así se lo hago saber a la gente del taller. Ellos me dicen que como no se le han hecho las revisiones en los kilometrajes oportunos , que hemos perdido la garantía.  Me trago la rabia como puedo, y les digo que a las 15:00 tengo que marcharme, que a esa hora pagaré la factura y que a las 16:00, el conductor habitual pasará a recogerlo, que hagan el favor de tenerlo todo listo, pues tengo prisa.

    ¿Creéis que me hicieron caso? ¡Naaaaaaaaaaaaaah! Llegué a las 14:50, y me tuvieron esperando en el mostrador sin atenderme hasta las 15:20. Como ya estaba bastante enfadado (por no decir furioso), la chica gestionó un descuento de unos 230$. Hasta las 16:00 no pude salir de allí dejando la reparación pagada.

     Pero la cosa no acabó ahí: Esa misma noche me llamó el conductor habitual del camioncito diciéndome que ahora el camioncito presentaba un agujero por el cual estaba perdiendo el aceite a chorros. ¡Cojonudo, oyes! Te dejan sin vehículo media semana, no te lo arreglan hasta última hora, y encima te joden otra cosa...

     ¿Algún servicio técnico chapucero más? Empiezo a sospechar que hacen las cosas mal a propósito para que no te molestes en llevarlo a reparar y te gastes los cuartos en un artículo nuevo. ¿Que no?

martes, 1 de abril de 2014

La encrucijada

     Compré este libro en Diciembre, justo antes de ir de vacaciones a España. Ya sabéis que soy una persona muy de leer desde pequeño (sana costumbre que mis padres me inculcaron desde entonces), y tras ver este título en un estante, y ver que pertenecía a Paul Young (autor de La cabaña, un libro que me apasionó), me hizo decidirme y lanzarme a comprarlo sin esperarme a llegar a España.

     Sinopsis

Anthony Spencer es egoísta y despiadado; una persona que no le importa pisotear a quien haga falta con tal de obtener el mayor éxito y beneficio en su vida, cerrándose las puertas al calor de cualquier tipo de relación humana. Una inesperada hemorragia cerebral lo deja en coma, para «despertar» en un mundo surrealista, un paisaje aterrador que refleja la desolación de su alma y las terribles consecuencias que sus acciones han dejado en su interior. Es en ese sitio donde tiene vívidas interacciones con varios personajes, cuyas instrucciones sigue, ante la posibilidad de que lo conduzcan a la redención. ¿Esta inesperada conjunción de sucesos provocará que Tony examine su vida? ¿Tendrá el valor de tomar una decisión crítica que pueda resarcir la grave injusticia que puso en marcha antes de entrar en coma?

     Crítica

     Honestamente, el libro me ha decepcionado. He sentido durante gran parte del relato que el autor buscaba desesperadamente repetir el éxito obtenido con su anterior trabajo; y el resultado es que el libro acaba acusándolo, y la historia llega a hacerse bien pesada. 
     He tenido que hacer un gran acopio de fuerza de voluntad para poder acabarlo, pues se me ha hecho bien cuesta arriba. La cosa prometía, pero... diálogos que sobraban, una historia pensada para buscar la lágrima fácil a toda costa, y un final bien obvio y predecible.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Desde el Exilio (XXV) La experimentación de la trampa para mosquitos

   Creo que antes de entrar en materia con este episodio, es bueno que os cuente una pequeña anécdota que me pasó hace un par de años.

     Portal y yo estábamos de vacaciones en Benidorm, y aparte de ir a la playa, dábamos paseos por el pueblo y por la zona guiri donde estábamos alojados ("El Rincón de Loix" creo que se llama). Como soy muy curioso, entraba a los minimercaditos que tenían los británicos para ellos para probar los refrescos y chucherías cuyo sabor los españoles desconocemos.

     En uno de esos paseos, vimos un restaurante hindú que tenía la carta clasificada en el grado de picante que era el plato: Suave, Moderado y Fuerte. Para alguien cuyo padre le mostró la afición por las patatas bravas y el picante, eso era lo más parecido que podía encontrar al paraíso; y tras mucho rogarle y suplicarle a Portal, logré convencerla para cenar allí.

