Mostrando entradas con la etiqueta Catequesis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catequesis. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de mayo de 2021

Tocando el bajo

 

¿Por qué el bajo?

     Es una pregunta que me hacen mucho últimamente. ¡Caramba, carambita! ¿Por dónde empezar a contar/explicar? Supongo que por el principio: Hace ya unos años, cuando me inicié en la guitarra (allá por 1996), escuchaba a un grupo llamado “Héroes del Silencio” del cual, me llamaba mucho la atención el bajista; y ya ahí me picó el gusanillo sobre dicho instrumento.

     Con el paso de los años, fui conociendo cada vez a más personas que tocaban dicho instrumento; todas grandísimas personas, lo cual, me hacía aún más atractivo el iniciarme a él.

     Al final, cuando hace cuatro años, estuve de incapacidad laboral bastante prolongada, y viendo que en el coro éramos nada menos que 5 guitarristas, decidí liarme la manta a la cabeza, y aprender por mi cuenta a tocar este instrumento para enriquecer el sonido en las misas, quitarme esa espinita de aprender, y de paso, homenajear a esos bajistas que tanto apreciaba y aprecio (algunos, grandes amigos míos, y uno de ellos, en concreto, fallecido en 2015).

     Pero ¿qué tiene de particular dicho instrumento? A pesar de compartir forma con las guitarras, y tener sus cuatro cuerdas afinadas en las mismas notas que las 4 más graves de su hermana, y tocar EXACTAMENTE LAS MISMAS NOTAS (por lo que “perderse” a la hora de cantar con este instrumento es algo que no debería pasar), la tarea de este instrumento es dar una base rítmica, mientras la guitarra nos brinda la melodía; su misión es apoyar en lo que es la velocidad de la canción, y también servir de guía para las voces graves.

     Y es que, de eso se trata también: de la misma manera que en una agrupación musical caben distintos instrumentos y cada uno tiene su función, en las parroquias también sucede de esta manera: Cabemos todos, y no todos tenemos por qué ser iguales, ni hacer exactamente lo mismo; cada cual tiene su función, y aquí estamos para desempeñarla.

     
¿Y tú? ¿Qué instrumento del Señor eres?

martes, 28 de mayo de 2019

¿Amarás a Dios sobre todas las cosas?


            Campamento parroquial Ibros (Jaén) 2012, era una mañana calurosa de Julio cuando una de las jóvenes de la parroquia vino con una inquietud:
- Josele, sé que el primer mandamiento es “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, y… ¡Lo veo tan difícil! Me siento incapaz. Creo en Dios, me siento amada por Él, y quiero corresponderle, pero amarle por encima de cómo amo a mis padres, a mi familia, a mis amigos… ¡No sé cómo hacerlo! ¿Me convierte eso en mala cristiana?
            ¡Toma ya, la primera en la frente! Y ahora, ¿qué le digo a esta muchacha? Catequistas, reconoced que, en algún momento, os han hecho una pregunta de este calibre, y habéis sentido que os cortocircuitáis por dentro.
            Afortunadamente, un pequeño cuentecito que leí hace muchos años, acudió a mi memoria, y así se lo relaté en respuesta (perdonad si fallo en algún detalle, pues lo estoy relatando de memoria)
            Se encontraba San Francisco de Asís orando, y le dijo a Dios llorando: “¡Lo siento, Dios! Amo al Sol y a la Luna, amo la tierra y la naturaleza, amo a mi familia, a Clara y a sus hermanas, al pueblo, al día y la noche, a los días soleados, y a los de lluvia… Los amo a todos al igual que te amo a ti. ¿Cómo observar el primer mandamiento y discriminar el amor?” Dios le sonrió cálidamente y le respondió así: “Yo también amo al Sol y a la Luna, amo la tierra y la naturaleza, amo también a tu familia, a Clara y a sus hermanas, al pueblo, al día y la noche; amo también los días soleados y a los de lluvia… Los amo a todos por igual, y también te amo a ti. Además, en todos vivo y amo. Ve tranquilo, pues, hijo mío, pues amándolos a todos, me amas a mí también”.
- ¿Entiendes lo que acabo de decir? Dios no nos pide imposibles; sólo quiere de nosotros una cosa: que amemos, que le amemos, y amemos a nuestro prójimo, hecho a imagen y semejanza de Él. Todos nosotros tenemos un pedacito de Dios en nuestro ser, pedacito que a Él volverá cuando nuestro tiempo aquí se haya cumplido. Ama a Dios en tus padres, en tu familia, en tus amigos… y si te sobra un poquito, (dije guiñándole un ojo) también en tus catequistas y monitores de campamento.
            “Los Diez Mandamientos”, los relatamos de memoria, de carrerilla, pero… ¿Nos hemos parado a observarlos y meditarlos detenidamente? Reconozco que la pregunta que me hizo esa muchacha en su día me lo hizo pasar un poco mal; no sólo por el aprieto en el que me vi, si no porque me interpeló a mí mismo, y me hizo darme cuenta de lo poco que pienso sobre ello, de lo poco que lo pongo en práctica, cuando, en realidad, es mucho más sencillo de lo que parece.
            ¿Y vosotros? ¿Cómo andáis de amor a Dios?

jueves, 10 de abril de 2014

Catequesis de "La Casa de mi Vida"

La casa de mi vida

La casa, el hogar, es donde vivimos, nos cobijamos, crecemos, y nos construimos nosotros mismos. El ejercicio de hoy va a consistir en examinar nuestra propia vida, nuestro interior, y describirnos nosotros mismos como si de una casa se tratase.
Las siguientes pistas nos guiarán cómo realizar el ejercicio.






Los cimientos.
Todo edificio necesita unas raíces, unos cimientos para que este permanezca firme en el terreno, y no se caiga a la primera de cambio. Los cimientos son los que sustentan la casa, su esqueleto, su alma. De la misma manera, nosotros tenemos nuestros cimientos; estos suelen ser aquellas cosas primordiales y básicas que nos convierten en quienes somos. Nuestros valores intocables, las cosas a básicas a las que más importancia damos y no estamos dispuestos a renunciar.

-¿Y tú? ¿Cuales son tus cimientos?



La puerta.
La puerta es el acceso a nuestra casa, de la misma manera, simboliza el cómo nos relacionamos con los demás cómo les recibimos en nuestra vida. Una puerta cerrada indica que no solemos dejar que los demás entren en nuestra vida. Una puerta entornada implica que estamos parcialmente dispuestos a que la gente se involucre con nosotros, pero con ciertas reservas. Una puerta abierta simboliza que estamos totalmente dispuestos a recibir a la gente, tanto conocida como nueva.

-¿Cómo mantienes tu puerta? ¿Eres una persona dispuesta a tener nueva gente en tu vida, o no?



La cocina
Aquí es donde preparamos aquellas comidas con las que nos nutrimos y alimentamos. De la misma manera, hay cosas que nos alimentan en nuestra vida: ilusiones, proyectos, cosas que nos animan y nos sustentan para nuestro crecimiento personal y futuros proyectos.

-¿Qué cosas son las que te alimentan?



El baño
El lugar donde nos deshacemos de la suciedad, de aquello feo que no nos hace estar limpios y cómodos. El baño es donde renovamos nuestra higiene.

-¿Qué cosas son las que te incomodan, las que no te hacen sentir limpio? ¿Cual es “el jabón” que utilizas para recuperar esa sensación de pureza y comodidad?



Las ventanas
Las ventanas de nuestra casa es por donde miramos al exterior, fuera de nuestro refugio. En nuestra vida, las ventanas nos permiten mirar fuera de nosotros, prestar atención a aquellas cosas que nos interesan o agradan.

-¿Hacia donde están orientadas tus ventanas? ¿Qué cosas son las que más te interesan y a las que más atención prestas?


El Dormitorio
Llegamos al lugar más íntimo; donde nadie más entra, donde podemos bajar la guardia ante cualquier tipo de amenaza y disponernos a descansar sin temor a que nada nos suceda en nuestro momento más vulnerable. Aquí es donde descansamos y soñamos libremente con nuestros anhelos, deseos y proyectos de futuro.


-¿Cuales son tus sueños?



 

lunes, 25 de febrero de 2013

Catequesis de reconciliación


(Del Evangelio de Lucas)
"Dijo además: —Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.” Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, habiendo juntado todo, el hijo menor se fue a una región lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella región, y él comenzó a pasar necesidad.
Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual le envió a su campo para apacentar los cerdos.
Y él deseaba saciarse con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba.
Entonces volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti.
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”
Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y le besó.
El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”
Pero su padre dijo a sus siervos: “Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies.
Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos,
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música y las danzas.porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse.
Después de llamar a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le dijo: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha mandado matar el ternero engordado, por haberle recibido sano y salvo.”
Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió, pues, su padre y le rogaba que entrase.
Pero respondiendo él dijo a su padre: “He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he desobedecido tu mandamiento; y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos.
Pero cuando vino éste tu hijo que ha consumido tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero engordado.”
Entonces su padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
Pero era necesario alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.”


   Vamos a hablar primeramente de la parábola en sí. Parece que es un inicio normal, sin nada de especial, pero si lo analizamos... ¿cuando percibimos una herencia de nuestros padres? Normalmente cuando estos mueren. Sin embargo, el hijo le pide al padre su parte de la herencia; es como si le viniese a decir que no podía esperar a que él faltara para poder echar mano de lo que "legítimamente" es suyo, y es como dar a entender que para él su padre ya había muerto, o que tenía más valor en ese estado. ¿Quién de vosotros trataría así a su propio padre?