     Con el espíritu propio de "ir de sobrao" que nos caracteriza a los madrileños, pedí el plato más picante de la carta sin miramiento alguno, mientras que ella (que detesta el picante) pidió el menos picante. ¿Qué decir? Que me colé y de pleno. Luché titánicamente contra ese plato que me estaba haciendo hervir las entrañas; la piel de mi cara se puso más roja que una caja de Bitter Kas, y mis ojos estaban brotando lágrimas como si de una fuente se tratase, mientras sudaba por todos los poros de mi cuerpo. Con la soberbia propia de la gente de mi región, y queriendo salvar mi orgullo herido, acabé el plato como pude.

     Esa noche hacía incluso frío, pero yo estaba abrasado de calor, deshidratándome por todo lo que estaba sudando... como no se puede quitar uno la camiseta por la calle, fuimos a la playa, para ir yo sin camiseta, y con el agua del mar hasta las rodillas de camino de vuelta al apartamento. Durante el trayecto, me bebí dos litros de agua de una sentada, y me dejé caer en la cama hecho polvo.

     El apartamento de al lado había sido alquilado por unas chavalitas bastante escandalosas (y un poco calientabraguetas, todo hay que decirlo), que esa noche parecía que nos iban a dar tregua (o a lo mejor se habían ido de fiesta, pero a mí en ese momento, me daba totalmente igual), por lo que me dispuse a descansar ahora que había sudado hasta la última gota de picante.

     No llevaba ni 15 minutos durmiendo cuando un mosquito cabrón, de esos que están dispuestos a joderte la noche, empezó a trompetear por toda la habitación. Sólo interrumpía su molesto pitido para darnos picotazos... ¡y qué picotazos! Eso no era un mosquito, era una maldita broca del 9. Me cubrí totalmente con la sábana y ¡milagro! dejé de oírle; pero al minuto y medio me asfixiaba de calor, y tenía que descubrirme. ¡y ahí estaba el cabronazo al acecho! En cuanto me destapaba, ya le tenía de nuevo trompeteándome en el oído, o inflándome a picotazos. Me tiré alrededor de dos horas alternando amortajamiento y asfixia con sábana y pitido insoportable y dolorosos picotazos.

     A las 3:00 am, totalmente fuera de mi, me levanté de un salto de la cama. Portal me preguntó qué me pasaba, y yo, con los ojos inyectados en sangre, le pregunté por las llaves del coche. He de decir que me pone de un terrible mal humor el que no me dejen dormir a gusto, por lo que mi aspecto en esos momentos debía dar mucho miedo, pues incluso la voz me cambió. Había visto una mega-farmacia de esas que abren las 24 horas, y mis intenciones eran claras. "Si vas a salir, pase que no lleves calzoncillos puestos, pero ponte al menos un pantalón" Me dijo Portal. Y es que entre el calor ambiente, más el que la cena me había añadido, aún tenía una inmensa necesidad de rebajar mi temperatura corporal (ahora que lo pienso, agradezco que el mosquito no fuese a cierta zona a probar la sangre) Me puse a tientas el pantalón corto donde llevaba la cartera, una camiseta del revés, las chanclas, y me fui al coche.

     Poniéndome en la piel de la chica de la farmacia, comprendo que me mirase con terror y apenas se atreviera a acercarse a la ventanilla: Si ves un coche que llega haciendo ruedas, aparca bruscamente en doble fila, y ves que de él baja un tío de casi dos metros, unas espaldas que te hacen preguntarte cómo demonios ha entrado ese tío en ese coche, ojos rojos brillantes, pelos de loco, y cara de muy pocos amigos... no creo que te sientas con mucha seguridad. Le pedí dos botes del repelente de mosquitos más potente que tuviera. El primero me lo vacié entero por todo el cuerpo, y el segundo me lo llevé a casa. Me crucé con las "vecinitas" que venían riéndose a fuertes carcajadas y con evidentes signos de haberse bebido hasta el meado que los británicos iban dejando por las esquinas. Que fueran armando tanto ruido por los pasillos me puso de peor humor aún, y tras lanzarles una mirada asesina-canibal-descuartizadora, les di las buenas noches con voz de ultratumba. La cara de terror que pusieron me lo dijo todo; se quedaron calladas (y diría que se les pasó el pedo de golpe). Luego al entrar al apartamento, me di cuenta que llevaba la bragueta completamente bajada (y os recuerdo que iba sin calzoncillos), por lo que verme así y con mi estado de furia, debía ser algo digno de llamar a la policía, los geos y hasta el ejército.