   Vemos posteriormente que el hijo, en lugar de sobrevivir por sus propios medios y administrar lo recibido, decide malgastarlo. Es como cuando uno está deseando salir de casa de sus padres, de huir de su autoridad, para hacer las cosas que estos jamás han visto con buenos ojos. "Como ahora no hay quien me controle, voy a hacer lo que me dé la gana" ¡Gran error! La independencia, aunque puede parecer algo muy apetecible, viene (o ha de venir) acompañada de madurez. El cumplir una fecha simbólica que marca la ley (los 18 aquí en España), no significa que seas realmente un hombre o una mujer; la madurez la marca la sabiduría y el buen juicio, y eso no se adquiere mágicamente cumpliendo una cifra determinada de años de edad. ¿Alguno se gastaría TODO el sueldo del mes en Donuts y Coca Cola habiendo que pagar la casa, la luz, el agua, la calefacción, comida y ropa? Pues el protagonista de la parábola lo hace; se lo gasta todo en juergas. Podemos ver lo que pasa poco después; no tiene ni para comer, se pone a trabajar, y tiene tanta hambre, que hasta la comida de los cerdos se le hace apetecible.

   Llega entonces el momento de reflexionar, de ver que con su padre no vivía tan mal; pero que lo que ha hecho no está bien. Decide tragarse el orgullo y tener la humildad de pedirle perdón sinceramente. Después de lo que hizo, ya no espera que todo vuelva a ser como antes, pero él se conforma con ser un trabajador suyo más en lugar de su hijo; ya renunció a ello cuando le pidió su parte de la herencia (¿Lo recordáis?)

   ¿Cómo reacciona el padre? ¿Se regocija ante el fracaso de ese hijo que le ha despreciado y para el cual era más útil muerto? ¿Le ignora? No, como padre que es y que ama a su hijo, le da un vuelco el corazón y corre a abrazarlo. Era un hijo al que había dado por perdido para siempre, y que, sin embargo, acababa de recuperar. Un hijo hambriento, sólo y desconsolado que reconoce que se ha equivocado, que le pide perdón, y ruega ser acogido en su casa aunque sea como un trabajador más. El padre no quiere oír hablar de ello; está demasiado feliz de recuperar a su hijo, y este vuelve con todas las consecuencias, como si nunca se hubiese marchado.

   Rembrandt recogió esa historia en este cuadro que vamos a ver ahora:

"El hijo pródigo" de Rembrandt
    En este cuadro se ve representada la escena en la que justo el joven le pide perdón a su padre, y este le abraza. Como podéis observar, el muchacho viene vestido casi con harapos frente a los ricos ropajes de su padre y el personaje de la derecha (presumiblemente el hermano mayor); incluso trae un pie descalzo y probablemente herido; además, tiene la cabeza rapada (esto es por que la gente que vivía en la miseria no podía permitirse ni siquiera el poder lavarse, y un pelo largo y sucio es un foco de infección por piojos y demás parásitos), y hunde la cabeza, para que su rostro no se vea marcado por la vergüenza.

 Fijaos bien en el rostro del padre. El pintor ha querido marcar la representación de Dios como padre y madre a la vez de la humanidad.

   La expresión de la cara es de acogida toral y absoluta, y mientras su ojo izquierdo mira fijamente a su hijo, con la firmeza propia que se atribuye al padre (rasgo masculino), el ojo derecho no le mira directamente; tiene la mirada perdida, como expresión de máxima alegría, de la misma manera que uno mira sin ver cuando está enamorado. Esa mirada perdida de amor/dolor/alegría, es un rasgo que generalmente se atribuye a las mujeres, a la figura de la madre, pues siempre se da por hecho que ellas son más dadas a expresar emociones que los varones.





 Como decía antes, mirad cómo el hijo hunde el rostro, preso de la vergüenza, entre los ropajes del padre. No es una mirada altanera, tampoco se le ve con orgullo; es la expresión del arrepentimiento del que sabe que ha obrado mal y que, si pudiera, volvería atrás en el tiempo para deshacer todo lo ocurrido.  Es una expresión también de vergüenza, del que sabe que no ha hecho bien y se siente incapaz incluso de sostener la mirada.

   Por último, volvemos a la figura del padre: Nuevamente, ha una separación Padre/Madre: La mando izquierda aparece tensa, en un gesto de fortaleza y firmeza(nuevamente, atributos masculinos), como dando a entender que pase lo que pase, él siempre estará ahí para sostenerle. La mano derecha sin embargo, no tiene marcado músculo o tendón alguno, aparece en una posición como de reposo, como si le acariciara; de hecho, si os fijáis bien, incluso parece una mano femenina si no fuera por su tamaño. Y ambas manos, con sus características, manos firmes y fuertes, pero amorosas a la vez, manos que sostienen, y a la vez acogen, pertenecen a la misma persona.