Fin de Flasback. A día de hoy.

     No suelo hacer mucho caso de las cosas que se dicen por internet, pero últimamente, los mosquitos en mi barrio se están convirtiendo en algo realmente molesto. 

     Si sólo fuera el tema de picadura de mosquito común, no le daría tanta importancia; pero aquí en Panamá nos estamos encontrando con un problema más complicado: El Dengue. Esta enfermedad, transmitida por la picadura del mosquito Aedes Aegypti se caracteriza por diarreas, vómitos, mareos, y un fuerte dolor por detrás de los ojos. En algunos casos, puede llegar a provocar la muerte.

     Ya sabéis que el mosquito es un animal cobarde, que te ataca con más virulencia por la noche, especialmente cuando estás dormido. Lógicamente, a las 2:00-3:00 de la mañana no te vas a levantar y pararte a averiguar si el mosquito que te ha picado es el susodicho Aedes Aegypti o no, ni mucho menos se lo vas a preguntar formalmente entre epítetos que van desde el "cabrón" a las más directas y maleducadas menciones a su madre y la posibilidad de que esta ejerciera el llamado oficio más antiguo del mundo. Ya sabéis, las picaduras son molestas; sobre todo por esa sensación de picor que se te origina después en la zona afectada, y que por mucho que rasques, no se va.

     El caso es que, como decía, no suelo hacer caso de TODO lo que se dice en internet, pero el grado de desesperación con los mosquitos es tal que, pensé que no perdía nada por probar el siguiente truco casero:


     Anoche hice la prueba con las esperanza que funcionase... Os puedo decir abiertamente que NO FUNCIONA. Sí que es verdad que los mosquitos se sienten atraídos por el agua, pues es donde suelen desovar, y que una persona con bastante azúcar en sangre tiene más papeletas para ser picada que una con menos. ¡Pues bien! A pesar de preparar esta trampa concienzudamente, los mosquitos siguieron cebándose conmigo (esta noche se han centrado en la planta de los pies; ¿tenéis la más mínima idea de lo terriblemente MOLESTO que es experimentar ese picor ahí?). Cuando me he levantado esta mañana y he ido a revisar la trampa, no había en ella ni un maldito mosquito. 

     ¿Qué voy a hacer ahora? Por lo pronto me he echado una ración generosa de repelente de mosquitos; pero si esto no funciona, he descubierto que el Reflex sí que los repele... ¡Que la fuerza me acompañe!


lunes, 24 de marzo de 2014

Desde el Exilio (XXII) El dilema de la tortilla de patatas

     Cuando me vine a Panamá a vivir, sabía que venía a un país con una cultura, una forma de vivir y unas costumbres diferentes. Desde luego, también imaginaba que la gastronomía iba a variar un tanto; pero lo que no me esperaba, es que el preparar uno de los platos más sencillos y típicos de nuestro país, me iba a costar tanto.

     Todos, quien más y quien menos, hemos degustado una Tortilla de Patatas (o tortilla Española, como también se le suele llamar): Con más o menos patata, cebolla (o ausencia de ella), más o menos salada, más o menos cuajada... y somos menos los que nos atrevemos a prepararla. Estos últimos, sabemos la que se lía en la cocina cuando nos ponemos a preparar un plato tan (en teoría) sencillo de elaborar.

     Algo así me sucede a mi, por lo que no suelo prepararla más a menudo por pereza, más que cualquier otro motivo. Pero la añoranza por la tierra que te vio nacer y en la que creciste, te hace querer ponerte manos a la obra.

      Pero como ya comentaba al principio, si ya de por sí es complicado el preparar nuestra tan querida y común plato típico, nadie me había avisado de lo complicado que es aquí.

Tenía buen color ¿verdad?

     ¿Por donde empezar? Tal vez por la patata como tal. Nadie diría que siendo originario como es del continente americano, este tubérculo sería tan súmamente caro. ¡No os miento! En España los 5 kgs suelen rondar los 3€. Aquí te puedes dar con un canto en los dientes si consigues la Libra (unos 455 grs) por menos de 3$ (unos 2,5€ aproximadamente). Pero la cosa no acaba ahí; resulta que la patata aquí, es mucho más dura, y por lo tanto, cuesta más que se ponga tierna cuando la cocinas, ya sea friéndola, cociéndola o asándola; obligándome a meterlas de 45 minutos a una hora en el mini grill que tengo para que se asen un poco primero. Normalmente, en la receta original sólo tienes que pelar y cortar la patata y cocerla en el aceite de oliva durante unos 15-30 minutos; aquí, con el proceso previamente mencionado, me puedo tirar casi dos horas para obtener el mismo resultado.

     Con la cebolla pasa algo que es diametralmente opuesto. Ya sabéis que con la humedad, las cebollas suelen pudrirse rápido. ¡Pues imaginad en un país donde la humedad es tan elevada! Panamá es un país estrechito rodeado por dos grandes océanos, lo cual hace que el clima sea constantemente el de una zona costera (aunque tengas kilómetros hasta el mar). Esto te obliga a consumir las cebollas que compres en un periodo de tiempo no superior a las 48, porque después se echan a perder. La ventaja es que su olor no es tan penetrante, por lo que no lloras tanto al pelarla como estás acostumbrado.

     Los huevos: aquí poco hay que decir; aparte de que también son relativamente caros (si tenemos en cuenta los salarios de aquí, y que es uno de los productos básicos de la alimentación), y no he sido capaz de encontrar los de "talla XL" que hay en mi país natal

     He dejado el aceite de oliva para el final, pues esta es la parte más dolorosa para un Español. Aquí normalmente se usa aceite de cánola, de semillas, de soja y... haciendo un exceso, aceite de girasol; por lo que no hay costumbre de usar el aceite de oliva. También hay que tener en cuenta que las condiciones climatológicas hacen bien difícil el cultivar olivos aquí, y ese aceite tan apreciado por los mediterráneos, suele venir de importación de países como Chile. Quiero dejar claro que no quiero menospreciar el producto chileno, pero los que hemos probado el aceite de Jaén, sabemos que no hay color, y como dicen en Asturias: "No ye lo mismo". Normalmente, cuando veía el programa de Karlos Arguiñano, me reía cuando este se refería al aceite de oliva como "Oro líquido"... ¡Ironías de la vida! Ahora es cuando lo he entendido. Aquí no es que sea difícil de encontrar, pero el precio es bastante elevado; hasta el punto que me he llegado a preguntar si la sangre de unicornio no sería más barata. Total, que haces un esfuerzo, le metes un buen ostión al bolsillo para comprarte un aceite de oliva (imprescindible el sabor de un buen aceite, pues es el que le da ese puntito de distinción a nuestros platos), te dejas un pastizal en el aceite y... te llevas la decepción, pues por muy puro que diga la etiqueta que sea, te encuentras con que este aceite que compras aquí no tiene apenas sabor. La explosión de sabor y recuerdos que esperas que se den en tu boca, se acaba convirtiendo en una decepción, y el sabor es muy diluido... como si pidieras en la barra de un bar un José Cuervo añejo reposado, y te encuentres con que te han dado un garrafón que sería más útil como matarratas que como copa. Si los comercios y distribuidores se dedican a engañar así a la gente, no me sorprende que los panameños nos digan que estamos locos por comprar aceite de oliva (gastándonos tanto dinero en él), y que no es para tanto. Si probasen realmente un buen aceite de oliva, lo comprenderían.