   Volvamos a la lectura: no hay que ser muy listo para deducir que en esta parábola, es Dios el padre, y nosotros tomamos el papel del hijo menor. Muchas veces tomamos la parte de la herencia que nos corresponde (nuestros propios dones), y renegamos de él, nos marchamos, y actuamos como si él no existiera ni nos importara. En ese acto de rebeldía "adolescente" hacemos muchas tonterías, y probamos a hacer todas esas cosas que sabemos que a él no le gustaría que hiciésemos: "Mi vida es mía, y hago con ella lo que quiero, sin nadie que venga a decirme qué he de decir, hacer, pensar o sentir" ¿Os suena? Pues vamos con esa idea en la cabeza, y caemos en un "Todo vale", cuando en el fondo de nuestro corazón sabemos que no es así; que no todo vale, y que es una excusa muy débil.

   Pero no nos damos cuenta de lo equivocados que estamos hasta que nos caemos; y ¡Ay, amigos! Cuando caemos, lo hacemos con todo el equipo, y de la forma más estrepitosa, aparatosa y dolorosa que conocemos. Es entonces cuando nos damos cuenta de que hemos hecho el tonto, y es entonces cuando abrimos los ojos y vemos más allá de nuestra ceguera del "es mi vida y hago con ella lo que quiero" y empezamos a vislumbrar un "¿A cuanta gente he herido en mi egoísmo? ¿A cuantos he ignorado, he atacado, he hecho daño de forma directa o indirecta? ¿A cuanta gente he olvidado?" y es entonces cuando intentamos remediar el daño causado, e intentamos volver al sitio del que sabemos (ahora sí), que jamás debimos marcharnos con la esperanza de ser perdonados y así poder aliviar una pequeña parte del dolor que sentimos.

   La reconciliación, el perdón, se compone de tres partes:

1° Pedir perdón: Para llegar a esta parte, ante todo hay que saber reconocer que nos hemos equivocado; admitirlo de forma humilde,  y saber pedirlo con arrepentimiento sincero, y propósito firme de que no vuelva a ocurrir

2° Saber perdonar: Aunque el daño recibido haya sido grande, no dejarse llevar por el rencor; dejar que el amor por la persona que se ha equivocado, pueda más que el dolor que hayamos podido sentir, y entonces poderle decir: "Te perdono", y hacerlo de corazón

3° Saber sentirse perdonado: Muchas veces, dejamos que el sentimiento de culpa nos devore y ahogue, ennegreciendo nuestro espíritu y no dejando que la alegría regrese a nuestro corazón. Si la persona ofendida nos ha perdonado, ¿qué necesidad hay de seguir sintiéndose culpable? Has reconocido que has metido la pata, no quieres volver a hacerlo y has pedido disculpas, la otra persona te ha perdonado.... ¡Pues ya está! Ahí se acabó todo. Mal asunto si te sigues sintiendo culpable, pues eso significa que si no te puedes perdonar a ti mismo, menos aún vas a ser capaz de perdonar a los demás, y eso no es amor precísamente.

   Volvamos nuestra vista de nuevo al cuadro. El padre no sólo le perdona de palabra, si no que lo hace de gesto. Retira sus brazos del cuerpo para acogerle, dejando expuesto su corazón. Cuando queremos a alguien, dicen que le estamos dando la llave a nuestras zonas más íntimas y vulnerables, donde más daño nos pueden hacer, y confiamos en que no lo harán. De la misma manera pasa aquí: retiramos los muros defensores (los brazos) de nuestro órgano más importante (el corazón), y le damos una acogida directa a este; le estamos dando pie a esa persona a que entre en nuestras vidas y hacerle partícipe de ellas.

   Un abrazo es algo que no se da a la ligera y así como así; puede parecer un gesto sencillo, pero lo que implica es de una profundidad mayor de la que creemos. Con un abrazo podemos pedir perdón o perdonar, consolar o buscar consuelo, darnos calor tanto físico como anímico, saludar a una persona muy querida, comunicar aquello que no nos sale con palabras.... Es ahora el momento de, en silencio, dar esos abrazos y comunicar con ellos lo que queráis.


sábado, 15 de septiembre de 2012

viernes, 20 de julio de 2012

Ibros 2012

   Un año más, cogí mi saco de dormir, mi mochila y mi guitarra, y me encaminé al campamento parroquial. Este año nos dirigíamos a Ibros (Jaén), por lo que el calorcito y el sol los teníamos garantizados.
Todos los campamentos son especiales y bien que nos encargamos los monitores de que así sea, pero este para mí tenía un significado realmente especial, pues era el último (tras el verano me marcho a vivir al extranjero y no sé cuando volveré). Lejos de dejar que ese pensamiento triste me dejase incapacitado durante esos 8 días, decidí poner toda la carne en el asador, y darlo todo en las catequesis. 