Esta última la hice hace unas dos semanas. ¿Sartén antiadherente? ¡Los cojones! Se destrozaron las dos que hice (3 horas de elaboración para que se jodieran al darles la vuelta o emplatar)

     Como anécdota final diré que en casa de mis padres, solíamos acompañar la tortilla de patata con unos filetes de caballa en aceite.... ¡Adivinad qué es lo que NO he podido encontrar por mucho que he buscado! ¡MI REINO POR UNA TORTILLA DE PATATAS CON CABALLA!

domingo, 23 de marzo de 2014

Lo acabo de poner en Facebook

    Acabo de escribir el siguiente texto en Facebook. Como sé que algún cabrito me denunciará para que me lo borren, lo pongo aquí; que ya ando un poco quemado y hasta los cojones de los mismos listos y bocazas de siempre.


     A los que os estáis dedicando a compartir cierta foto haciendo una comparativa entre los asistentes a la visita del Papa en Agosto de 2011 y lo del día de ayer:

     Desde luego que salta a la vista que EN AMBOS casos Madrid estaba desbordada e inundada de gente, y EN AMBOS CASOS AHÍ HABÍA MÁS DE UN MILLÓN DE PERSONAS..
Ahora bien, en 2011 quien gobernaba era el PSOE, ayer quien gobernaba era el PP; por lo que se cae en un error de bulto (intencionado o simple lapsus de memoria, da igual), al afirmar y expandir tan alegremente que son las mismas personas las que que hicieron el recuento si se refieren a quien gobierna (cosa que dice claramente el texto de la comparativa de ambas fotos). Es decir, ni ayer gobernaba el PSOE, ni durante la visita del Papa gobernaba el PP, por lo que el decir que los mismos (si, repito, nos referimos a quienes gobiernan como dice el cartel) son los responsables de dicho recuento es una afirmación ROTUNDAMENTE INEXACTA Y FALSA.

     En cambio, si a lo que se quieren referir con "los mismos" es a los miembros de las casta política bipartidista que lleva rigiendo nuestros destinos desde 1982 (año en que el PSOE gano por primera vez las elecciones entrando en una alternancia de poder con el PP en los años 1996, 2004 y en estas últimas elecciones de 2011), entonces sí que estaré de acuerdo con el cartel.
Dicho lo cual, apoyo las marchas por la dignidad, pero lamento que hayan permitido que un tío tan falso, cínico e hipócrita como Guillermo Toledo, se haya convertido en portavoz y leído el manifiesto. Un tío que está viviendo a todo tren en Cuba a base de lamerle las pelotas a los Castro, los cuales se dedican a oprimir a su pueblo (exactamente como está ocurriendo en España, pero mucho más a lo bestia, en España, gracias a Dios, al menos no hay aún desaparecidos que aparecen en cunetas; aunque me temo que como la cosa siga así...); es decir, ese tío que se ha ido a Cuba a vivir de puta madre y del cuento porque en España se le ha cerrado el grifo (¡Por favor, no me digáis realmente que os parece un actorazo! porque no lo es, ni de coña), ¿realmente representa al que se ha echado de su casa, al que ha perdido el trabajo, a quien tiene un familiar que no puede ser tratado en un hospital? ¿Representa a los que nos hemos tenido que ir de nuestro país a buscarnos las castañas de verdad? NO, no lo es, así que por favor, no le deis más publicidad a ese tío a costa de los que lo están pasando realmente mal.

martes, 11 de marzo de 2014

10 años después, sigue siendo 11 de Marzo

     Sí, ya han pasado 10 años de la tragedia en Madrid. Personalmente, nunca he querido escribir sobre ese día, porque ya habían corrido ríos, cascadas y océanos completos de tinta al respecto, y no quería saturar contando algo más sobre algo que todos nos sabemos de memoria.

     Con esos 10 años a mis espaldas, creo que ya puedo contar un poco mi pequeño testimonio; uno más entre los de los miles de madrileños que nos despertamos ese día con esa noticia. No esperéis una historia espectacular, ni demasiado emotiva; es sólo eso: una historia más.

     11 de Marzo de 2004; serían las 8 de la mañana más o menos, y yo estaba durmiendo, pues esa semana en el trabajo, yo estaba en turno de tarde; cuando oí el telefonillo. Eso me medio despertó, y al poco, las voces de una chica con la que iba mi hermana en el tren, me despertaron del todo. Normalmente ambas quedan abajo en la calle para coger el bus que las lleva a la estación de tren, por lo que me sorprendió que la muchacha subiera a casa. "A lo mejor se está meando y necesita pasar al baño" Pensé. Me vestí (tengo la mala costumbre de dormir completamente en bolas desde los 15 años), y salí al salón. Las dos estaban buscando algo en la tele; y creo que fue en Telemadrid donde lo vimos: Un montón de gente, principalmente señoras mayores, que subían caminando de las vías, y señalando un tren parado con cara de "¡Qué fastidio!", al principio pensamos que se trataba de una avería y que la gente se había tenido que bajar del tren (a mí me pasó justo unos años antes, y tuve que ir prácticamente caminando desde Alcalá universidad hasta la estación de Alcalá de Henares). Ya me estaba preparando para llevarlas a ambas al trabajo, pues cuando a un tren le pasa algo, ya afecta a todos, claro. Me estaba terminando de calzar las deportivas, cuando la imagen del agujero que una de las mochilas había hecho me dejó de piedra. "Eso no ha sido un fallo mecánico" Acerté a decir. De repente, el torrente de información colapsó todas las cadenas: "Un atentado" "El atentado más grande de la historia" "Tres trenes..." "Se sospecha de ETA" "Dicen que Al Qaeda está reclamando la autoría" "El presidente Bush manifiesta su solidaridad con las víctimas del terrorismo"... "Dicen que está todo colapsado, y no dejan entrar a nadie" Me dijo mi hermana. Celia (la chica que subió a casa) dijo "Han blindado Santa Eugenia, Vallecas y los alrededores de Atocha para que nadie pueda entrar ni salir; quieren cazar a los culpables" Aún así, bajamos al coche expectantes, decididos a que ambas llegasen a sus puestos de trabajo. Íbamos los tres en silencio, muy atentos a las noticias de la radio, las cuales, eran cada vez más descorazonadoras. Con Celia no hubo problema, pues trabajaba en Coslada; pero con mi hermana no pudo ser. Todos los accesos a Santa Eugenia estaban cerrados a cal y canto. Un policía nacional nos dijo que no se podía entrar ni salir, por lo que nos tocó volver a casa (tras avisar ella en el trabajo que no nos dejaban ni entrar)

     Era mediodía, y aún no se sabía nada de la autoría; unos apuntaban a la banda terrorista ETA, otros a Al Qaeda... y con más miedo que otra cosa, me fui a trabajar. Caras tristes, caras de congoja allá donde mirase, y sobre todo, miedo, el cual casi se podía masticar en el ambiente. Al llegar al curro, me encontré militares con metralletas en las rotondas, lo cual me asustó aún más si cabe. La tienda casi parecía un erial; apenas había clientes, y los que estaban por allí, lo hacían porque estaban hartos de estar encerrados en casa y estaban acongojados; en ese momento, la histeria y el miedo a que la muerte viniese de cualquier lugar, eran algo palpable. Una cosa es que dos aviones se estrellaran contra las torres gemelas, pero eso eran cosas que pasaban siempre en otros sitios, en otros lugares; nadie esperaba que un atentado tan brutal

     Llegué al trabajo con la visión de militares armados en las rotondas y con las calles desiertas. En la tienda el clima era de tristeza y miedo. Los asesinos habían conseguido que todos estuviéramos acojonados... ¡buen trabajo, cabrones!. No, no me creí que hubiera sido ETA; ese tipo de atentados no es su estilo, por mucho que Ángel Acebes dijera lo contrario. Ese día, la tienda cerró a las 21:00 porque estaba desértica