   ¡Hay que ver cómo cambian las cosas cuando alguien hace las cosas sabiendo que va a ser la “última vez”! Parece que le pones más empeño, más ganas de que todo salga bien, y entonces vuelcas todo tu corazón, todo tu ser en ello. ¿Y si todo lo que hiciéramos fuera pensando que es esa última vez que lo llevamos a cabo? Vale, sí, por un lado acabaríamos derrotados y sin fuerzas; pero por el otro viviríamos con más intensidad. Imaginad un último abrazo, una última sonrisa, unas últimas lágrimas… ¿Por qué no poner ese mismo empeño y corazón también en las primeras, segundas, octavas o quincuagésimo cuartas veces?





   Dios nos ha invitado este año a vivir y a amar intensamente; a permitirle entrar en nuestras vidas, a descubrir y sentir su amor, y a confesarnos una cosa: Que está loquito de amor por nosotros, y que nos quiere incondicionalmente de forma intensa seamos como seamos, con nuestros aciertos y nuestros fallos; cuando somos gente estupenda y cuando somos gente a la que cuesta querer; cuando reímos, cuando lloramos, en nuestros momento de silencio, y también en nuestras algarabías, cuando a los monitores nos cuesta que se preste atención. En todos esos momentos, Dios nos ama a cada uno de nosotros como si fuera la última vez que fuera a vernos o compartir algo con nosotros; de forma intensa, apasionada y dulce; hablándole a nuestro corazón de forma directa, o a nuestros oídos sirviéndose de nuestros sacerdotes y catequistas, y con un mensaje claro y directo: VIVE Y AMA.

domingo, 11 de marzo de 2012

Reflexión sobre la Semana Santa

   Hacía mucho que no escribía algo conjunto con mi amigo el Osezno, y es una pena, pues la verdad es que las veces que hemos escrito algo conjunto para el boletín, nos han quedado siempre unos artículos bastante majos. Tenemos formas parecidas y a la vez diferentes de ver la vida, y cada uno tiene un estilo bien diferenciado a la hora de escribir y expresarse. Esa mezcla precisamente es la que hace que cada vez que escribimos una artículo en común, brote la magia en forma de palabras escritas. 
   En el boletín que verá la luz a primeros de Abril, en Semana Santa, nos pidieron que escribiéramos una reflexión sobre dicha semana, y procurásemos trasladarla a nuestros días. A continuación os muestro el resultado. (Ya le pediré permiso otro día para publicarlo, como dijo Liam Nesson: "Prefiero pedir perdón a pedir permiso")
   En dicho artículo, teníamos una limitación de páginas, pero nos emocionamos tanto escribiendo la reflexión, que nos salió un artículo de 4 páginas. Para hacerlo aún más entendible, y como en mi blog no hay límites para las palabras escritas, me he permitido el lujo de añadir además las lecturas bíblicas correspondientes. Espero que os guste.


Jueves Santo:

Última Cena y Lavatorio de los pies
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 1-15 
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?". Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás". "No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte". "Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos". El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios". Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

   ¡Cuantas, cuantas veces pecaremos de lo mismo! Estamos acostumbrados a jugar a esto que nos proponen del “Cada vez más” “Yo el más importante” “Nadie por encima de mí”…  Y una vez más, como una metafórica bofetada, Jesús nos baja de nuevo los pies a la tierra. Por amor, por auténtico y genuino amor, hace las tareas propias de un esclavo de la época con sus discípulos. ¡Y se lo hace a todos sin excepción! Incluyendo a aquel que ya sabe de sobras que le va a traicionar. Miremos a nuestras vidas, bajémonos por un momentito de ese pedestal donde nos subimos nosotros solitos; ¡ánimo, que el suelo no nos va a morder los pies! ¿Ya estamos? Entonces, echemos un vistazo a nuestro día a día. ¿Es nuestra actitud la de Jesús? ¿Es la de Pedro? ¿O acaso somos Judas? Ya no pregunto que hablemos de la gente en general (que eso se nos da de miedo, y de ahí a generalizar, ya ni os cuento) ¿Os reconocéis en alguno de ellos en el trato familiar y cotidiano con la gente que tenéis más cercana?