     Al día siguiente, estaban convocadas marchas en repulsa por el brutal atentado, y se decretó que los comercios cerrasen a las 18:00. Yo estaba en turno de tarde esa semana, y me fui a Torrejón a buscar a un amigo para unirnos a la marcha de Alcalá de Henares. Aunque no había aún comunicación oficial, ya en nuestro fuero interno sabíamos que Al Qaeda estaba detrás, y no pocos gritaron e insultaron a Aznar cuando pasamos junto a la sede del Partido Popular. La rabia por el intento de ocultar la verdad que ellos ya sabían era palpable en el ambiente, y acabó estallando.

     Ese fin de semana eran las elecciones generales, y ese mismo Domingo, fui voluntario a un inventario a la tienda de Alcorcón. Justo ahí supimos oficialmente la autoría del atentado, y según salí de allí, me fui a votar. Estaba claro que no iba a votar a los populares, pero tampoco me fiaba del PSOE (no me gustó NADA que varios de sus miembros convocasen una manifestación ante la sede del PP en plena jornada de reflexión), así que voté por una tercera opción. Ya sabéis quién ganó; estaba claro, pero yo al menos tengo la conciencia tranquila de no haber vuelto a votar JAMÁS por ninguno de los dos. ¿Y por qué lo digo? Por lo siguiente:

     Los meses siguientes tuvo lugar la "Comisión de Investigación" que consistió en un espectáculo bochornoso donde los dos principales partidos se dedicaron a ponerse a parir unos a otros, y soltarse perlas típicas de bronca de patio de colegio en plan "a ver quien suelta el vacile más grande y deja peor al otro" En esos meses, me sentí realmente avergonzado de ser español; acabábamos de pasar por un evento terriblemente trágico y dramático, y estos señores, que viven de nuestros impuestos, se dedicaban a demostrar cuanto molan despellejando verbalmente al otro...

     El 11 de Marzo de 2004, aparte de toda esa gente que perdió la vida trágicamente en los trenes, murió también mi fe en los políticos españoles, los cuales convirtieron a las víctimas en armas arrojadizas dentro del saco de mierda que tienen para lanzarse unos a otros.


jueves, 6 de marzo de 2014

Dos chicas sin blanca (2 Broke girls)

     Hacía mucho que no hablaba de programas televisivos. Debe ser porque cada vez veo menos televisión, y si lo hago, es para ver alguna serie que me haya enganchado. 
     Hoy os voy a hablar de "Dos chicas sin blanca", o como se titula originalmente en inglés, "2 Broke Girls".  La serie va de dos muchachas muy dispares que trabajan juntas en una cafetería: Caroline, una chica que procede de las altas esferas hasta que su padre es encarcelado por un delito de estafa, y les embargan absolutamente todo (¡bueno! casi todo). Sin tener a donde ir, y necesitando buscarse la vida cuando nunca ha tenido necesidad de ello, acaba trabajando de camarera en la cafetería. Ingenua y acostumbrada a un estilo de vida que se encontraba en la estratosfera de donde ahora se encuentra, Caroline tendrá que afrontar muchas dificultades que antaño ignoraba que existían.  El contrapunto lo pone Max, que procede de la calle; acostumbrada a pasar mil y una penurias, y habiendo despabilado deprisa (tal vez demasiado deprisa). Directa, simple, soez y gamberra (Pero con buen corazón, no podía ser de otra manera), acoge a Caroline en su casa, y se dedica a la labor de irle abriendo los ojos a una realidad hasta ahora desconocida para ella.

     La serie es un tanto gamberra, pero para mi es ideal para desconectar y reírse un buen rato. Es una pena que caiga en los estereotipos con las protagonistas (Caroline la rubia tonta, Max la morena pechugona descarada), pero al menos pasas un buen rato, y como los episodios duran 20 minutos (sin anuncios), se hacen bastante ágiles.

   ¡En fin! Que os recomiendo la serie, en resumen, para que os echéis unas risas.