Getsemaní


  
Lectura del santo evangelio según san Mateo   (Mt 26, 36-46)
Oración en Getsemaní
       36 Entonces fue Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní, y les dijo:
       - Sentaos aquí mientras voy a orar un poco más allá.
       37 Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó a sentir tristeza y angustia, 38 y les dijo:
       - Siento una tristeza mortal; quedaos aquí y velad conmigo.
       39 Después, avanzando un poco más, se postró rostro en tierra y estuvo orando así:
       - Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú.
       40 Volvió donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Entonces dijo a Pedro:
       - ¿Con que no habéis podido estar en vela conmigo una hora? 41 Velad y orad, para que podáis hacer frente a la prueba; que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.
       42 Por segunda vez se alejó y volvió a orar así:
       - Padre mío, si no es posible que pase sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
       43 Volvió y los encontró dormidos, pues tenían los ojos cargados. 44 Los dejó y volvió a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45 Entonces volvió donde los discípulos y les dijo:
       - ¿Todavía estáis durmiendo y descansando? Ha llegado la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 46 Levantaos, vamos. Ya está aquí el que me va a entregar.

         Llega la hora de la soledad, el momento donde Jesús se muestra vulnerable, temeroso, con su confianza en el padre tambaleándose. En los momentos de soledad, es cuando nosotros hacemos frente, sin ayuda de nadie a nuestros temores. Solos nosotros y Dios, aunque muchas veces ignoremos su presencia (o nos olvidemos de que está a nuestro lado) ¿Pedimos también nosotros que el cáliz de amargura (las malas experiencias) pasen por nosotros sin que lo probemos (no nos pasen a nosotros)? Tener miedo es algo natural, y no nos hace ser menos hombre o menos mujer el reconocer tenerlo. El dejarnos dominar por nuestros temores, o el querer que las malas experiencias no nos sucedan ya es más preocupantes. Jesús bebió de ese cáliz por que era necesario ese trago amargo para poder entender y gustar mejor lo que vendría después. ¿Vamos a renunciar nosotros a los momentos amargos? ¿Los vamos a evitar? ¿Vamos a negar su existencia?... ¿O por el contrario vamos a afrontarlos y sacar de ellos tanto conocimiento y experiencia como podamos? Si no existiera la oscuridad ¿Cómo la distinguiríamos de la luz para poder apreciarla mejor?



Viernes Santo:

   Pasión


Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18, 1 - 19, 42)
¿A quién buscan?
  • Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: 
  • «¿A quién buscan?».
  • Le respondieron:
  • «A Jesús, el Nazareno».
  • El les dijo:
  • «Soy yo».
  • Judas el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: «Soy yo», ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente: 
  • «¿A quién buscan?». 
  • Le dijeron: 
  • «A Jesús, el Nazareno».
  • Jesús repitió:
  • «Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejan que estos se vayan».
  • Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me confiaste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. Jesús dijo a Simón Pedro: 
  • «Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?»
Se apoderaron de Jesús y lo ataron
  • El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo».
¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?
  • Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: 
  • «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?».
  • El le respondió:
  • «No lo soy».
  • Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió: 
  • «He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho».
  • Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: 
  • «¿Así respondes al Sumo Sacerdote?».
  • Jesús le respondió: 
  • «Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero se he hablado bien, ¿por qué me pegas?
  • Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: 
  • «¿No eres tú también uno de sus discípulos?».
  • El lo negó y dijo:
  • «No lo soy».
  • Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: 
  • «¿Acaso no te vi con él en la huerta?».
  • Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.
Mi realeza no es de este mundo
  • Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó: 
  • «¿Qué acusación traen contra este hombre?».
  • Ellos respondieron:
  • «Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado».
  • Pilato les dijo:
  • «Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen». 
  • Los judíos le dijeron: 
  • «A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie».
  • Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: 
  • «¿Eres tú el rey de los judíos?».
  • Jesús le respondió:
  • «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?».
  • Pilato explicó:
  • «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho».
  • Jesús respondió:
  • «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí».
  • Pilato le dijo: 
  • «¿Entonces tú eres rey». 
  • Jesús respondió: 
  • «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz».
  • Pilato le preguntó: 
  • «¿Qué es la verdad?». 
  • Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: 
  • «Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?».
  • Ellos comenzaron a gritar, diciendo: 
  • «¡A él no, a Barrabás!». 
  • Barrabás era un bandido.
¡Salud, rey de los judíos!
  • Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, y acercándose, le decían: 
  • «¡Salud, rey de los judíos!»
  • Y lo abofeteaban. Pilato volvió a salir y les dijo: 
  • «Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena».
  • Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: 
  • «¡Aquí tienen al hombre!».
  • Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron:
  • «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». 
  • Pilato les dijo: 
  • «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo».
  • Los judíos respondieron: 
  • «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios».
  • Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: 
  • «¿De dónde eres tú?».
  • Pero Jesús no lo respondió nada. Pilato le dijo: 
  • «¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?».
  • Jesús le respondió: 
  • «Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave».
¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!
  • Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: 
  • «Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César». 
  • Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado «el Empedrado», en hebreo, «Gábata». Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: 
  • «Aquí tienen a su rey».
  • Ellos vociferaban:
  • «¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!». 
  • Pilato les dijo: 
  • «¿Voy a crucificar a su rey?». 
  • Los sumos sacerdotes respondieron: 
  • «No tenemos otro rey que el César».
  • Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucifiquen, y ellos se lo llevaron.
   Ahí le tienen, de camino donde Caifás, de ahí a donde Pilatos, de Pilatos a Herodes y de este a Pilatos de nuevo… ¡Pero si no es culpable y lo sabéis! ¿Por qué continuáis? Ya… que queréis cargároslo a toda costa… Veo el trato que se nos da a los cristianos en muchos medios de comunicación (Redes sociales, algunos periódicos, ciertos canales de televisión), queriendo cargarnos a todos los individuos mil y un mochuelos que puedan hacer uno o dos, y me da la impresión de que la historia se repite. Los cristianos somos un blanco fácil por que se nos enseña a no responder a las provocaciones y a poner la otra mejilla. ¿Y nosotros? ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Callamos como Jesús? ¿Recordamos como él que nuestro reino, aquél donde él nos espera no es de este mundo y que la gente no tendría poder sobre nosotros si nuestro padre desde lo alto no se lo hubiese otorgado?... ¿O como Pedro, cuando las cosas se ponen feas llegamos a negarlo? ¿Somos igual de cobardes y cual avestruz, a la hora de ver el peligro escondemos la cabeza en el agujero de nuestra casa y ponemos la tele para evadirnos y negar la realidad? 2000 años de historia nos contemplan, y a nosotros no nos espera una cruz donde ser colgados, ni los leones del circo; únicamente nos enfrentamos a las palabras de los demás.
           


                                                            Vía Crucis


     ¡Salvajes! Todo mi cuerpo es atravesado por esa palabra que se rebulle con rabia en mi interior cuando veo su estado. ¿Era necesario tanto castigo? Bañado en sangre, ¡en su propia sangre!, golpeado, insultado, vilipendiado, cargando con una cruz con la que apenas puede y encima cuesta arriba y a la vista de todos; con el polvo del camino penetrando en las heridas aún abiertas… Y yo sigo mirando. Tengo unas manos grandes de trabajador, unos brazos enormes y una espalda fuerte para la que sería un juego de niños cargar con ese madero. También podría ponerme en medio de todos, tirar la cruz al suelo y liarme a mamporros con los guardias y con todo el que quisiera evitar su huída… Pero no. Como uno más, el miedo a compartir su destino, la comodidad de no complicarme la vida, tal vez el alivio por saber que eso a mí no va a pasarme, hacen que me quede congelado donde estoy. Con todo mi ser lleno de rabia y dolor por lo que veo, pero incapaz de mover un dedo. Miro mis manos nuevamente: el no hacer nada las llena de sangre, de su sangre. Una vez más, mi inacción me hace cómplice de su muerte.

            A día de hoy, mucha gente sufre de injusticia, y recibe tratos iguales o peores; cada vez que esto sucede, Jesús vuelve a recorrer el vía crucis, y nosotros quedándonos quietos, permitimos que suceda una vez más… ¿Hasta cuando?
         
                                                                     Crucifixión

 Lo crucificaron, y con Él a otros dos

  • Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota». Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: 
  • «No escribas: "El rey de los judíos". sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"».
  • Pilato respondió: 
  • «Lo escrito, escrito está».
Se repartieron sus vestiduras
  • Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí: 
  • «No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca.» 
  • Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados.
¡Aquí tienes a tu hijo! ¡Aquí tienes a tu madre!
  • Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: 
  • «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
  • Luego dijo al discípulo: 
  • «Aquí tienes a tu madre». 
  • Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Todo se ha cumplido
  • Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: 
  • «Tengo sed».
  • Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: 
  • «Todo se ha cumplido». 
  • E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.
          “E, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu”.
Ya está. Ya yace muerto y yo no he hecho nada para remediarlo. Ha sufrido un verdadero calvario. En las películas, al final el prota casi siempre acaba salvándose de las más imposibles situaciones, de muertes casi seguras. Deben tener un poder especial ¿no? Un poder … ¿mayor que el de Dios? Venga ya.
Jesús hubiera podido salvarse. Su Padre hubiera hecho lo imposible por sacarle de ese suplicio. ¿Crees que hoy estarías tú aquí, en una comunidad parroquial, leyendo esto y buscando el mejor camino para tu vida, el camino que Él nos enseñó, si hubiera renunciado a su doctrina, si no hubiera llegado hasta el final? Él estaba tan convencido de que su doctrina era verdadera que no le importó poner en riesgo su vida e incluso perderla. ¿Somos nosotros tan valientes? ¿Defendemos nuestros valores y los ponemos en práctica a pesar de las consecuencias que pueden traernos?
“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Antes de entregar el Espíritu Él mismo intercedió por nosotros, ya pidió al Padre que nos perdonara. Gracias a Él tenemos la misericordia eterna de Dios, que perdona hasta setenta veces siete. ¿Tenemos esta experiencia de Perdón, de que podemos acudir a su encuentro siempre para arrepentirnos de lo que no hacemos del todo bien, o del bien que dejamos de hacer a veces?
En este día se recuerda de un modo especial, pero domingo tras domingo en la Eucaristía tenemos la oportunidad de revivir estos momentos de perdón, este mensaje de amor y salvación.




                                                    Sábado Santo

           Ya está. Ha pasado lo que tenía que pasar. Se lo han cargado. Y yo que pensaba que sería capaz de salir indemne, que sacaría a relucir su poder celestial, o que saldría corriendo para no sufrir daños. Pero no, ha muerto de verdad. Incluso un soldado le ha traspasado el costado con su lanza. Así que ya no hay esperanza.
¿Y ahora qué? Qué soledad nos ha quedado. ¿Cómo vamos a salir adelante sin Él? ¿Habrá que abandonarlo todo? ¿Será que el camino que habíamos tomado no es realmente el mejor? ¿No tendrán razón los que le han quitado de en medio?
No puede ser, estoy convencido de que el camino es el correcto, lo sé, algo dentro de mí me lo dice, algo dentro de mí vibraba cuando le escuchaba. Pero, ¿qué hacer si no está Él para enseñarnos, para perdonarnos, para darnos valor?
Cuántas dudas me deja su ausencia. ¿Seré capaz de seguir apostando por eso? ¿Y por qué no? ¿No me había dado cuenta de que ese estilo de vida que me ha enseñado es el que me hace feliz?
Es más, ¿realmente se ha ido, nos ha dejado? ¿No nos dijo que estaría siempre con nosotros?
Confieso que tengo dudas, que no acabo de ver el futuro, que lo que me apetece es encerrarme en casa y no salir, por miedo a que me relacionen con Él. Pero hay algo, hay una pequeña esperanza, que no sé de dónde sale, pero que parece un rayo de luz en el horizonte. Aunque hoy no me ilumina nada…




Domingo de Resurrección.


Lucas 24
1 El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
2 Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,
3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
5 Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

6 No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo:
7 "Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite. "»
8 Y ellas recordaron sus palabras.
9 Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.
10 Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.

11 Pero todas estas palabras les parecían como desatinos y no les creían.
12 Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.

            ¡Sí! ¡Lo sabía! ¡Sabía que esa esperanza, ese rayo de luz, venía de algún lado! Pero si ya nos lo había dicho, ya nos lo había anunciado, ¿por qué no confiamos más en Él?
Ha resucitado, le han visto las mujeres (qué curioso, se ha aparecido a ellas primero). A otros compañeros les salió al encuentro en el camino, ¡y no le reconocieron! Tuvo que ponerse a partir para ellos el pan, y entonces se dieron cuenta. Espero que no me pase a mí lo mismo, espero que también me salga el encuentro en el camino y que sea capaz de reconocerle y de seguirle.
¡Qué alegría! Mis creencias, los principios que se tambaleaban, vuelven a ser fuertes en mí. Incluso más fuertes. ¿Será que ha tenido que morir para que yo me convenza de que ese es el camino? Lo cierto es que Él ha defendido su doctrina hasta las últimas consecuencias. ¿Tendré yo tantas agallas? ¿Seré capaz de vivir contracorriente, de salir de la comodidad, de ver a los demás como hermanos y ponerme a su servicio?

sábado, 28 de enero de 2012

Oración sobre el amor





Oración sobre el amor:

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.

El amor, para que sea auténtico, debe costarnos.

No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz.

La paz comienza con una sonrisa.

Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.
 
Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad.

Alguien que ama no insulta ni maltrata.

No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.

Por una mirada, un mundo; 
por una sonrisa, un cielo; 
por un beso... yo no sé 
qué te diera por un beso
.


 (Cantamos) Quién nos separará
¿Quién nos separará de Su amor? ¿La tribulación, quizá la espada?
Ni muerte o vida nos separará del amor de Cristo Señor.
¿Quién nos separará de Su bondad? ¿La persecución, quizá el dolor?
Ningún poder nos separará del amor de Cristo Señor.
¿Quién nos separará de Su alegría? ¿Quién podrá apartarnos de Su perdón?
Nadie en el mundo nos separará de la vida en Cristo Señor


Oración para el Amor 

"Padre libro grandes batallas, pero tú estás allí para mí 
Siento tu Amor, tu equilibrio, tu Paz 
Siento la confianza que me inspiras a renacer sin dudar 
Siento el fluido energético que me hace vibrar y entonarme 
a través de la disciplina simple de creer en Tí y no dudar. 
Haz que "Yo" pueda actuar, convencida de mi Fuerza y 
Alegría; porque con estas virtudes Yo emprenderé la ruta que 
tu anhelas para mí. Gracias, Padre."
.Amén